Con regusto a tabaco y polen en la boca puedo decir que no es tan fácil como parece dejar un hábito que ha convivido conmigo durante muuucho tiempo.
La cosa empezó hará poco más de siete años. En una fiesta de fin de curso alguien trajo unas piedras que por lo visto mezcladas con tabaco te dejaban una sensación de tranquilidad genial. La verdad es que aquélla nuestra primera cita no fue muy gratificante. La próxima sería el siguiente curso, algún viernes o sábado de manos de gente de clase o de gente que conocíamos por las distintas zonas de marcha que concurríamos. Pero no fue hasta otro fin de curso (dos años después del primero) que nuestra relación no se oficializó. Esa fue verdaderamente la primera vez que el polen y yo nos hicimos amigos y sobretodo, la primera vez que pagué por él. Fue máximo, un viaje a ibiza, seis días y cinco noches de relax (más bien de fiestas tecno), pero estuvo muy bien. En los dos años que lo siguieron tampoco compré polen salvo para ocasiones especiales en las que no comprábamos más de “dos talegos” entre cuatro, como aquella vez que fuimos a port aventura o la vez de la excursión a tarragona. Después llegó la facultad, obviamente mis contactos se veían reducidos porque ninguna de mis amigas seguían conmigo, con lo cual polen y yo apenas nos veíamos los fines de semana. Pronto surgió manu, un chico de clase que nos empezó a pasar. Ese año hubo alguna que otra fiesta de iniciación a la nueva gente de la facultad y luego ya cada uno compraba lo que quería. Y llega por fin el segundo verano de la facultad, el verano que decido empezar a trabajar y quedarme sola en casa. Ese verano me ciego con un chico que se llamaba carlos que además de trabajar como segurata se dedicaba oficialmente al trapicheo de todo tipo de substancias. Carlos me encantaba y un poco por estar más cerca de él llegué a comprarle cantidades insanas de polen y lo peor, las consumía. Con carlos mantuve la relación (comercial) un máximo de ocho meses porque como buen camello que se preste de vez en cuando desaparecía, y la última vez que quedamos tenía intención de dejar este negocio que a ojos de su novia no era muy aconsejable. Y otra vez la que se quedaba colgada y con un mono de fliparlo era yo, porque ya me dirás si después de pasar tres meses ahumadísima luego puedes de la noche a la mañana asumir la realidad en crudo. No, claro que no. Así que rápidamente G y yo nos pusimos en manos de su hermana adolescente pero sobradamente preparada, la gran E. Y ahí estábamos G y yo, porque las amigas están para hundirse juntas sí señor, otro verano más solas en casa y rodeadas de humo. Y entonces llega cuando A se pone duro conmigo (y no hablo de sexo) y me dice a la cara lo que piensa de todo esto que en ningún caso era lo que yo pensaba por supuesto. Y entonces yo reacciono, hago todo este bonito inventario de todo lo que he llegado a quemar y decido dar marcha atrás y desintoxicarme. Porque aunque yo sé que nunca hubiera pasado a mayores, y lo sé porque he tenido en algunas ocasiones la oportunidad de hacerlo y no lo he hecho, A opina (y los pesados de las encuestas también) que el 70% de los heroinómanos fueron antes cocainómanos y estos a su vez fueron antes fumetas vulgares y corrientes.
Así que estoy en ese punto en el que sabes lo que está bien y lo que está mal e intentas apañártelas para decantarte hacia el lado correcto, aunque el viento te empuje hacia el otro. Y ahí estoy, aunque creo que esto ya lo he escrito. Y no es tan fácil, esto también lo he dicho, pero lo voy a intentar con todas mis fuerzas.
Noche callada del alma....tocando el cielo bajo una nube de risas....tocando la cuerda de su garganta que lleva al deseo.....unos bailan,otros giran,todos rien..........
bsos
Chloe
Como todo, en exceso es contraproducente, pero uno de vez en cuando en situaciones en las q el cuerpo lo necesite, es lo mejor que hay.... BEXETS!
Posted by: G on Octubre 14, 2003 05:50 PM