
El tomó unas servilletas y le ayudó a limpiar las hojas de la novela lo mejor que pudo, mientras no dejaba de disculparse por su torpeza.
Parecía un chico agradable, llevaba unos pantalones flojos y una camisa y a primera vista parecía no tener más de treinta años.
-Lo siento de veras (volvió a repetir) mi nombre es Rubén, el suyo es?
-Lucía (contestó ella distraida, mientras seguía limpiando el desaguisado)
Rubén se ofreció a invitarla a algo por las molestias ocasionadas, Lucía intentó convencerlo de que no era necesario, pero él no aceptaba un “no” por respuesta y ella no tuvo excusa y aceptó la invitación.
El la alentó a que se levantara y le acompañara para la invitación y ella se quedó perpleja explicándole que creía que dicha invitación tendría lugar en aquel local; Rubén le respondió que la invitación era para comer sushi en un restaurante muy especial.
Lucía intentó poner mil excusas, pero de poco le sirvieron ante la insistencia de Rubén y casi sin darse cuenta, estaba subida en su coche.
De repente se dio cuenta de que era un coche muy grande, no se había fijado en el modelo antes de subir y desde dentro no era capaz de adivinar de cual se trataba, los asientos eran de cuero y se hundió en ellos, se sentía como si la abrazaran y paralizaran sin poder dar marcha atrás.
La comida fue muy divertida, ella no había probado nunca el sushi y le resultó toda una experiencia, hablaron animadamente y se rieron muchísimo.
Después de comer volvieron al coche de Rubén y él le preguntó a donde la llevaba, ella no sabía que decir, no le apetecía volver tan pronto a su casa, pero no se le ocurrió ningún otro lugar, así que le fue indicando el camino hasta que llegaron a su barrio.
El paró el coche y permaneció allí, sentado, mirándola, mientras ella esperaba una despedida, un “hasta otra” o un “adiós” pero algo.....; Rubén seguía en silencio y Lucía descendió del coche y se acercó a su ventanilla abierta. El sonrió, era la sonrisa más dulce que había visto desde hacía tiempo y le dijo que mañana regresaría a la misma hora a aquel mismo sitio para recogerla y dar una vuelta por la ciudad, ella sin saber ni cómo ni por qué aceptó; cuando ya se estaba dirigiendo a su portal oyó como la llamaba, ella giró la cabeza y él le dijo “aféitate” y sin tiempo a que ella contestara, arrancó el coche.
Lucía desconocía lo que quería decir con aquella palabra y cuando subía las escaleras de su piso observaba sus piernas por si no estaban bien depiladas pero no asomaba ni un solo vello en ellas, sonrió y no le dio más importancia al asunto.
Al día siguiente en la ducha volvió a recordar aquella palabra “aféitate”, sin darse cuenta estaba repasando sus piernas y axilas cuando se fijó en la mata de pelo que tenía en su pubis, tomó un poco de espuma y la cuchilla y sin pensarlo dos veces se rasuró por completo.
De repente se miró al espejo del baño con su pubis afeitado y se sintió ridícula, era la primera vez que rasuraba esa parte de su cuerpo, pero al mismo tiempo le gustó lo que vio; ni siquiera sabía si él se refería a que hiciera eso, seguro que no, pero ahora se encontraba mucho mejor y sonrió pícaramente.
Rubén llegó a la hora acordada, Lucía estaba en la ventana de su casa espiando su llegada y se dispuso a bajar a la calle; llevaba una falda corta blanca, una camiseta negra y sandalias de tacón.
Le dijo “hola” y subió al coche, él le volvió a sonreír dulcemente, como el día anterior; durante el trayecto casi no hablaron y ella comenzó a ponerse un poco tensa por aquel silencio.
Llegaron a un barrio elegante,el coche se paró y Rubén se bajó, se acercó hacia la puerta de Lucía, la abrió y le indicó que bajara del coche.
Ella tomó aire y bajó del coche, cerró la puerta y le siguió sin decir nada hacia un portal de viviendas, sin saber porque lo hacía, pero tampoco tenía motivos para no hacerlo.
Llegaron a la puerta de un apartamento, Rubén la abrió y le dijo “pasa, es mi casa”.
El entró y se dejó caer en un sofá muy grande, las paredes estaban repletas de pinturas y las estanterías llenas de pequeñas figuras decorativas.
Ella está un poco desconcertada, nunca antes fuera al piso de un chico en su primera cita, pero siente que él tiene algo que lo hace diferente e intenta relajarse poco a poco.
Rubén la mira y le señala para que se siente en el sofá, Lucía se hace la distraída y parece interesarse mucho en las pinturas. El frunce el ceño y su cabeza le vuelve a señalar el sofá, ella se acerca y se sienta con una sonrisa divertida en sus labios.
Rubén se levanta y se queda parado frente a ella, observándola, Lucía no puede pronunciar palabra pero sus ojos lo interrogan, él le dice que levante su falda para saber si cumplió su orden.
Ella se queda perpleja intentando procesar lo que acaba de oír y sin darle tiempo a reaccionar, él desliza una mano por debajo de la falda y con un movimiento rápido le aparta la ropa interior y le palpa el rasurado pubis.
Lucía se siente tan violenta que su garganta no emite ni un solo sonido, Rubén le sonríe y le dice que está muy contento por su obediencia; sus dedos se introducen dentro de ella, los saca llenos de jugos y se los muestra delante de su cara y le dice “la perrita ¿chorrea por mi?”, ella está atónita pero su excitación es tan grande que no hace ademán de moverse de donde está.
El dirige sus manos hacia la ropa interior y ella nota como su braguita comienza a deslizarse por sus muslos y piernas hasta llegar al suelo, por un instante sus pensamientos son de salir huyendo de allí, pero su pubis está mojado como nunca lo había estado antes.
El toma la braguita en sus manos y se la lleva a la nariz, inspirando lentamente y diciendo “es el olor que más me satisface, el de una hembra en celo”.
La toma en sus brazos y la lleva al dormitorio, en estos momentos ella ya no piensa en huir, sino en que ese momento no termine nunca.
Rubén la posa sobre la cama boca abajo y levanta su falda a la altura de sus caderas, dejando sus nalgas al aire, Lucía siente un tacto suave y ligero sobre ellas.
El palpa las nalgas muy despacio, se entretiene en cada centímetro de piel y comienza a darle pequeños pellizcos, lejos de hacerle daño, esa situación la excita más y más, de repente él comienza a azotar sus nalgas suavemente y subiendo poco a poco en intensidad, sus nalgas le empiezan a escocer y deja escapar un pequeño grito al que Rubén reacciona metiéndole la braguita en la boca y diciéndole suavemente “no queremos molestar a los vecinos, ¿verdad?”.
Le da la vuelta, le levanta la camiseta y saca sus pechos fuera del sujetador y con manos suaves le recorre los pechos y el pubis rasurado que en estas circunstancias tiene una sensibilidad mayor a las caricias.
Rubén toma de la mesilla de noche una cuerda suave y ata las manos de Lucía a su espalda, ella, en ese estado de excitación simplemente se deja hacer; entonces la agarra por los cabellos y la arrodilla delante de él, saca su miembro y lo deja a la altura de su boca y le dice “ahora putita, voy a follarme tu boca”.
Ella está como flotando y su boca busca ansiosa su miembro, él guía sus movimientos tomándola por los cabellos, sus testículos tropiezan contra su cara y ella se esfuerza por lamerlos; su pene entra en su boca que está abierta de par en par; él folla su boca sin misericordia y ella en vez de encontrarse incómoda, allí, de rodillas, y atada, se encuentra en la gloria.
Apenas puede respirar mientras él bombea sobre su cara mojada por sus propias babas, él empuja su pene sobre su boca mientras descarga su semen en ella; ella lo traga y todo su cuerpo se estremece de placer.
Después Rubén la coloca de rodillas delante de la cama, con sus pechos apoyados en ella y comienza a lamer sus nalgas, sus muslos, ella cree enloquecer de placer y se mueve buscándolo, mete dos dedos dentro de ella y los mueve hábilmente logrando que ella tenga un orgasmo tras otro.
A continuación la acuesta sobre la cama y ata sus muñecas a la cabecera, y se entretiene en pellizcar sus pezones primero suavemente, para acabar haciéndolo con fuerza, clavando sus uñas en ellos, en ese instante ella está fuera de si y pide más y más.
Saca su pene y lo introduce en el pubis pero no lo mueve, simplemente lo deja allí y ella nota como su pubis lo acoge y acomoda, lo retira y lo acerca a su cara diciéndole “límpialo” ella lame sus propios jugos y se excita cada vez más.
El se monta a orcajadas sobre la cara de ella quedando sus testículos a la altura de su boca ella lame con pasión, él se mueve hacia delante y el agujero de su ano queda a la altura de su lengua, ella lo lame frenéticamente, nunca había hecho algo así, pero hará cualquier cosa para él.
El separa sus nalgas para que ella tenga más espacio lamiendo, se gira y juguetea con el clitoris de ella que ya va por su orgasmo número cinco.
Lleva su pene a la entrada del hinchado pubis y lo frota allí para mojarlo muy bien y se dirige a la entrada del ano de ella, lo frota un poco y comienza a meterlo lentamente, ella nunca pensó que la sensación de ser sodomizada pudiera ser tan agradable, aunque se siente como si la estuvieran partiendo en dos cuando él empuja y todo su pene entra.
Enseguida empieza a bombear lentamente y con sus manos masturba su clitoris y Lucía sigue alcanzando orgasmos...; cuando Rubén está a punto de explotar, saca su pene y se corre sobre el estómago, los pechos, el pelo de Lucía.
La mira y empieza a mimarla, a besarla, ella siente sus labios en los de ella por primera vez y se siente feliz.
ESTABA UENAZO LA HISTORIA CHEVERE
Escrito por FERNANDO en Agosto 22, 2006 07:14 PM