El poema que perdí un día
lo encontré en tus ojos.
Le puse tu nombre,
lo decoré con ese ansia tuya a la hora de darme un beso.
Lo moledeé con tu figura, perfecta para mi.
¿Sabes?, te leo entre dientes mientras duermes,
y yo te miro y remiro y no me canso de mirarte...
E imagino que te quedarás siempre,
no sólo en mi memoria,
ni en mi corazón,
sino en mi vida, y en mis cosas.
Ahora que te he encontrado....
me apetece decirte muy bajito:
Quédate.
Y esperar a que lo hagas.