
Hace tiempo que la felicidad
no me viene del exterior,
me la tengo que inventar dentro
como si fuera un poema.
Pronuncié su nombre,
llamé su nombre,
-y llamarle fue amarle-.
Contestó y además apareció.
Se puso a mirar mis manos,
yo sus ojos,
no sé qué dije
y se le llenaron de agua.
Así fue el encuentro.
Diplomado en amor
te nombraré el aire,
cuando tus manos aprendan a besar
(a alguien)
sin necesidad de acariciarle.
Me despierto pensando en los versos de Gloria, y sinceramente me encuentro en la Gloria. Y esta noche he tenido un sueño...he soñado con Dios. Sí, con Dios, y me ha dicho que todo va a salir bién, y que ella es el amor de mi vida.
Me siento iluminada, me siento felíz, aunque a las 8 de la mañana ya me hayan llamado unas cuantas veces Gilipollas.
Sí, lo mismo soy una Gilipollas, pero lo mismo tú... querída madre me enseñaste un poco a serlo.