Hacía tanto que no lo pasaba tan bien que se me hizo extraño. Si no fuera por el domingo, que pasó sin pena ni gloria, éste hubiera sido el mejor fin de semana de mi vida con diferencia. Lo que solo hace que evidenciar lo poco que necesito para disfrutar y ser feliz.
El sábado podíamos haber formado parte de alguna escena de lost in translation, sentadas en el sofá de un local de mala muerte de la calle avinyó, sonando desde michael jackson hasta ellos, degustando bizcocho a las finas hierbas del cumpleaños de una tal ana a la que no conocíamos y dejándonos invitar a copas que no compartimos. Hubo un momento que sentí cómo podía reírme con todo el cuerpo, vibraba desde el vientre y toda yo me movía al ritmo de carcajada. Luego paseo por via laietana con sergio, compitiendo a quien tiene una vida sentimental más árida. Por supuesto esta vez ganaba él, y no porque yo no me esfuerce.
Otro momentazo del sábado fue el concierto de el chico; al final fuimos solas G y yo porque el resto cenaban. Estuvo muy bien aunque fue breve y el público no se entregó. No pude corear porque sin gente que tape mis agudos no gozó explayarme y G aún no se sabe las letras. Tocó un tema que no conocía y otro que si bien no está en el cd me sonaba del concierto de apolo. Al final seremos más, estoy segura.
Y que horror el olor de las callejuelas anexas a sidecar, no volveré a atajar por donde diga héctor, que puede que sea el camino más corto pero también el más desagradable.
Lástima de domingo que me devolvió a la realidad a la voz de ya. A ver si el próximo fin de semana lo pasamos tan bien, con concierto del chico incluido, esta vez en la fnac del triangle!!!!