Vacía…, es justamente tal y como me encuentro…
He llevado la semana como se ha podido. He dejado mi mirada perdida en el horizonte…, y mis palabras sin fuerza a la hora de gritarlas.
He jugado a ser fuerte en mis horas de trabajo. Me he derrumbado a solas en un frío almacén…
He conducido todo el camino cada día…, ausente…, en cada kilómetro ausente…
Y lloro, lloro porque necesito verle… Porque necesito que me mire a los ojos y me diga si es verdad que no hay vuelta de hoja…
No quise creerle en su día precisamente por éste miedo…, porque “ésto” lo pude ver venir de cerca… Nos conocemos demasiado bien…
Porque yo puedo arriesgar y perder…, pero vuelvo a ésa guerra que siento tan mía.
Él se retira en medio del combate…, tiene miedo a salir herido…
Me agarro con fuerza el pecho…, porque me duele…, ésta semana me está doliendo más de lo que quisiera.
Sé que me quiere con fuerza… Sabe que le quiero más que a nadie…
Echo de menos sus manos en mi rostro…, y como no…, ésos abrazos tan especiales para ambos…
Ansiedad…, insomnio…, pastillas para arreglarlo todo y mantener mi cabeza calmada.
Por hoy no puedo más…, solo quiero dormir para no pensar ni sentir.
Porque no consigo entenderte…
Porque no consigo entenderme por más que me esfuerzo…
Porque todas tus palabras aquella noche me vinieron demasiado grandes…
Porque tengo miedo a perderte sin saber a ciencia cierta si ni siquiera te tengo…
Porque sigue dándome pavor el ser feliz…
Porque no sé si tengo derecho a acostumbrarme a ésos abrazos…
Porque sigo sintiéndome una mochila con piedras en tu espalda…
Porque no me quiero y porque te quiero demasiado…
Porque me cuesta aceptar tu cambio…
Porque te conformas con media tarde a la semana…
Porque a mi no me basta…
Porque de pronto somos dos cables pelados…
Porque más tarde ya no…
Porque sientes que haces todo lo que puedes…
Porque estoy segura de que podrías hacer más…
Porque estás acostumbrado “a ésto”…
Porque yo necesito la constancia y sentirte ahí…
Porque hace poco los enfados duraban dos días…, tres…
Porque ahora pasa una semana y nuestro orgullo es más fuerte cada vez.
Porque llega Diciembre…
Porque no me gusta éste frío y los recuerdos…
Porque dices que me quieres y cuando me abrazas juro por dios que te creo…
Pero siento aún “ésa pared”…, ése distanciamiento por días… Ésa falta a la que tú estás acostumbrado…, ésa…, que a mi no me deja avanzar…
Ésta noche eres tú quien se rinde..., y yo la que caigo una vez más.
No sé bien como resumir éstos ocho meses de mi vida… La verdad es que han pasado muchas cosas, y mi cabeza ha llegado a estar al límite éste verano…
Terminé diciendo que tiraba la toalla, que renunciaba a todo intento… Y lo hice…, pero lo hice decenas de veces. Nunca llegué a alejarme de su vida, porque en cierto modo…, mi esperanza seguía viva.
Estuve tan al límite con el corazón…, que decidí buscar mi felicidad lejos. Distanciarme a 600 kilómetros y poner tierra de por medio.
Hubo una carta…, no sé bien si una despedida, pero sí una manera clara de expresarle que me perdía…
Hubo silencio durante dos semanas… Una marcha atrás en mis planes de huir. Aquí, en casa…, pero con la esperanza perdida.
Llegué a la indiferencia en ocasiones… Llegué a pensar tan solo en mi, porque pensar en él, aún dolía…
Llegaron mensajes al móvil…, pero había existido mucho silencio…, mucha indiferencia… Ahora yo no podía. Pero fue ganándome su insistencia, y las ganas de saber que quería de mi realmente…
Una proposición en su móvil…; una isla…, una semana…
Noches despierta…, imposible conciliar el sueño. Horas de coche…, mañanas de andar… y ver sitios nuevos… Su risa…, la mía… Un camello enfadado…; mis lágrimas acompañadas de una carcajada al recordarlo… Crema para el sol…; arena pegada a nuestra piel… Un barco…; las ganas de llegar a tierra… Moros…; regateo y risas… Un baño turco…; la bañera hasta arriba y mucha espuma… Su primer detalle ésa semana… Mi cola cao… Los abrazos, las conversaciones, las fotos, las miradas, la compra diaria, las horas de sueño, las horas despiertos, mi insomnio…, su presencia a mi lado cada noche...
Una conversación nocturna…, lágrimas…, mi ilusión de nuevo perdida…
Amistad… Un avión…, y mis ganas de que nunca aterrizase porque me temía la despedida…
Un “nos vemos…”. Lágrimas…, muchas diría yo…
Analizo…, recuerdo…, lloro de nuevo…, y acepto… Levanto mi cabeza…, seguimos caminando. Pierdo la esperanza…, total ésta vez...
De pronto un “te echo de menos…”, un “abrázame por favor…” . Mi mundo se cae de nuevo antes de empezar a girar siquiera…
Escucho… No doy crédito a tantas palabras…, a tanto sentimiento de golpe…, a ése cambio tan radical a mi entender… No creo…, no puedo…
Muchas horas durante siete días juntos…, demasiadas separados a la vuelta. Algo sentimos que nos falta…, pero yo no necesitaba ningún viaje para darme cuenta…, ésa es mi pena.
Hay que tirar para adelante ya…, llevamos casi un año con la misma historia… Por primera vez creo en sus palabras a ciegas durante una noche… Y sé que no tengo motivos para dudar…, porque realmente nunca me los dio, siempre fue sincero. Pero ha sido un año insistiéndome con una maldita frase que no salía de mi cabeza…, ¿cómo creer de pronto que has conseguido todo lo que llevabas buscando durante un año…?, ¿cómo creer que por fin se ha dado cuenta…?, ¿cómo explicarle a mi corazón que no tenga miedo…?...
Hemos decidido avanzar…, intentar que esto salga bien…, dar un paso más…
Estoy incrédula aún…, porque cuando llevas tanto tiempo luchando por algo que quieres con locura…, y pierdes la esperanza con resignación…, te cuesta mucho asimilar que lo has conseguido. Asimilar sus palabras…, su querer…, sus abrazos que me siguen parando el mundo…, y ésas mariposas en mi estómago que ojalá nunca deje de sentir…
Voy a cerrar los ojos y que sea lo que dios quiera…
Mientras…, me asomo a esto con mucho miedo… Me siento como una niña con el temor de ser asustada…
Observo…, camino descalza… y voy abriendo la puerta poco a poco…
