En el sueño, las granadas eran rojas como el interior de su cuerpo, y las balas eran grises como el otoño que se acercaba a la playa y dejaba, cubierta de hojas amarillas, la esencia de limon que amaba de aquella turista. Ella no le dijo nada, y dejo el corazon sangrando sobre la arena, antes de que volvieran las ballenas.
Escrito por U U a las Septiembre 30, 2004 03:29 AM | TrackBack