Al final no he dado palo al agua, así que lo dejo por hoy y me voy al gimnasio.
He llamado a la tutoría de los cursos para preguntar una duda estupida (porque el enunciado de la práctica era un poco estupido, todo hay que decirlo), y me ha atendido una telefonista canaria (la fundación que ofertó el curso está en las Canarias), que era todo atención y amabilidad. Sinceramente, se han dejado los cuernos para resolverme todas las dudas, mandandomelas incluso por e-mail para que me fuese más fácil.
Pero ahí no acaba la cosa, al cabo de una o dos horas, me ha llamado de nuevo para responderme una pregunta que le había hecho y que no venía en el mensaje que me habían mandado, enviandomela posteriormente por e-mail. Sinceramente, acostumbrado a la dedicación y amabilidad (o más bien a la falta de ambas) de los funcionarios de madrid, debo decir que me he quedado de plástico. Cuando termine los cursos les enviaré un e-mail agradeciendoles su atención y deseandoles lo mejor. Qué gente más maja, joder.