Si hay algo que no soporto en esta vida son los dogmatismos, y la gente a la que le amueblan la cabeza, en vez de ser ella misma quien se compra el dormitorio. Ayer recibí un mail -forward, mayormente- pidiendo que firmara no se qué bazofia para que el gobierno dé marcha atrás en su intención de modificar la ley que regula el aborto.
Partamos de la base de que yo no estoy a favor del aborto, pero sí entiendo que -por suerte, y aunque algunos quieran hacernos creer lo contrario- vivimos en un estado laico y aconfesional, donde, creo, cada uno debería tener la libertad de tomar las decisiones que más convenientes crea para su propio bien. Es por esto que creo que si que debe haber una ley que permita el aborto, dado que no todo el mundo ha de estar en contra de él como método de eliminación del embarazo.
Pues bien, a lo que voy es a esa bandera de la moralidad que le ha dado por entornar a los cristianos más recalcitrantes, en aras de la cual se creen con la capacidad de decidir qué es costumbre, tradición y moral en esta sociedad, y peor aún, qué está bien, y qué está mal.
Muchos católicos -y fijaos que ahora he cambiado el término cristiano por el de católico, con el amplio abanico de diferencias que entre ambos hay- deberían hacer un ejercicio introspectivo bastante profundo, asimilando que no son ellos quienes han de cambiar modificar la sociedad actual -con todos sus múltiples avances-, si no asimilar que en esta vida, más que ser un radical amargao y sin visión de futuro, lo mejor es ser una buena persona, aceptando que cada cual tenemos unas ideas, tan lícitas como las suyas.
En fin, que ésta gente, se dedique mejor a vivir en su mundo sacado de canciones de La oreja de Van Gogh, y dejen de adoctrinarnos con su filosofía de taza de water.
Por favor.
El Abuelo Cascarrabias ha comido hoy sopa y lubina a la sal.
El Abuelo Cascarrabias sueña con que algunos espabilen y se den cuenta de qué es la vida.
El Abuelo Cascarrabias escucha Solo los estúpidos tienen la conciencia tranquila de Siniestro Total.