
uento: Este cuento es uno de esos que vienen y se van rápido. Pensás algo, lo ves escrito y lo pasas al papel. Y ahí queda... no siempre quedan muy bien, pero este es uno de esos de lo cuales puedo decir que me gustan.
Querido niño,
Todavía no sé por qué empecé a escribirte esta carta. Supongo que me emocioné demasiado. Seguro que todavía cuando yo te lea esto no puedas ni escuchar; y sin embargo, yo sé que me vas a entender. Lo he pensado y realmente no sé qué escribirte. ¿Qué se le puede escribir a alguien que sabes que no va a poder escuchar ni leer? Y sin embargo sigo poniendo letras en estos suaves papeles.
No pienses que estoy loco. En serio. He estado pensando mucho antes de hacer esto, y me he dado cuenta que sería lo mejor; sobre todo después de mi Error; ya te enterarás de él más tarde. Ahora pensaba escribirte de la vida, para que así puedas saber lo qué es.
Es muy difícil de explicar. Diría yo que es una mezcla de sentimientos, un conjunto de diferentes pensamientos unidos con distintas emociones de tal forma que se logre una armonía tal que todos la disfrutemos. Así la vida es la muerte, como la vida es el vivir. Si pasáramos siempre felices, no viviríamos; vivir contiene tanto al sufrimiento como a la felicidad, tanto a la luz como a la oscuridad. Se podría decir que eso es la vida, la diferencia igualada y comparada. Sin embargo, eso nunca lo definiría bien. Eso también podría definir al universo y no sólo a la vida. La vida es mucho más. Tantos sentimientos, tantas creencias, tan pocas certidumbres. Por esas razones en la vida probamos e intentamos. Hacemos algo y lo logramos; no hacemos algo (o hacemos algo mal) y cometemos un error... a veces hasta cuando hacemos las cosas bien, los errores nos persiguen.
No fue nada tan malo mi Error: aquella noche de perdición, de deseos y de pasión, esa noche en la que se te creó. Ése fue mi Error. Mi Error fue la vida. Fueron mis sentimientos; fue el dejarme llevar y dejar que el Destino tomara mis manos. Así, el Destino jugó con nuestras vidas, como siempre hace; tan sádico es él, que nos pone obstáculos para ver nuestras soluciones, para ver nuestras cavilaciones, para ver nuestro sufrimiento.
Espero que sepas perdonar, porque estoy seguro eso ya está en tu ser. Sabrás que lo que hice nunca fue una maldad, que nunca quise errar.
Olvidando ese tema, y aprovechando que estaba hablando de la vida, te he ahora de describir el lugar en el que vivimos. Un prado verde, tan hermoso; iluminada por el Sol (una estrella a nuestros ojos tan grande). Tan lleno de árboles y de vida; por las mañanas cuando los pájaros cantan, me levanto y veo tanta belleza. Sin embargo, el pasto está cubierto por ciertas cosas grises, gigantes. Ahí es dónde vivimos, en una de esas cosas. Además, los árboles están separados por más materia gris. Por ahí es por dónde caminamos. El Sol muchas veces está tapado por nubes y no lo podemos ver, ni él puede ver los prados. Y los cantos de los pájaros no demoran mucho, ya que son rápidamente opacados por el ruido que crean ciertos aparatos, que por alguna extraña razón, no son grises.
Además, por estos lugares, se derrama tanta sangre. La gente se muere y las personas al preocuparse no encuentran un por qué. Parece ser que hay mucha sangre derramada por otros, y hay otra sangre que es culpa de Dios; parece ser que mucha de la sangre es obra de animales salvajes (que dicen están muy separados de nosotros), otra es sangre creada por nuestros propios hermanos.
Veo que no te he hablado de Dios, pero seguro vas a tener tú mucha más idea que yo de eso cuando yo te lea esta carta. Espero que hayas disfrutado mucho todo esto; así has podido sentir algo de la vida. Eso me dejaría más contento.
Tu madre está apurada. Me parece que te voy a leer esta carta ahora así que me tengo que apurar, antes de que te matemos.
Hasta luego, hijo mío.
escribe algo productivo