Últimamente soy más consciente de lo vulnerables que somos las personas. No es que antes pensara que era inmortal ni mucho menos, pero no pensaba ni creía que la vida pudiera escapársenos en tan poco tiempo.
La semana pasada A me llamó para contarme que a su padre le habían detectado un tumor en la cabeza, pero luego dijo que no era algo grave y que probablemente con radioterapia se le redujera o disolviera por completo. Esa misma noche mi madre me contó lo de su pólipo en la matriz.
No podía creer que todo eso fuera cierto, pero opté por hacer caso a lo que me decían y pensar que todo iba a salir bien, y que pronto volveríamos todos a la rutina.
En menos de 24 horas la madre de G sufrió un ataque de ansiedad agravado por una taquicardia que las tuvo en urgencias toda la noche. Pero todo quedaba en un susto.
Pues bien, ayer por la mañana en clase G me informó del gravísimo accidente que había causado cinco muertos por el choque frontal de un autocar alsa de la línea madrid-barcelona, justo los que yo cojo para ir a ver a A, y con los que iba a reunirme con él para pasar el puente. Cabe decir que pasé toda la mañana rayándome con qué podría pasarme, con que ahora irían con más cuidado y esas cosas que se piensan cuando hay un accidente mortal con el que te puedas sentir más o menos identificado. La verdad es que yo me atormento continuamente con cosas así, es una de mis especialidades.
Total, que yo venciendo a mis temores estaba más que dispuesta a irme a celebrar mis seis meses con A a madrid.
Por la tarde mientras estaba en clase A me hizo dos perdidas. Mal augurio sin duda. Al llegar a casa le llamé y en casa no estaba. Le llamé al móvil y lo encontré en el hospital, estaba deshecho. Me estuvo contando que los médicos habían decidido ingresar de urgencia a su padre, que por lo visto el tumor era más grande y grave de lo que pensaban en un primer momento, y que podría complicarse con un aneurisma. Yo, que no tengo ni idea de medicina, me quedé reducida a nada ante palabras tan grandes.
¿Cómo podían los médicos decir un día que la cosa era muy sencilla y al siguiente ponerlo tan negro?
Todo esto me recordó tanto al mes anterior a la muerte de mi abuela que la impotencia me pudo y pasé toda la tarde llorando en silencio sin poder pensar en claro. No estaba en mí, notaba caerme las lágrimas pero no lloraba. Es difícil describirlo.
Sin duda me cabreaba no poder ver a A después de tanto tiempo, y las pelas del viaje y todas esas cosas, pero lo peor es sentir que necesiten tu abrazo y no poderlo dar. Porque mis palabras pueden hacerlo desconectar, pensar en otras cosas, pero seguro que me entendía mejor con un brazo, un beso o una caricia. No sé qué hacer. Estoy tan desesperada que incluso me ofrecí para ir a hacerle compañía, a pasar un par de días con él sin importarme tener que estar todo el tiempo en un hospital o conocer a su familia (algo que no me planteaba hacer hasta de aquí mucho tiempo) pero es que no soporto escucharlo de esa forma, desgarrado sin saber qué hacer, decir, pensar o esperar.
Hoy sigue en el hospital, no saben cuando van a operarle, así que tampoco sé nada de cuándo le veré. Incertidumbre.
Tranquila, no te desesperes y confiemos en la Medicina. Animo!
Posted by: Ñoño on Abril 30, 2003 10:03 AM