Noviembre 30, 2004

De iglesias y otros monumentos

Uno está plácidamente en el despacho rumiando su cansancio y sus agujetas, cuando le da por bajar a la nave a mirar qué campañas de papel se fijan esta semana, cuando se encuentra con ésto.

Así no se puede, ¡ahora me meten al enemigo en casa!

Hablando un poco más en serio, el fin de semana, aparte de entrevistas de trabajo y montaje de muebles, fue productivo en conversaciones. Me quedo con la que mantuvimos Mister Citröen, Dra. L, Audrey y servidor sobre el papel de la Iglesia -como institución- en la sociedad actual (y esto va para los cortos de mollera y similares):

Me parece perfecto que la gente crea, deje de creer, sea agnóstico o testigo de jehovà. Cada uno es muy libre de tener unas creencias, sin duda. Lo que no estoy dispuesto a tolerar es que, en aras de ellas, nos sean impuestas al resto. El catorce de marzo el PSOE fue votado por un amplio número de españoles que buscábamos un cambio, y, por ende, se hizo con el gobierno.
El PSOE, para bien o para mal, en su programa tiene unas reformas sociales que, se presupone, los que les hemos votado asumimos y aceptamos, considerando lógico, ahora que están en disponibilidad de llevarlas a cabo, realmente las hagan efectivas.
Y es aquí donde entran a escena la presión mediática de la iglesia y sus fans más acérrimos. La institución eclesial, con sus pros (como dice Audrey llega a rincones donde el Estado es incapaz) y con sus contras, no deja de representar a una minoría practicante, con lo que, toda su fuerza radica en haberse sabido convertir en un importante lobby de presión con fuertes lazos económicos, judiciales y administrativos.

Interludio: Recordemos en este punto que Jesús se rodeó de putas, leprosos y ladrones, no de economistas, abogados, jugadores de paddel y rezantes del rosario.

No estoy dispueso a permitir, por tanto, que una minoría -que encima no representa al cristianismo de base, al de verdad, y sí al más fariseo y retrógrado- imponga su ley por encima de todos aquellos que creemos en una sociedad en la cual cada uno pueda decidir -dentro de unos límites, estoy de acuerdo- qué hacer y qué no hacer.

continuará


El Abuelo Cascarrabias no ha comido nada aún.
El Abuelo Cascarrabias sueña con volver pronto a Barcelona.
El Abuelo Cascarrabias escucha Contra el poder de Pedro Guerra.

Escrito por El Abuelo Cascarrabias a las Noviembre 30, 2004 01:57 PM