Diciembre 06, 2004

like that

Eso de que el olvido es tan largo es en parte por mi culpa. Todo sería más fácil si no hubiera dejado ninguna pista de su paso por mi vida, pero me da miedo hacerlo.
Podría haber borrado todos sus mensajes del móvil, como hacía siempre, pero si lo hubiera hecho ahora no tendría su último ciber te quiero, y borrarlo me aterra. Podría haber roto las pocas fotos que tengo de él y las aún menos que tengo de los dos, como en las películas de adolescentes norteamericanos, pero si lo hiciera estoy segura de que terminaría olvidando la cara que me acompañó tanto tiempo y no puedo hacerlo. También podría haber lavado su camiseta y regalársela a mi hermano o a algún amigo, o simplemente destriparla para hacer trapos, pero haciéndolo dejaría de tener un pedacito de su intimidad, y caería en el olvido ese olor suyo que tanta fuerza tenía sobre mí.
Que dicho así parece que le he hecho un santuario y que me estampado su foto en un almohadón, pero nada más lejos de la realidad. La verdad es que sus fotos no las he vuelto a mirar desde que me dejó, todo lo suyo fue a parar a una caja que todavía no estoy preparada parta abrir, ni para tirar o quemar. No me atrevo a deshacerme de lo que me recuerda a él por miedo a perderle del todo, porque sé que no volveremos a vernos. Y porque hacerlo sería borrar nuestra historia, poner en blanco dos años de mi vida que dejarían de existir, porque lo que no se nombra no existe.
Y no soy tan valiente.
Creo que en parte tengo suerte de no vivir en la misma ciudad que él, porque así no tengo tentaciones de espiarle y cruzarme con él en algún lugar inesperado. Así no están justificadas las llamadas de amigos, porque los amigos quedan y nosotros no quedaremos. Así no moriré si le veo sonreír por la ciudad, ni lloraré si le sonríe a otra.
Y qué suerte la mía por haber compartido sólo una semana en barcelona, así muy pocos lugares me recuerdan a él, porque dudo que pudiera volver a zaragoza, a toledo, ávila, salamanca o madrid sin sufrirlo. No me veo con fuerzas de pasear por el parque del moro sin sus brazos, ni de reírme de los que salen de aqualung sin su risa, o de volver a pillar un autobús de alsa, o a volver a la plaza mayor de salamanca y cenar frente a la casa de las conchas. Ya lo pasé bastante mal viendo te doy mis ojos, que pasaban un vente por ciento de la película delante del cuadro del entierro del señor de orgaz, que me traía nada más y nada menos que recuerdos de nuestro aniversario. Es lamentable.
Por miedo a recordar me paso los días esquivando trampas. Cuando no son mensajes o fotos en el móvil que he tenido que relegar a una carpeta secreta a prueba de encontronazos, es su bonsái, o su maxi reloj, o la camiseta, o la caja prohibida, o la música que escuchamos juntos, o algo que me dio, que me tocó.... mil cosas. Soy un gran tabú, un enorme símbolo rojo de esos de prohibido pasar!

Y lo peor de todo es que con más frecuencia de la que quisiera me acuerdo de él sin que nada me ayude a ello, lo recuerdo porque sí. Y no es que fuera un adonis en potencia, ni un superdotado en ningún aspecto, pero le añoro. Un par de veces por semana le llamaría de madrugada y le suplicaría otra oportunidad. Le lloraría hasta que le sangrara el tímpano, le adularía como sólo a él le gustaba y le prometería la luna para que se lo replanteara, pero luego no lo hago porque pese a todo esto, sigo pensando que fue poco amable conmigo dejándome como lo hizo y que me tuvo en muy poca consideración. Así que cuando despierto me alegro de mantener mi dignidad intacta.
Es un sentimiento muy contradictorio que me trae loca. Por una parte le echo de menos y le sigo queriendo y no me costaría mucho esfuerzo volver a su lado en cuando me lo pidiera, de hecho no me costaría ni proponérselo yo. Pero por otra parte sigo siendo el mal bicho rencoroso y vengativo de siempre (y doy gracias al los cielos por serlo!) y eso es lo que me salva de arruinar mi orgullo y lo que impone cada día condiciones ocultas a lo nuestro es decir, que yo misma me digo que sin unos requisitos específicos que satisfagan mi reputación no volverían las cosas a su cauce. Una ama pero no es imbécil. Sólo yo sé lo que he pasado, lo que estoy pasando y ni yo misma sé lo que me falta por pasar pero puedo avecinar que muy agradable no será.
Eso sí, volvamos o no, yo voy ganando primero porque el que se portó mal con el otro fue él y segundo porque el que llama para preguntar por el otro es él, yo no puedo hacerlo y me alegro. Claro que si deja de llamar no prometo contenerme. En fin, que trato de consolarme pensando las cosas más estúpidas y absurdas que puedo. Por eso luego sueño con muertos vivientes y no con él, o con él de muerto viviente, claro que eso no puedo confirmarlo.

Posted by andrea at 12:48 PM | Comments (2)