Es mentira eso de que no escriba para mi.
Para mi tus calles, para mi los edificios modernistas con balaustradas de hierro forjado. Para mi las bicicletas -que también son para el invierno-, para mi los molinetes, los pasteles de chocolate, los condones de sabores, las cañas y la música libanesa.
Para mi tus esquinas, tus tablas de parqué, tus bailes y tus bares, tus tascas y tus tradiciones, tus palabras que no entiendo y los comentarios que oigo de soslayo al pasear.
Para mi tus guiris, tus mapas, tus mormones, tus mimos y tus revisteros con sus periódicos y sus dominicales a un euro y medio. Para mi tus esperas, devaneos, fotografías, historias, rencores, resquemores, temores y miedos.
Para mi tú, tiramisú.
El Abuelo Cascarrabias ha comido hoy un plato combinado de shawarma, falafel y kafta.
El Abuelo Cascarrabias sueña con parar el tiempo.
El Abuelo Cascarrabias escucha La puta canción de amor en la que el chico ganade Miqui Puig.