-¿Y bien?". -pregunté con excesiva timidez. Sus ojos parecieron decirme "esto es lo último que necesitaba en este momento".
-La verdad es que su perfil encaja a la perfección con los requisitos solicitados, y si bien tiene varios handicaps, sus puntos fuertes los compensan sobradamente.
-Lo sé. -afirmé con decisión.
-No es usted precisamente modesto. -dijo con cierta sorpresa.
-La modestia es el escudo de los débiles. -y sonreí como si estuviese bromeando.
-Pero como ya sabe hay otra persona en ese cargo, y si bien lo desempeña de un modo bastante torpe y negligente, le prefiero antes que a usted. De todos modos, gracias por su interés. -finalizó con una mirada compasiva.
Sentí como el corazón se me encogía en el pecho. Intenté gritar que no me podía hacer esto, que era lo que había esperado toda mi vida, que estaba dispuesto a lo que fuese con tal de tener una oportunidad. Finalmente ahogué mi desesperación en una sonrisa. Terca vida, ¿por qué me niegas lo que te exijo?.