El otro día soñé que estaba en una especie de parque temático que yo conocía la perfección porque sabía exactamente por dónde salir corriendo cuando se acercara el enemigo. Pues estaba yo en ese parque y los días pasaban y pasaban pero siempre era lo mismo, como en “atrapado en el tiempo” esa película en que bill murray vive infinitamente el mismo día hasta el hastío y que nunca he terminado de ver porque me desquicia no poder abrir la puerta y escapar, y como él no podía pero yo sí, nunca la he visto entera. En fin, que estaba allí atrapada en el tiempo y en ese puto parque que además ambientaba el far west, y de repente aparecía una persona que no conozco más que por leer su blog, que ni siquiera he visto entero en una misma foto pero que no cabía duda de que era él y yo, más desquiciada que hasta entonces echaba acorrer por la parte de atrás del decorado tejano y huía. En ese punto me desperté angustiadísima no sólo por lo de estar encerrada en una especie de pecera humana sino por soñar con una figura que supe identificar sin problemas pero que en la vida real ni siquiera conozco.
Una vez tuve una visión sobre mis sueños, tengo varios que se repinten regularmente como el de la casa de mis abuelos atestada de tortugas, y yo tratando de encontrar a mi tortuga entre todas esas que al final son diabólicas y me dan miedo o los sueños en que aparece A y se comporta como un cabrón (en mis sueños siempre es un mamón integral) o los sueños en que compro cosas y que luego me putean mucho porque obviamente, ya no las tengo. Cuando era pequeña soñaba también siempre las mismas cosas, uno de mis sueños más típicos era yo en el patio de la azotea del colegio SEK con doña rogelia, estábamos sentadas las dos en la puerta sin decirnos nada y yo me moría de miedo. Otro también frecuente era una compañera de ese mismo colegio, Jessica, a la que de repente le salía de la boca una serpiente verde ácido con dos cabezas.
Sin considerar lo raros que puedan parecerme estos sueños, es curioso como cuando me desvío de ellos me inquieto más, lo que confirma la teoría de que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.