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9 de Noviembre 2008

Atlanthis

http://atlanthis.wordpress.com

Éste es el final de una época. El tiempo puede ser infinito, eterno...poblado de momentos, de días, que de alguna u otra manera perduran siempre en el tiempo, en la energía que envuelve al mundo y a nosotros, a nuestro tiempo y nuestros pasos, a nuestra memoria...y éste es un lugar donde éso se ha hecho cierto.

No voy a borrar este blog, la Crónicas Vampíricas Perdidas merecen ser leídas y recordadas. No puedo decir que jamás vaya a volver a escribir nada aquí (probablemente algún día perdido lo haga).
Pero mis palabras a partir de ahora se escribirán y leeran en la dirección web escrita más arriba.


Una nueva puerta se abre junto a mí, y no puede ser abierta desde las Crónicas, ellas ya tuvieron su momento. Quiero intentar que mis palabras lleguen más lejos aún. Palabras que espero no se pierdan en el vacío, pues lo peor que puede pasarle a un escritor es eso.

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1 de Noviembre 2008

Noticias

...En construcción del nuevo blog...

Próximamente el enlace ;)

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7 de Abril 2008

déjame ser

Déjame ser, sólo eso
lo que soy.
Nada más,
a ser posible
nada menos.
Ese sonido de jazz,
ese estruendo de guitarra,
ese atardecer limpio e inolvidable,
ese trueno eléctrico,
esa voz de palabras eternas.
Abrázame, que tengo frío,
del mundo,
de la oscuridad.
Olvida conmigo los miedos
que no suelo pronunciar.
Déjame ser lo que soy,
caricia lenta y caliente,
chocolate derretido por tu cuerpo,
constante pregunta,
rotundo misterio a medias.
Ese silencio a veces,
esa certeza en la mirada,
esas nubes volando tranquilas
por el cielo raso,
azul,
esa canción en tus labios,
esa poesía perfecta
que estos dedos siempre intentan escribir.
Lléname de tu paz,
la que guardas para mí,
hasta el infinito.
Méteme en el centro de tí
y de tus pasiones,
entretéjeme en tu corazón
y no me sueltes.
Déjame ser, sólo eso
lo que soy,
entre tus brazos.
Esa historia de amor para vivir,
ese relog al que no le gusta el tiempo,
esa noche rabiosamente estrellada,
esa chica que sencillamente te quiere.
Esa carretera hecha para conducir sin prisa,
esa fotografía para recordar,
y mirar una y otra vez sin cansarte,
ese otro árbol diferente en mitad del bosque,
esa promesa que siempre,
cumpliré.
Comparte conmigo todos tus amaneceres,
sé conmigo la chica más feliz de la ciudad.
Hazme tu país, tu elección, tu hogar,
píntame a modo de bandera
con una jauría de besos.
Déjame ser lo que soy,
sólo eso,
una mezcla de tu alma y la mía.

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Viento

Cuando te estás quedando atrás,
y lo sabes.
Cuando la sangre ha empezado a brotar
y tu perplejidad no la va a parar.
Sientes ése cosquilleo existencial
que va absorbiendo tu alma
de fuera a dentro,
dejando el aire en jirones esparcidos inconexos
que flotan alrededor,
entre tus dedos,
y tú no tratas de agarrarlos
símplemente los ves pasar,
girar, desenvolverse,
rozar tus ojos abiertos.
Cuando la soledad de lo que podrías ser
se mece en la certeza de lo que no será,
de que las palabras que se lleva el viento
soplan muy lejos,
y tú no puedes correr tanto como para alcanzarlas.
Sin llegar a esbozar un silencio que lo ilumine,
el presentimiento de que ha pasado
se hace sólido, intocable,
algo que tenía que haber sido algo más que un soplo
no ha pasado de ser una sensación que recuerda
a algo así como al viento,
ése que sopla en las tardes serenas de primavera,
que acompaña los crepúsculos inolvidables de verano,
que te eriza todo el vello de golpe, violento, sin entenderlo.
Cuando tú te permites verte a tí misma
y no estas convencida del reflejo que queda,
cuando sencillamente, quizás, esperas más.
Otra cosa, algo más grande, algo mejor,
un sueño que se sueña a sí mismo y se hace fuerte,
real, imposible de no ver.
Tal vez tú te paras ante tu propia normalidad
y esa vacuidad te corta,
en un lugar totalmente desprotegido e íntimo,
inalcanzable,
ésa normalidad perpleja te dispara
y te empieza a vaciar de dentro a fuera.
Cuando empiezas a dudar de si todos los pasos,
tinta, vertidos
te van a llevar al lugar que buscabas.
Tal vez toda esa tinta vertida no vaya a ser suficiente
para borrar del papel toda esa normalidad
que quieres ocultar,
es posible que para brillar con esa luz
que pretendías encontrar,
nunca ninguna tinta que tú escribas vaya a ser suficiente,
tal vez tu brillo sea otro,
tal vez baste con que alguien, Ella, lo vea
y lo acepte en su vida,
como el guión de una novela que relees y relees sin que nunca
te llegue a bastar.
Tal vez toda tu tinta sólo tenga que brillar vertida en su regazo
y entre tus dedos.
Pero cuando te cuesta entender el mundo
y tú única manera de hacerlo es hundirte en la paz de sus ojos
y en la tinta de palabras líquidas que hablan por tus dedos,
a veces sientes que ése mundo
sería genial que abriera todas sus corrientes y sus vientos
a ésa, tu sangre.
Te gustaría que impregnara todo igual que impregna tu vida,
que la gente la tocara en las aceras
y la reconociera como tuya,
incorporándola a sus maletas.
Y ahí, cuando te topas con tu propia normalidad,
sabes que te estás quedando atrás porque tal vez nunca
una sóla gota de tu tinta
llugue hasta donde tu quieres.
A iluminar por completo el cielo del atardecer,
a quedarse en las palabras prestadas que todos tomamos de otros,
a hacer entender el mismo mundo que les da vida,
sentido ó sin sentido,
a otros,
a volar, altas, libres, orgullosas
proclamándo tu inmortalidad escrita en ellas
a los cuatro viento.
Cuando persigues algo enorme
sueles mirar al cielo como inalcanzable
porque acaso lo sea
si no te esfuerzas lo suficiente en volar;
no existe el tiempo para aprender.
Cuando el viento sopla lo arrastra todo.

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18 de Enero 2008

sin título

Él avanzaba despacio, muy despacio, sintiendo cada partícula del peso inerte de ella sobre los brazos.
El humo se elevaba gris, oscuro, por detrás de su cabeza, mientras las lágrimas surcaban lentas sus mejillas, desde sus ojos abiertos de par en par, como silenciando un grito.

Llamaradas de fuego se perdían a su espalda, crujidos de metal ardiente, estruendo de metralla y alaridos desesperados quedaban silenciados mientras avanzaba, erguido, digno, lleno de hollín. Una mano protegía la mejilla de ella contra su pecho, frágil, absurdamente hermosa en mitad de todo aquel kaos, el otro brazo la sostenía con toda la fuerza sobrehumana que da la adrenalida por la cintura, las piernas le colgaban y bamboleaban sin vida contra la camiseta hecha girones que cubría su torso.

No podía más, la expresión de su cara era un despiadado signo doliente de interrogación, porqué decía silenciosamente, porqué, decían sin parar sus pupilas, quietas, vacías, brillantes como un arcoiris en mitad de un huracán. La barba de un par de días y el pelo desordenado estaban llenos de ceniza. Ella no tenía ni una sola mota de polvo, él la había limpiado de todo cuanto pudiera empañar su belleza, la apretaba contra sí aspirando el calor que se le perdía con la convicción de que antes se dejaría deshollar a balazos que soltarla.

El mundo se había parado mientras andaba, había dejado de existir.

Ésa misma mañana él había preparado sus cosas mientras ella le cogía por detrás y hundía sus rizos en su cuello. Había dejado todo bien atado en el carro que los dos caballos tenían que remolcar, se había sentido anonadado una vez más por la imagen de ella, esta vez a las puertas del que había sido su hogar. Había renunciado a intentar defender lo que era imposible de hacerlo ante una guerra en la que ellos no tenían nada que ver.

Y ahora estaba ahí, ciudadano de ningún lugar, su patria si es que alguna vez la había llamado así ya no existía, sus recuerdos habían sido borrados de la faz de la tierra con las bombas que silbaban en el cielo, navío a la deriva, no le habían dejado ni una sola vela entera, la única razón por la que había aceptado vivir en este mundo que no entendía rota e insignificante entre sus dedos, como una mota de polvo que no importase a nadie. Toda su vida había pasado a ser una mota de polvo que alguien había decidido barrer por algo parecido al dinero y la crueldad humanas.

Finalmente gritó. Gritó ahí en mitad de la nada. Su boca por un momento fué la de un dragón, un escalofrío que recorrió el alma del mundo, un relámpago gigantesco. Lleno todo de su sonido desgarrado.
Ahí fue el momento donde perdió toda lógica, toda razón, toda su alma.

Paso tras paso que daba su sangre se iba haciendo más dolorosa, más hiriente. Su mente sólo pensaba en una cosa. Dedicaría cada segundo restante a matar a aquellos que le habían hecho aquello. Y cuando ese infierno que tenía en lugar de lo que había sido su alma, disuelta por el dolor, le devolviera algo de lo que antes había sido se suicidaría, si no le mataban antes.

LLevaba a cuestas todo el cadáver de su existencia, y sólo él podía comprenderlo.

//16 enero '07//

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