Te veo con los ojos muy abiertos. Estás en la dársena número 5, esperando a que llegue tu tren, tu destino, tu rutina mañanera. Tienes la boca y la barbilla resguardada en el cuello de tu anorac. Y la mirada pérdida en la via del tren.
El sonido de la estación permanece allí, atormentando nuestros oídos pero casi no lo percibimos porque su monótono ruído ya no nos afecta, a todo nos acostumbramos, a todo.
Y te miro...te observo, te resguardas del frío, con las manos en los bolsillos y la aparente pesada mochila sobre los hombros te calienta la espalda.
Quisiera lanzarte un beso através del tiempo, de estas vías que nos separan, del tiempo que se detiene. Un beso eterno y lleno de aquellas cosas que sé que te gustaban. Tu pareces ausente, quisiera traerte aquí, y contarte cual es mi menú de hoy y que me cuentes también tus cosas. No sé que te pasa, quisiera abrazar tu tristeza y calmarla con mi risa, volcarme en tu pelo y sacudir las penas que se te quedan enrredadas en él.
Voy a intentar gritar tu nombre hasta que los raíles tiemblen y el gran reloj de la estación se parta en dos. Voy a alargar mis manos, como ahora, hasta alcanzar tus hombros, y traerte hacia mi.
Quisiera ser el tren que sólo pase por tu vida una vez, y quisiera llevarte conmigo donde ni el frío te pueda alcanzar.
Pero siempre existe esta distancía tan fría, más fría que los barrotes de hierro de este banco de estación.
Que bonito! He de reconocer que he estado apunto de copiarte un trozo. No estoy pasando un momento amoroso muy bueno y me he reflejado en esta historia que cuenta mucho.
Me ha encantado.
Un saludo!
Depende
También yo he estado tentada... no de copiarte un trozo sino de ponerlo como firma en el correo electrónico, porque siento lo mismo, en una ciudad distinta a la tuya, y el andén es de metro... pero las distancias que nos separan son las mismas.
un beso