No tengo ni uno, ni dos, ni tres mimos para tí.
Tengo cuatro.
Y a partir de ahora, son tuyos, para que los lleves en el bolso rojo a todas partes, livianos, sin hacer ruido, acompañándote en los momentos de cansancio y fatiga. En aquellos momentos en los que necesites mimos.
El Abuelo Cascarrabias ha comido hoy un huevo revuelto y escarola con granadina.
El Abuelo Cascarrabias sueña con dárteles en persona.
El Abuelo Cascarrabias escucha El chico de la noria hecha con pelos de colores de Malahora.