Marzo 26, 2003

metro

El mundo está lleno de locos y a veces no me hace falta ver la televisión para darme cuenta. Hay días que desearía haberme quedado en la cama. El metro no sé por qué es el centro de reunión de la mayoría de ellos, y sobretodo en horas poco concurridas, esta conclusión se deriva de que en las horas más concurridas no tengo tiempo ni ganas de pararme a mirar a la gente.

Hace una semana se sentó frente a mí una chica que iba sola, sólo verla ya me pareció rarita, pero es que yo iba con mis músicas y de reojo la vi levantar una mano y bajarla, lo hizo como tres veces. Qué miedo pasé, creí que me estaba haciendo algún tipo de señal porque estaba mirando hacia mí con la mirada perdida. Bajó un par de paradas antes que yo (gracias!) cuando yo ya estaba apunto de echar a correr.
Es verdad, hay horas en las que el metro es especialmente desagradable, creo que he visto casi de todo en el metro gente comiendo, bebiendo, vomitando, fumando, corriendo, gritando, vendiendo, cortándose las uñas (con cortaúñas y a navajazo limpio), chicas pintándose, gente hurgándose la nariz, las orejas, hombres rascándosela.... en una ocasión vi incluso a un chico orinando, claro que era un sábado las cinco de la mañana y no me sorprendió tanto como podría haberlo hecho a otra hora.
En el metro me he encontrado muchas veces a gente, sobretodo camino a la facultad, algunas veces me he escondido de gente y en alguna ocasión me ha parecido divertido cambiar de vagón entre paradas (recurso al que acudo cuando los locos del vagón me incomodan).
Me fascinan especialmente las conductas de la gente cuando va a bajar. Los hay que impacientes se levantan una parada antes, como si el metro no parara el tiempo suficiente para bajar. Los hay que se disputan el puesto para salir primero, esto es característico de las viejecitas que te empujan hasta que te giras y les dices: SÍ, YO TAMBIÉN BAJO!!! de la mejor manera que puedes. Los hay que en marcha, intentan abrir las puertas, como si no hubiera (espero que lo haya) algún sistema de seguridad que lo impidiera, y los hay que le dan golpecitos y patadas a la puerta, como el chico guapo del vagón de hoy. Siempre hay un chico guapo en el vagón, y sino cambio.
En fin, el metro da para mucho.

Posted by andrea at Marzo 26, 2003 04:40 PM
Comments

muchas veces, el problema al salir, es que no te dejan los que quieren entrar...

Posted by: Dario on Abril 1, 2003 05:29 PM
Post a comment

















name="preview" value=" PREVIEW " />