Se desbordaba el amor que ya no cabía en su cuerpo. Y salía disparado por los poros de su cuerpo.
Se mordía la lengua. Fruncía el ceño. Bajaba y subía la mírada. El deseo le paralizaba el cuerpo por completo. Y el cosquilleo en la barriga -incesante- le desencadenaba unos escalofríos indescifrables.
¿Dónde se guarda el amor cuando no se puede entregar?
¿Se echa a pérder?
¿Vuelve?
Se aferraba a la almohada, que no consolaba. Que no hablaba. Que no le ofrecía sacudidas de plácer. Que sólamente hacía de manta para su llanto.
¿Lloras por si vuelve y te abraza?
En los andenes se le veía esperando un autobus que nunca terminaba de llegar.
En sus oídos ardía una canción que le entretenía mientras su reflejo en el cristal de la estación le devolvía su pena encrucijada.
Notaba la mírada de la gente clavandose en sus ojos. Parecía forastera en aquel lugar, que no era más que su propia ciudad. Era como si derrepente se convirtiese en la protagonista de una pelicula de amor imposible y pérdido.
No encontraba la calma en los ojos de la gente. Ni en sus amigos que consolaban, pero no curaban la herida que sangraba aún, tan abierta como las puertas de su hábitacion.
Nunca tuvo tanto miedo al paso del tiempo. A que el tiempo fuese olvido. Y el olvido fuese su asesino más real.
Mientras estemos vivos -se decía- todo es posible.
Y sabe que quien no juega no gana.
Y quien no gana siempre puede intentar jugar otra vez.
"Y quien no gana siempre puede intentar jugar otra vez." hasta que el juego te gana la partida.
Escrito por: heart's breaking, el Miércoles, 13 de Julio de 2005 a las 08 PM