Edward Alexander Crowley (1.875-1.947)

Aleister Crowley nacio el 12 de Octubre de 1875 en Leamington Spa, Warwickshire, Inglaterra, en el seno de una familia de integristas protestantes.
Su padre era un acaudalado cervecero que nació de nuevo al aceptar a Jesucristo y se unió a la estricta denominación de los Hermanos Elegidos de Plymouth. Como resultado de su conversión, el padre de Crowley vendió su malvada cervecería y usó los recursos para apoyar su ministerio. La madre de Crowley también fue una cristiana muy estricta y devota, pero desafortunadamente lo que tenía en fe le faltaba en capacidad maternal, Emilie, su madre, nunca le abraza, ni le besa, ni le cuenta cuentos, ni le deja leer ningún libro, excepto la Biblia.
El padre de Crowley viajaba por los campos predicando en las calles, y la madre de Crowley se quedó atrás para criar al pequeño Edward, quien se volvió en una terrible pesadilla como hijo de predicador
Evidentemente era un niño muy inteligente y precoz, lleno de necesidades, como muchos niños. Una vez durante un berrinche, su madre le dijo al niño, quien apenas tenia seis años, que era tan malvado que seguramente era la "gran bestia" del libro de Apocalipsis.
Desafortunadamente, el pequeño Crowley aceptó el insulto y lo llevaba como una medalla al mérito. Se rebeló violentamente contra cualquier clase de religión, y luego ya de adulto, bautizó a una rana con el nombre de "Jesucristo" y procedió a crucificar a la desafortunada criatura cabeza abajo.
Sus familiares, lo educaron con excesiva rigidez y el pequeño Aleister respondió con fugas del hogar paterno, la arriesgada práctica del alpinismo y la devoción por el ocultismo y la magia. La futura Gran Bestia ciertamente se reveló desde muy temprana edad contra el dogmatismo religioso de familiares y tutores.
A los ocho años Aleister Crowley cogió un gato, le administró arsénico y, para que no opusiera resistencia, le suministró cloroformo. Así pudo gasearle en el horno, después quemarle y, tras otras torturas, le despellejó vivo. Su madre le había dicho que los gatos tenían nueve vidas y decidió comprobarlo constatando, una vez más, que sus enseñanzas eran falsas. El torturador del gato no era un sádico desalmado, sino un crío inquisitivo.
Su madre le llamaba «La Bestia» y «666» porque su hijo le recordaba las dos bestias del Apocalipsis, cuyo texto dice: «Vi como salía del mar una bestia, que tenía diez cuernos y siete cabezas... Abrió su boca en blasfemias contra Dios... Fuéle otorgado hacer la guerra a los santos y vencerlos... El que tenga inteligencia calcule el número de la bestia porque es número de hombre. Su número es seiscientos sesenta y seis».
El niño no se amilanaba ante la comparación y la llamaba «estúpida santurrona». Cuando su madre murió, ya adulto, añadió «¡que el diablo tenga su alma!». Crowley no sentía más simpatía por su padre, llegando a sustituir su nombre, Edward Alexander, por el de Aleister.
Su padre, el hombre cuya boca nunca había blasfemado o dicho una injuria, que había abandonado su imperio económico para dedicarse a la religión, muere de cáncer de lengua, cuando Aleister tiene doce años. Su tío materno se encargará de que su educación sea aún más rígida a partir de entonces.
El Crowley adolescente, con una inteligencia superior a la normal y en un ambiente represivo, se salta continuamente las reglas. Desde leer a escondidas, a perder la virginidad a los catorce años con una de las criadas, pero ¡en la cama de mamá! que tiene más mérito transgresor.
El joven Aleister Crowley se interesó definitivamente por la magia y el ocultismo. En primer lugar se afilió a la Iglesia Celta, cuando contaba 19 años entró en contacto con la Golden Dawn (Orden Hermética del Amanecer de Oro) , donde fue iniciado en esoterismo y ocultismo, viajando a Escocia y Londres para obtener un grado de importancia en la sociedad. Estudió la Cábala y practico la magia y el yoga. A partir de finales de 1900, el fracaso de la Golden Dawn condujo a Crowley a viajar por México, donde aprendió los secretos de la magia sexual con J. Medina; Estados Unidos, lugar que recorrió en unos cuantos meses; y Ceilán, sitio exótico en el que se reencontró con su viejo amigo Allan Bennet (ex miembro de la Golden Dawn), quien le adentró en la vía tántrica de la mano izquierda, una tradición tántrica que utiliza a la mujer y el sexo. De hecho, dicha tradición utiliza el sexo para elevar la conciencia del adepto y conducirle al samadhi.
En 1904 escribió un libro titulado "El libro de la ley" que se convirtió en piedra angular de sus posteriores enseñanzas. En él incluía Crowley su doctrina con base en la magia sexual que nacía del tantra, destinada a obtener los impulsos necesarios para alcanzar el conocimiento superior. Este libro era, según él, una revelación debida a un espíritu llamado Aiwass que se le había aparecido en el Cairo.
Durante la década de los años veinte fundó en Italia la Orden de Thelema, sociedad de corte satanista por lo que fue expulsado del país. Escribió varias obras más, "El diario de un amigo drogado" y "Confesiones", por las que fue atacado por la prensa británica que lo tachó de drogadicto, alcohólico y bisexual. Adoptado como "padre espiritual" por numerosos artistas, incluso hoy hay gran número de estrellas de la música moderna que tienen sus obra en la cabecera de su cama. Siempre se ha señalado diferentes canciones de los Beatles como dedicadas a él, como las de Daryl Hall, Ozzy Osbourne...
El sexo llegó a ser para Crowley otra forma de mofarse de la autoridad, y si lo podía combinar con un acto de desafío, el placer era diez veces mayor. La clave para comprender a Crowley es la misma que para comprender al marqués de Sade. Ambos desperdiciaron una inmensa cantidad de energía gritando desafiantes a la autoridad contra la que tenían un enorme resentimiento, y ambos carecían de la penetración necesaria para ver que estaban amenazando con sus puños a una abstracción.
Ciertamente el sexo es la clave principal de su mentalidad; pero también lo es el hecho de que era un victoriano tardío. A los victorianos el sexo les producía tal azoramiento que cubrían las patas de las mesas, e inventaron una especie de camisa de fuerza para los bebés de modo que no pudieran tocarse los genitales en la cama. De modo que para Crowley el sexo fue siempre algo deliciosamente "sucio" y malvado.
Los últimos años de su vida, Crowley los pasó prácticamente en solitario, recibiendo a sus pocos fieles en las posadas que habitaba en Londres y alrededores.
El 1 de diciembre de 1947, alejado del mundanal ruido y prácticamente abandonado, murió Aleister Crowley. El 5 de diciembre su cuerpo fue incinerado en Brighton, delante de algunos de sus discípulos más fieles que leyeron su Himno a Pan, una soberbia poesía dedicada al dios pagano, tan caro al corazón de Aleister Crowley
No hubo persona a la que no destrozara, juramento que no incumpliera, vicio que no probara. Su primera mujer era hermana de uno de sus amigos, una joven viuda harta del acoso de sus pretendientes, a la que Crowley ofreció «matrimonio sin consumación» para que se librase de ellos. Se casaron y, a las pocas horas, Crowley incumplía su compromiso. Ella se hizo alcohólica y murió en uno de sus delirium tremens. Antes de divorciarse, Crowley casi mata a su suegra al tirarla por la escalera cuando la echaba a patadas de su casa.
Su segunda esposa también acabó alcoholizada. Él mismo era un drogadicto que consumía heroína, cocaína, opio, hachís, marihuana, peyote y mescal, entre otras drogas.
Era bisexual y le gustaba colgar a sus amantes boca abajo en el guardarropa y marcarles con sus dos caninos que, según dicen, se afiló con este propósito. Algunos de sus discípulos sufrieron alteraciones nerviosas, como Lord Tankerville o Victor Neuburg al que Crowley maldijo. Victor decía que esa era la razón de sus múltiples enfermedades.
Otros tuvieron menos suerte y perdieron la vida como Raoul Loveday, de quien se dijo que había sido envenenado por «La Bestia». También murió Alexis Pache, un alpinista suizo, cuando se encontraba a solas con Crowley en una escalada. Otro, Norman Mudd, se suicidó. Pero no sólo sus discípulos; también uno de sus maestros, Liddell MacGregor Mathers, murió convencido de que le aniquilaban las poderosas emanaciones mágicas procedentes de Crowley.
Los periódicos de la época le llamaron, entre otras lindezas: «el hombre más perverso del mundo», «el rey de la depravación», «el hombre al que nos gustaría ahorcar», «el caníbal», «la bestia humana», y el peor insulto para un inglés de su época, «germanófilo».
Ni siquiera con su muerte cesaron los ataques furibundos, incluso del máximo representante de la justicia británica, el Ministro de Su Graciosa Majestad, quien declaró: «Aleister Crowley es el personaje más inmundo y más perverso del Reino Unido».
Esta es la leyenda que le acompañó toda su vida, azuzada por la prensa durante más de treinta años. No hay perversidad, ni crimen, ni acción maligna de la que no fuese acusado. Pero en el año 2004 no estamos en la Inglaterra victoriana y el mundo es hoy mucho más tolerante y libre que lo que era a principios del siglo XX.