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30 de Abril 2004

Poema de José de Espronceda

oema: Este es un poema que no es mío, como ya puse en el título pertnece a José de Espronceda que vivió desde 1810 hasta 1842. Dice muchas cosas este poema, con muchas estoy de acuerdo, con otras simplemente me da lástima (como la parte en que menciona un anciano). Al fín y al cabo, lo considero un muy buen poema.

Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los alquilones
horrísonos bramar;
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y solo las centellas
la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio..
de muertos bien relleno,
manando sangre y cielo
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me gusta ver la bomba
caer mansa del cielo
inmóvil en el suelo
sin mecha al parecer;
y luego embravecida
que estalle y que se agite
y en rayos mil vomite
la muerte por doquier.

Que el trueno me despierte
con su ronco estampido.
y al mundo adormecido
lo haga estremecer;
rayos a cada instante
danzando en el sin cuento,
y hundirse el firmamento
me agradaría ver.

La llama de un incendio
que corra devorando,
escombros apilando,
deseo yo encender;
tostarse allí un anciano
volverse todo tea,
y oír como vocea...
¡Qué gusto! ¡Que placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
sin pájaros que canten,
y sin sol que la alumbre,
y solo vislumbre
la muerte derredor.

Allá en sombrío monte,
solar desmantelado
me place en sumo agrado
la luna reflejar;
moverse las veletas
un áspero chirrido,
igual al alarido
que anuncia el expirar

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
le haga padecer;
les abran las entrañas
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre a cumbre llega
y llena de pavor,
se lleva los ganados
y las vides, sin pausa,
y estragos miles causa...
¡Que gusto! ¡Que placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar,
y en sus bocas lascivas
un beso cada trago
con voluptuoso halago
gozosos estampar...

...Quisiera ver al uno
que arrastra un intestino
y al otro pedir vino
muriendo en un rincón;
y otros, ya borrachos
en trino desusado
cantar al dios vendado
impúdica canción

Y mientras, las queridas,
tendidas en los lechos
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Que gozo! ¡Que ilusión!

Envinyatar: 30 de Abril 2004 a las 03:08 AM
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