Pienso en oscars y me vienen a la cabeza imágenes cargadas de lujo y glamour, ceremonias de entregas de premios largas, semi-sobrias pero ágiles. Pienso en goyas y lo que evoca mi memoria es además de una pésima organización y retransmisión, la chabacanería y chapucería propia del más rudo de los granjeros del pueblo más recóndito de nuestra geografía (sin ánimo de ofender al señor granjero).
Ilusa de mí creí en lo que decía el señor serrano; de verdad pensé que era el fin de los chistes malos guionizados para presentar a los candidatos y de los dilatados discursos de agradecimiento. Pues no, la cosa empezó mal cuando el benjamín de la saga mar adentro corrió cual ratón enjaulado de un micrófono a otro para lograr dedicarle en premio no sólo a su prima materna sino también a su compañera de pupitre de la egb (aunque los hubo que recurrieron a los micrófonos de corbata de los presentadores...). La cosa se volvió si cabe más tensa cuando la señora serrana, que por lo visto se lo tiene más creído que sara montiel, criticó la política de agilidad de la gala a la que tan contenta me había acogido, y los micrófonos creciente-decrecientes dejaron de hacer gala de sus funciones, una pena.
Y lo que yo misma habría resuelto en no más de hora y media, duró más de tres. Pero lo peor de todo es que durante ese simpático trance tuve que soportar a victoria abril promocionándose como corista, a bibiana fernández montada a caballo, a montserrat caballé cual carmen sevilla, un discurso de goya de honor poco emotivo (¿le habrán dicho que era el último?) y una serie de incesantes planos a ZP, por si alguien no había reparado en su presencia.
En fin, lo más triste sigue siendo la maldita curiosidad que me aboca a soportar semejantes horrores sólo por ver desfilar a las actrices patrias con la esperanza de que algún día centelleen como las norteamericanas, pero no porque el señor realizador censura la”alfombra roja” por lo poco... ¿cinéfila tal vez? Aunque no nos engañemos, es lo que de verdad importa; ver con quién llega cada cuál, quién le viste, lo nervioso que está, contra quién arremete.... allí es donde cada cual debería (a mi juicio) aprovechar para poner a parir a quien quisiera, promover todo tipo de políticas y saludar/agradecer a quien correspondiera su participación en una determinada película, y no dejarlo para luego martirizarnos, porque no olvidemos que ellos luego se van de fiesta a nuestra costa y nosotros sufrimos de falta de sueño a la suya.
Otra cosa que me enerva es el hecho de que pretendan inculcarle al público (entendido aquí como un todo único) la idea de que llenen las salas en que se proyecten cintas españolas, y que no se dejen seducir por las copias ultrabaratas del archiconocido top manta, cuando ellos cantan en francés y presumen de moda no nacional.
Bueno, por lo menos no estaba MAM.
Ayer me puse más nerviosa de lo que he estado nunca, más que el primer día de selectividad. Antes de ir a mi cita me tomé creo que cinco valerianas y aún así sentía el estómago como si me hubieran echado polvos pica pica, y eso que salvo las calmantes estaba vacío porque se había ido vaciando por su cuenta desde que concerté mi cita (y aquí no hace falta precisar).
Todo fue aceptablemente bien, no como yo esperaba, la verdad, porque mi fantasía rebasa siempre lo real y lo posible, pero no estuvo mal.
Le doy dos semanas para la revancha, no creo que mi aparato digestivo aguante este ritmo más tiempo, ni él ni mi lívido, que anda disparada y se me escapa entre los dedos.
Me siento por primera vez desde hace muchísimo tiempo comprendida y libre para decir lo que pienso y pensar lo que digo sin que un enano sabiondo se propase en sus juicios de valor y ose contradecirme, o lo que es peor, acusarme sin fundamento, porque cuando eres un enano sabiondo no tienes fundamentos ni tienes otra cosa que no sea tu enanismo.
Y nada, que amanezco sola, ardiente, enredada entre las sábanas deseando encontrar entre ellas a mi número uno, un número uno que se desmarca de todo lo que se ha cruzado entre mis piernas por lo original, genuino y atractivo. Entre alienada y poseída, puede que haya recuperado mi tan ansiado y desaparecido sentido de la ilusión.
Esta mañana ha sido como esas que salen en los anuncios de evax, de hecho en algunos instantes me he sentido realmente feliz, y eso no me pasa mucho.
Aunque llevo varios días con insomnio, porque la conciencia no perdona, he madrugado y a las nueve y veinte ya estaba duchada y desayunada, a las nueve y media salía por la puerta con mi hermano mientras comentábamos nuestros planes.
He bajado la calle de la casa de mi abuela, que aunque tenga nombre para mí siempre será la calle de su casa, y mientras me daba el aire helado en toda la cara y escuchaba a los piratas me iba poniendo los guantes que me regalaron mis niñas. He tenido que correr para pillar el bus, como en los anuncios de compresas y nada, me he sentado en al fondo a la izquierda. Nunca había cogido el 15, así que he tenido que estar al loro para no irme demasiado de mi destino.
He parado en el mercado de las corts, y he hecho el recorrido que he podido recordar disfrutando de uno de esos cigarrillos que piensas que van a calentarte pero que acaban helándote más las manos si cabe. Total, que he dado una vuelta enorme para llegar al cine, pero he llegado a tiempo.
Ya empiezo a reconocer la cara de algunos de los críticos de cine que acuden normalmente a los pases de prensa, y entre ellos destacaba una de las chicas que conformaba el elenco artístico de la serie “compañeros”, claro que ya no tenía la misma cara de niña buena. Y nada, a disfrutar de entre vivir y soñar que por cierto, me ha encantado. Carmen maura está espléndida y lo hace tan bien que sospecho que los guiones se los escriben pensando en papeles que ya ha interpretado, de manera que es como si vieras una saga de películas tituladas “las aventuras de carmen maura”. Pero adulaciones a parte, la película es preciosa, un poco obvio el final, pero se perdona.
A lo que iba, mis momentos de felicidad los he vivido al salir del cine; para empezar porque no hay mejor hora para ir al cine que de buena mañana, sin pensamientos demasiado negativos que puedan influirme. Aunque he perdido el bus de vuelta e iba con el reloj mirándome desafiante porque debería estar en la facultad, cuando he logrado subir, esta vez creo que al 43, me he sentido dichosa de poder hacer lo que me gusta y lo que quiero, ver películas y pasear por la ciudad. He empezado a especular con la idea de dedicarme a ello en serio, y no en plan clandestino.
Y nada, cuando después de tres cuartos de hora he llegado a clase tenía los dedos tan helados que he sido incapaz de escribir, así que me he concentrado en la profesora, y me ha parecido que debía de tener una vida tan aburrida al lado de su marido, otro profesor (muy chulito por cierto) que he sentido casi lástima, y ahí ha terminado mi euforia.
Y nada, como solo tengo ganas de hablar de la película diré que me ha gustado muchísimo y me ha arrancado alguna sonrisa (ninguna carcajada como al crítico anciano que se ha sentado una fila detrás de la mía) que me hacía falta. Y aunque sale marta etura que no es de mis favoritas (me recuerda a una mala pécora que conocí hace un par de años y dicen que se ha liado con luis tosar) reconozco que en esta cinta trabaja bien, como alex brendemühl que me sonaba pero no sabía de dónde (de inconscientes me ha recordado el press book). Y eso, que habrá que mirar en la nevera.

Cuando lo que vas a contar es lo que otros ya han contado, y cuando vas a resolverlo como ya lo hicieran otros más vale que tengas preparados buenos chistes, caras conocidas y dinero para efectos especiales. Eso es lo que ha hecho jean-pierre jeunet; tratar de ser original en un “género” en el que queda más bien poco que aportar, y sólo una reflexión, ¿era imprescindible?
Nuevo año, nueva vida? Parece que no!
Guiándome por el último consejo del año acabé haciendo lo que llevaba meses negándome a hacer, cargarme la poca dignidad que me quedaba. Pero empezaré por el comienzo.
Sergio, uno de esos sorprendentes amigos con los que no esperas contar y a los que no te tomas en serio me vino a decir que me estaba engañando, que fuera sincera conmigo misma y que hiciera lo que sentía. Obviamente yo lo interpreté a mi manera y después de una noche de fin de año de copas rodeada de parejas felices terminé por dejarme llevar y serme sincera, tan sincera que le mandé un sms a A desnudando mi alma. Me costó lágrimas escribirlo, mandarlo y aún más esperar respuesta. Respuesta que nunca llegaría y que acabó desatando mis nervios de manera que procedí como cualquier loca despechada; a modo de llamadas ocultas de madrugada. Sólo quería oírle.
Él no es de los que contestan llamadas ocultas, pero sabiendo que yo soy de las que las hacen podría haber tenido la delicadeza de descolgar. Pues no lo hizo, lo que acabó desesperándome ¿cómo no podía siquiera contestar un mensaje como aquél?. Total, que decidí llamarle dando la cara.
Estaba dormido (razonable teniendo en cuenta la hora). La conversación, de unos dos minutos fue más bien concisa. Yo quería saber qué había sido de esa “amistad ” que me había prometido, y no solo de esa amistad, sino de la felicitación de año nuevo que no recibí. Él, como siempre, tenía una buena excusa, pero yo no estaba dispuesta a aceptarla porque estoy más bien harta de ser la mala de todo. Así que sin saber bien qué decir y en vistas del poco caso que me hacía, pensé que iba a ser mejor no mencionar mi sms y pasar al ataque deseándole que siguiera disfrutando de su soledad.
Esta vez tenía que contestar, y lo hizo vía sms. Un mensaje tan ruin como él en el que me tachaba de inoportuna y en el que dejaba claro que me entendía. Qué diplomático siempre él. Él, él, él y su mundo. El siempre correcto y comprensivo. No pude soportarlo y le contesté con un mensaje incendiario en el que le refrescaba lo inoportuno que había sido él meses atrás y ya de paso, lo egocéntrico y egoísta que seguía siendo.
Podría decirse que ahora sí que todo ha terminado. Ahora sí que me he comportado como una auténtica bruja, pero seguro que él me entiende, aunque no me importa, ya no. Creo que todo lo que tenía que decir ya está dicho.
He vuelto a hablar con sergio para dejar constancia de que no quiero más consejos como el de fin de año, y no es que quiera hacerle responsable de mi actuación porque sé que tarde o temprano lo hubiera hecho yo solita, aunque puede que no de la misma forma, no me llevo muy bien con la ignorancia. Puede que yo también sea un poco egoísta. Y por eso quiero la foto que tiene, quiero que me devuelva la foto, así que si alguna vez vuelve a llamar le recordaré que prometió mandármela. Promesas y más promesas, todo mentira.
Además de eso, todo va bien.
Por fin vi a mi primo en concierto y no es por que fuera mi primo, pero la verdad es que me sorprendió su profesionalidad y su talento, sí señor. Me ha dicho mi madre que va a traerme la cesta de piruletas que le han regalado a mi padre y ya he encontrado el primer regalo de cumpleaños. Qué sutil!