San Fermín

Empieza una semana más, pero no es así para miles de pamplonicas que se van a echar literalmente a las calles para disfrutar de los sanfermines. Una fiesta masificada, desprovista de parte de su primigenio encanto y usada por los pobres defensores de la pureza nacionalista como revancha nocturna en contra del estado patrio. Una pena, la verdad; sobre todo porque al final lo que menos importa es la esencia de la fiesta. Esa misma esencia que hizo que el pobre alcohólico, pero gran escritor que era Hemmingway, se enamorara de la fiesta. Esa misma esencia que hace año tras año que muchos norteamericanos salgan del tópico de la pandereta, la siesta y el traje de torero para disfrutar de la hospitalidad del pueblo navarro. Y es que lo de menos en sanfermines son los toros, porque menuda pena de toros se arrastran de estafeta a telefónica, oigan.

En Voz Alta | Veo leo | 07/07/03 | Tu Voz (0)
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