Acabó de llegar a Barcelona, ni siquiera he desecho la maleta... no puedo... todavía tengo su imagen gravada... estaba mirando... mientras yo me alejaba en el taxi... y las lágrimas rodaban por mis mejillas... luego en el aeropuerto... cada paso era una presión en el pecho... cada vez mayor... y cuando ha despegado el avión... y he visto las luces de la ciudad... como empequeñecían... como cada vez estaban más lejos... me sentía morir.
Ya en Barna... con sus luces y sus grandes edificios... he empezado a pensar que también era hermosa... que a J. le encantaría verla... pero entonces me he dado cuenta que aquí no hay ningún cappuccino... tan mágicos... tan nuestros... que aquí no esta la terracita de la plaza España para desayunar por las mañanas... y lo peor.... que aquí... no esta él. De pronto... me ha parecido una ciudad horrible.
No voy a poder mirar el mar... sin recordarle... estoy ahí le dije... a la derecha y al norte... no estoy tan lejos... aunque ahora siento que estoy en la otra punta del mundo.
