El finde pasado estuve en Macao. Precioso. Un lugar entrañable para gastarse hasta la herencia en los casinos (no juguéis a la ruleta si vais con unas cervezas de más, o acabaréis apostando hasta el prepucio), para darte una vuelta por el casco viejo (me recordaba las calles de mi pueblo), para comer en el Fernando (madre mía, me puedo tirar todo el día allí jalando y bebiendo birra portuguesa)...
Chavales: En Macao no es que no te dejen beber en la calle como ocurre en Hispania, es que tienen abrevaderos para "tomar" y dotados con taxis... y si no, ojito con la afoto: Punto de Tomada, que dice. Viva el Botellón!!!
Lo de la foto esa me ha recordado la que un día tomé en una terminal del aeropuerto de Pekin, la de la "Drinking Room". Yo es que me parto con estas cosas.
Y centrándonos en los casinos, me pasé un montón de horas en el Lisboa, uno de los más típicos y que merece la pena visitar, aunque no te juegues ni una uña recién cortada.
A la entrada del nuevo casino Lisboa, llama la atención que hay una pieza de arqueología. Es la cabeza de un caballo que parece disecao, a mí me daba grima y me recordaba al decapitado que aparece en una cama de la peli "El Padrino".

El cabezón del caballo en cuestión, que permanece a los ojos de los visitantes en el Lobby del casino, está custodiado por dos seguratas las 24 horas del día. Las 24 horas del día tiene su sentido, porque el casino no cierra nunca.
Lo de los dos vigilantes también se puede explicar porque el pedrolo con forma de testa equina vale un pastizal. Mr.Stanley Ho, un ciudadano de Macao con sangre china + árabe + inglesa + hebrea en sus venas (=hombre desde que nació predestinado para los negocios), la compró por casi 7 millones de euros. La cifra mayor pagada por una escultura de la dinastía Qing. Stanley Ho es conocido como el Rey del Juego... aunque no creo que sea por jugar en los casinos, más bien supongo que es porque es el dueño de los más importantes allí y en otras partes del mundo.
Yo, al tiempo que salía por la puerta del casino tras haber perdido indecorosamente 150 euros apostando como un ludópata en prácticas, al ver el puto gepeto del caballo, aún tuve el valor de mirarme en el bolsillo a ver si me llegaba el suelto para llevármelo como souvenir.
Ni qué decir que me fui sin él. Otra vez será.
Como buen amante de la música, nunca desaprovecho la ocasión para disfrutarla en directo... si tengo tiempo, no me importa en absoluto emplearlo en ir a conciertos, sin importarme de qué palo sean, pues soy partidario de que cada melodía o estilo, siempre tiene su momento. Le tocó el turno a Vitas, cantante nacido en Letonia y que causa furor en Rusia y las países adyacentes. Movido por ese éxito, Vitas también se ha lanzado a la conquista del mercado chino, koreano y japonés. A mi novieta le flipa este tipo y aprovechando que daba un bolo en Guangzhou, compró un par de entradas y allí que fuimos.
Vitas combina el techno con la opereta, es un híbrido de Monserrat Caballé, un Tarzán castrado, Tapies-Marc Jacobs (hay que ver los decorados y cómo viste a sus músicos) y un Mortadelo friki (por lo que se cambiá de vestimenta en sus conciertos). Para muestra, un botón... aquí me llama la atención que el frikismo ha llegado a que los de la banda lleven sacos negros en la cabeza, como si los fueran a ahorcar a todos tras el concierto.
Allí que fui un sábado por la tarde-noche a disfrutar de la música de este geniecillo estepeño ruso. El tipo tiene un buen montaje, en China sus conciertos no son en sitios demasiado espaciosos, pues le conviene sentir al público muy cerca y tenerlos bien recogiditos, ya veréis por qué.
El concierto empieza con humo y parafernalia que ocultan a Vitas hasta pasados unos diez minutos de musica maquineta y un guitarrista virtuoso que hace unos solo más largos que los de Santana cuando se calienta y se pone más pesao que un collar de melones. El cantante aparece finalmente disfrazado de gladiador galáctico, homenaje (creo yo) a Michael Jackson.
Las canciones se van sucediendo una tras otra y los cambios de atuendo también. Todas las variaciones de vestuario se pueden considerar temáticas, pues son radicales y a cada cuál más variopinta. Los espectadores pueden seguir las canciones en las pantallas gigantes situadas a ambos extremos del escenario y además las subtitulan en mandarín, para que nadie pierda detalle de lo que va espetando melódicamente nuestro Vitas. Hay un tributo a Julio Iglesias:
Otro a Los Manolos (acojonante la camisa con volantes en pechera y mangas):
Al Dúo Dinámico:
A Enrique del Pozo (en su etapa de Enrique y Ana):
Un momento en que se rinde al público como un elegante tenor (y da el pego):
Y otro donde se viste un poco de chino para ganarse más al público local. Si este artista actúa algún día en España, seguro que se pone una peineta o una montera de torero para cantar algún tema:
El Vitas este se las sabe todas. El espectáculo no está nada mal, quitando la tortura de los puntéos del aquel Jimmy Page cosaco... que por cierto, era el único músico que tocaba de verdad. El resto, un batería, un bajista, un tío con un armonio eléctrico, una caja de ritmos y unos veinte músicos de orquesta con un director de flequillo, que si bien se movían al compás y daban el pego, aquello apestaba a música enlatada que tiraba de espaldas.
Vitas no cantaba en playback, no le quito mérito, pero lo de sus melodías pregrabadas, no se lo perdono. Yo lo defino como un ventrílocuo virtuoso y de potentes cuerdas vocales, y lo de ventrílocuo lo digo con fe de causa, porque además lo resaltaron en uno de los momentos de su concierto, en el que anunciaron que el tipo iba a hacer una canción con dos registros de voz distintos, imitando el canto de un abuelo por un lado y por otro de un mendigo o pordiosero... Alternaba un estribillo primero con un tipo de voz y luego con otro diferente para responderse a sí mismo. Para diferenciar bien los personajes que interpretaba, se ponía y se quitaba unas gafas sin cristales y entonces hacía una voz normal o la de Luis Escobar, según tocara. Esto ya era más propio de un espectáculo de variedades de Jose Luis Moreno, nada que ver con el concierto de un germen que quiere llegar a ser estrella internacional. Pero bueno, lo que más me gustó de esta parte, es que el tipo se vistió de una manera, que me recordaba a Franco Battiato.
Otros de los momentos estelares del chow, fueron los de la vuelta al ruedo que se marcó rodeado de seguratas mientras cantaba un tema con el inalámbrico... con una legion de fans enloquecidas que lo acosaban e intentaban entregarle ramos de flores y globitos (esto pasa en todos sus conciertos).
Pero el remate fue cuando una fan, sospechosamente colándose en el escenario, se acercó a Vitas mientras cantaba, y al ir a abrazarlo, se desmayó. Vaya actuación más patética (la de la fan-actriz, no la de Vitas). Y allí el Vitas gritando "Security!! Security!!" en medio de un tema... aquello no me lo tragué. El tío destrozó la canción sólo por el teatrillo de la fan que se desmaya delante de todo el mundo y al día siguiente sale en todos los periódicos y noticias. Mi novieta sí que se creyó lo de que la tía se había desmayado de verdad y no era un montaje... no se lo voy a discutir y le concedo el beneplácito de la duda, porque creo que uno no debe arriesgarse a tener un pollo con su pareja por culpa de la martingala de este pipiolo lituano en el candelero, ¿no?
Resultado. Vitas es un hombre-espectáculo que intenta convertirse en un fenómeno de masas y está estudiado para que llegue a serlo. El tío tiene un filón en esto países tan poblados y va a por ellos, pero con la pena de que lo hace sin escrúpulos de sacrificar arte y originalidad, unas veces cayendo en lo absurdo o lo inexplicable y otras en lo muy evidente (demasiados viajes de un extremo al otro). Todo se condiciona en la imperiosa necesidad de incluir elementos comerciales que le harán aumentar su popularidad y ventas. El resultado de la obra de Vitas es difícil de definir en esencia, pero no en objetivo: Ganar panoja (dinero).
El respeto que le puedo tener a Vitas como gran cantante, se lo pierdo cuando me doy cuenta de lo que realmente se maquina a su alrededor para conseguir adeptos pagaderos.