Sólo quedan 12 horas para que vaya a votar (sí, yo soy de las que madrugan... sobre todo para convertirme en ciudadana aunque sea una vez cada x años) y estamos en lo que se llama "jornada de reflexión".
Es un nombre curioso.
Se podría llamar "jornada de pensamiento", pero parecería el jardín de la vecina. O peor aún, nos llevaría a un debate filosófico sobre la conciencia del yo y el mundo (¿pienso? ¿me piensan? ¿existo? ¿me existen? ¿Qué fue antes: el huevo o la gallina?).
Se podría llamar "jornada de meditación", pero nos sonaría a chifla y rechufla sectaria, a yoga y todos nos congratularíamos de cualquier cosa. Nada.
Se llama "jornada de reflexión" porque es cuando reflexionamos cómo metimos la pata votando al candidato que sea, total para que todos sean igual de embusteros y mangantes (espero estar equivocada en esto). Porque, hagamos lo que hagamos, nos arrepentiremos. Si votamos, por votar. Si no votamos, por no votar. Y, si nos caga una paloma de camino al colegio electoral, ya ni os cuento.
De todos modos, hoy es un día grandioso (en principio) porque la gente no hace propaganda... o eso dicen.
Tengo (tenía, supongo) una amiga (?) a la que vi el 13 de Marzo (¿os suena?). Tenía que devolverle un libro y ella a mí una película. La vi poco rato, pero bastante para que me dijera que ella iba a votar en blanco (cuando alguien diga eso, no le creáis) y que tal partido se había saltado las normas haciendo no sé qué mientras que el otro (al que su padre está afiliado) se había comportado correctamente porque se había adherido a la ley del silencio en semejante fecha.
Entonces ella estaba tirando por tierra el esfuerzo de miles de personas. A lo mejor un día voy a la sede de ese partido y se lo cuento a ellos porque creo que es una cosa bastante grave. Y todo, encima, para afianzar mi decisión de no votar precisamente al partido de sus amores.
Tonto es el que hace tonterías.
Por cierto: fue antes el huevo.
Don't fear the reaper.