Me apunté a eso de la sinceridad animal al ver lo hipócrita que era el mundo en el que vivía y sigo viviendo. La gente dice que tal persona le cae tan mal que... (barbaridad al gusto del consumidor) y luego le ríe los chistes.
Bueno, pues yo decidí hacerme la tonta (que no me costó mucho esfuerzo porque ya era medio tonta) y no andar metida en esas polémicas y, de vez en cuando y cuando procede (o, a mi estilo, más bien cuando no procede) soltar una animalada que sea verdad y que ponga en evidencia a la persona de la que se trata.
Ya sé que es una tontería, pero como yo tengo la mala costumbre de decir la verdad...
Eso sí, nadie es sincero de verdad hasta que se hace famoso y le hacen una entrevista y demuestra lo espabliado, sincero y transgresor que es. Imaginaos que a mí me hacen una:
Ya no sería una burra, sería rústica.
Ya no sería simple, sería minimalista.
Ya no sería rara, sería extravagante.
Ya no sería chapucera, sería bohemia.
Ya no tendría un gusto horrible (ojo, no soy yo quien lo dice), sería alternativa.
Ya no sería protestona, sería revolucionaria.
Ya no sería vaga, viviría la vida.
Ya no sería una sabelotodo, sería una opinión a consultar.
Ya no tendría mala leche, tendría una personalidad arrolladora.
Ya no sería un ratón de biblioteca, sería culta cool de la muerte.
Ya no tendría una morrera, tendría un fabuloso complemento hi-tech.
Pero como no soy famosa ni interesante ni nada de eso me tengo que conformar con que mis maravillosas cualidades (si es que las tengo) sigan en el anonimato. Qué más da... si sólo serviría para comentar en "El Semanal" lo que desayuno (aquí os lo digo:uin Colacao y galletas, soy hipermegasofiscicada hasta en eso) y no para solucionar los males del mundo.
Don't fear the reaper.