Nunca hay puntos finales, siempre son puntos suspensivos.
Acaben bien o mal las cosas, siempre hay una imagen en nuestra cabeza que no se borra: una lata de cocacola bebida a medias, entre carcajadas; una batería de coches aparcados en una calle por la que se paseó cogidos de la mano; un preservativo sin usar encima de la mesa.
Trenes de mercancías, AVEs raudos, cercanías lentos y monótonos. Las relaciones pasan ante nosotros pero nunca terminan de irse del todo, dejan un poso -incoloro e insípido- que termina por convertirse en un tatuaje en nuestra piel.
Ellas.
Esta tormenta de verano es un segundo de un invierno entero,
el mundo gira en un sentido absurdo mientras yo te espero.
Busco un lugar seguro, miro hacia otro lado si se pone feo,
el mundo gira en un sentido absurdo mientras yo te espero...
El Abuelo Cascarrabias ha comido hoy una ensalada granjera.
El Abuelo Cascarrabias sueña con un masaje con aceites naturales.
El Abuelo Cascarrabias escucha Paloma mía de Silvio Rodríguez.