Llegó el verano y el calor aprieta, por eso estoy aquí en la playa. Acabo de salir del agua que era más bien verde. Los profes siempre decían que el mar era azul, pero se equivocaban, es verde, por lo menos es así el agua de esta playa. Estoy estirado en la toalla, la toalla es pequeña y sobresalgo por todas partes. Algo se mueve dentro de mi bañador, lo busco y no lo encuentro, pero sigo sintiéndolo, encuentro algo pero no es eso...¡lo encontré!,¡ es un caballito de mar!. Lo lanzo hacía el mar con tan mala suerte de quedarse a las puertas del paraíso verde, un niño con flotador incluido acaba de segar su corta pero intensa vida.
Me mareo, el sol me molesta mucho. Cambio de posición, como los pollos a l´ast, decido ponerme de espaldas. Acabo durmiéndome, pero que raro, sigo pensando y divagando.....
Acabo de despertarme, una señora me acaba de salpicar arena en toda la cabeza, ella se ríe y saluda con la mano, no me hace ni puta gracia. Su marido viene detrás de ella cargado con la sombrilla, la radio, las toallas, el bolso de la señora, una mesa de billar...lo indispensable para ir a la playa. Al despertarme de aquella manera me muevo bruscamente y me cambio de posición, aguanto el quejido que quiero dar al darme cuenta de que me he quemado la espalda. Las chicas que tengo enfrente me observan, no puedo montar el espectáculo. Después de dar mil y una vueltas encuentro la posición que me agrada, de lado, con está nueva postura lo veo todo muy negro, veo la muerte, y más allá una señora pegando al niño por haber tirado el polo al suelo. La muerte no es más que una jeringuilla semienterrada en la arena. Decido recogerla con el papel que me ha sobrado de el bocadillo y dejarla a un lado para luego tirarla a la basura. Cansado ya de ver a la pesada de la señora pegarle collejas a sus hijos por cualquier cosa, y sintiéndome acosado y observado por las chicas de enfrente, me giro a el otro lado y veo una curiosa escena. Un grupo de jóvenes están como dios les trajo al mundo y un policía les está invitando a que visiten su comisaría, la policía siempre tan hospitalaria...las chicas de enfrente han dejado de observarme, yo también a ellas ahora veo a dos de las chicas nudistas, ellas a los dos chicos nudistas. El compañero del policía acaba de llegar y al igual que su compañero insiste a que visiten su comisaría. Los policías deciden llevárselos por la fuerza, los dos se abalanzan a por las chicas, los chicos dicen que no las toquen, las chicas dicen que quienes son ellos para decir que no las toque nadie, que ellas son libres y no tienen ataduras. Uno de los policías se toma a rajatabla las palabras de las chicas y se abalanza a ella, ella le arrea un guantazo que me ha dolido hasta a mi nada más verlo y sentirlo. Las chicas de enfrente cuchichean sobre los miembros de los chicos, una de ellas dice que uno la tiene torcida hacía la derecha, la otra le responde que es normal habiendo mayoría absoluta.
Al final traen refuerzos y consiguen reducir a los nudistas, los dos primeros policías se encargaron de reducir a las chicas, habían llegado primero, empiezan a llevárselos arrastras por la playa. Yo harto ya de tanto sol decido recoger los trastos y irme de este horno, me echo la toalla al hombro, cojo las bambas con una mano, y la jeringuilla envuelta en el papel en la otra. Uno de los policías me para, dice que qué hago yo con esa jeringuilla, yo le digo que me la había encontrado en la arena que no era mía, que solo la iba a tirar a la basura. El policía siendo tan hospitalario con todo el mundo decide invitarme a mi también a ver su comisaría, yo le digo que no, que he quedado a las 7 y no tengo tiempo para visitas sin previo aviso, él me dice que será algo rutinario. Cuando ya daba por perdida todas mis coartadas se acerca una de las chicas de enfrente y le asegura al policía que la jeringuilla no es mía, que ella vio con sus amigas lo que hice con la jeringuilla . El agente se quedó pensativo por un momento rascándose la barbilla hasta que cambió de parecer y me dejó ir, eso si recordándome que las drogas son malas y que tal y que cual...
Las demás chicas recogieron sus cosas y se acercaron a nosotros . Sólo se me ocurrió invitarlas a unos helados para agradecerles su ayuda, aunque bueno, una de ellas querrá dos porque no ha dejado de sonarle las tripas en toda la tarde. Nos dirigimos al kiosko, mientras marchamos para allá vi a lo lejos a la dichosa señora pegando al niño por echarle arena a un señor.
Este post es una prueba para una serie de configuraciones que no vienen a cuento. El texto tiene más tiempo que mi propia vida bloguera. Manda trillos..Por cierto, la perra que adopté, Jara, es clavaíca a la de la afoto. La chica que está al lado del perro ya la podía haber adoptado ya.. ;)