
Ella le mira, él puede sentir sus ojos aunque esté de espalda, se da la vuelta,.... la mira.
Le ordena tomar asiento en una silla de madera que ha colocado a los pies de la cama.
Ella se sienta en la silla, su pubis depilado siente la madera y la correa de su collar resbala bajo sus hombros.
Sus muslos son ligeramente separados, está nerviosa pero se esfuerza por disimularlo.
Siente como la mano de él acaricia su pelo y su respiración caliente al lado de su oido susurrandole “buena perrita”, al mismo tiempo que aprieta el collar alrededor de su cuello.
Ella adora su voz, la calma cuando está en tensión y puede hacer cualquier cosa que él le diga sólo oyendo su voz.
La besa.
Saca algo de su bolsa, se lo muestra y se lo deja examinar, explicándole que es un látigo nuevo que van a probar.
Mmmmm interesante.
El deja resbalar sus manos de arriba hacia abajo recorriendole todo el cuerpo y bajando por sus piernas, frotando ligeramente los tobillos antes de atarselos a las patas de la silla.
Ella siente el intenso olor a cuero y su pubis empieza a mojar la silla anticipandose a lo que puede suceder.
No ofrece ninguna resistencia mientras él ata sus brazos firmemente a la parte posterior de la silla.
Se detiene brevemente y sus manos recorren los muslos de ella, notando como su respiración empieza a agitarse y para ponerla más al límite acaricia su pubis suavemente.
Le dice que abra su boca para ponerle la mordaza, cada correa es apretada y asegurada alrededor de su cabeza.
Ella se mueve inquieta pero su voz la calma, explicándole que nunca le haría daño.
El le pregunta si está preparada para empezar y ella cabecea asintiendo.
Desliza un pañuelo vendando sus ojos y ella tiembla levemente sintiendo que el pañuelo está demasiado apretado.
“shhhhhhhh aguanta un poquito”, le susurra él pasando sus labios sobre su cuello.
Ata la correa del collar a la cama y le aconseja que no se mueva, ella respira pesadamente, está segura en sus manos, no tiene temor pero si desconcierto.
El silencio..., pasa un minuto, dos, tres,..... no lo sabe, es una sensación de desamparo total no puede hablar, no puede ver, sólo escucha y escudriña en el silencio para descubrir que va a pasar a continuación.
No ha oido nada y sin embargo siente unas manos sobre sus pechos, a lo que reacciona dando un saltito que hace mover la silla, y nota el mordisco de las pinzas sobre sus pezones, un “chas” de dolor que va directo a su cerebro.
La boca de él mordisquea sus labios ahogando los gemidos.
Besa su cuello mientras le coloca unos pequeños pesos en las pinzas, ella vuelve a gemir intensamente.
El le susurra al oido “buena perrita” mientras arrrastra un dedo entre sus muslos, frotando suavemente su clitoris.
Le oye deslizarse por detrás no sabe que está pasando, está concentrada en neutralizar el dolor que le producen las pinzas, cuando un olor a cera llega a su nariz y sin mediar un segundo la gota que cae sobre su hombro izquierdo y otro saltito en la silla.
Las gotas se reparten por los pechos, por los muslos dejando un rastro que comienza a quemar y picar “chick chick chick” las gotas deslizandose por su piel.
La respiración se entrecorta con grititos, sus pezones luchan por desacerse de las pinzas y la voz de él que le susurra acariciando sus oidos “ mmmmmmmmm eres una zorrita increible, mira como estás poniendo la silla” mientras desliza las manos por sus muslos y esparce sus jugos sobre ellos.
La cera cae a través de sus muslos y ella gime profundamente, siente que un orgasmo está a punto de producirse pero no puede hacer nada por evitarlo y se deja llevar.
El se da cuenta de la situación y le dice que no le ha dado permiso mientras azota la parte interna de sus muslos.
“¿lo has comprendido, perra? no lo hagas mientras no te lo permita", ella cabecea asintiendo.
Había tenido el orgasmo tan cerca y el no haberlo podido finalizar la deja perdida.
El aplica su lengua a lo largo de los verdugones que han florecido sobre su piel, es una sensación calmante, que la reconforta.
El le lame la cara de la barbilla a la frente con moviemientos largos y mordisquea sus orejas.
El silencio otra vez.
Ella cree que se ha alejado, no puede oirle ni sentir su tacto, sólo un olor a gardenias llena su nariz.
Cuando nota un calor intenso al lado de su mejilla izquierda, la vela está tan cerca de su cara que puede sentir el calor que irradia.
La toma del pelo y hace que su cabeza se incline hacia atrás dejando de esa manera sus pechos expuestos, ella siente las gotas de la cera fluir bajo su pecho derecho, los gemidos suben en intensidad y su pubis tan desamparado se aprieta contra la silla empapandola con la humedad.
La cera caliente baja en rastros por sus pechos repetidas veces, sobre sus pezones que están extremadamente sensibles, está tan caliente.....
Las sensaciones son varias, dolor.... placer.... placer.... dolor.
Y ella flotando, dejandose envolver por su voz.
"Ella adora su voz, la calma cuando está en tensión y puede hacer cualquier cosa que él le diga sólo oyendo su voz"... su voz, sé lo que quieres decir Lua, su voz hacía que perdiera la noción del tiempo y todo lo que me pedía entre susurros, a todo accedía sin contemplaciones.
Con su voz, dejandome envolver por su voz, conocí la cera en mi piel.
Genial el relato...
Naia, su voz mmmmmmmmm es indescriptible :D
Dark kisses
Escrito por luaDark en Diciembre 18, 2004 12:16 AMProbando, Probando... uno, dos, un....
:)))
:O
Escrito por mOe:) en Diciembre 18, 2004 09:10 PMLas 2 de la mañana y con ese sonido de campana y de fondo tu relato siempre tan tan, sugerente un beso
Escrito por lavecinita en Diciembre 19, 2004 03:12 AMahora no se si podré sentarme de nuevo sin pensar en esta historia.. sobre todo en una cena íntima con velas.
Escrito por lobo en Diciembre 26, 2004 01:29 PM