He abierto los ojos a las cinco en punto de la madrugada y no era cierto. Era mi cama en la que dormía y era mi reloj despertador el que me miraba.
Era mi piel la que escocía por la quemazón.
Tú no estabas.
Pero la conversación de cuarenta y tres minutos por el móvil si que es cierta; ahí sigue marcada, entre las últimas realizadas, recordándome el bolígrafo negro con que me pintas el brazo cuando estás, y cómo tienes la puta manía de intentar quitarme los granos que no tengo.
El Abuelo Cascarrabias ha comido hoy un donut de chocolate.
El Abuelo Cascarrabias sueña con volver a ayer a las ocho de la tarde.
El Abuelo Cascarrabias escucha Color esperanza de Diego Torres.
yo he soñado abrazada, y entonces ha sonado un pipipí y me he despertado. con estos pelos. otra vez. caca.
Escrito por eme a las Junio 15, 2004 11:57 PM