Creo que a lo largo de mi vida siempre he sido un desastre. Mi abuela ya me lo decía y mi madre me echaba las lentejas por encima de la cabeza porque no quería comer, no me gustaba la comida de cuchara.
Nunca traía a casa las notas que mis padres esperaban. Aunque nunca tuve esa certeza de saber que mis padres esperaban mis notas. Estuve 8 años sola (sin hermanos), llorando por estúpidos caprichos que mi Madre me consentía.
-Tienes siempre a la niña debajo de la falda -le decían a mi Madre-.
Caprichosa y celosa (nunca he pensado que estas dos ¿virtudes? sean buenas).
¿Sabes? , cuando eres pequeña, o estás apunto de cumplir los 18, ves lejano el tener 25 años y convertirte en una mujer. Piensas: Con 25 años ya tendré mi casa, trabajo estable, y alguien especial a mi lado cada mañana y cada noche. Pero cuando llegas a los 25 te das cuenta que no tienes casa propia, ni posibilidad de acceder a ello, que tampoco tienes trabajo estable, y que tienes a alguien especial al lado pero que en cualquier momento la puedes perder, por tu carácter, por tus agobios y por como en general: eres.
Entonces la casa ( que tienes alquilada) se te cae encima. ¡Que mierda!.
Y cada día la gente te calienta la cabeza con sus problemas. Y tienes que escucharles todo lo que salen de sus bocas. Te llevas a casa sus problemas, depresiones, agobios, soledades, incertidumbres, amarguras, y cuando te sientas al fin, en el sofá, te tapas la cara con las manos y piensas ¿y ahora quien me escucha a mí? ¿Quién escucha mis penas, mi mierda?. Para 3 horas que quedan, antes de ir a dormir, no se las voy a contar a ella. Y te las guardas:
-¿Sabes que mi madre lleva 2 semanas sin aparecer, sin dar señales de vida inteligente?
Nadie se imagina como me afecta eso.
Que soy incapaz de llamarla yo, porque sé lo que me va a decir: y va a acrecentar mi agobio.
Pero te sientes culpable, porque no la llamas, y triste, porque no te llama ella a ti.
-Ella no se ha comportado contigo como una madre -me dice la gente-.
Qué fácil es decir eso, pero que doloroso sentirlo.
Yo no sé lo que se siente cuando una madre te pregunta: ¿hija, como llevas ese dolor de piernas? ó ¡hija mía si necesitas algo estoy aquí!.
La Navidad está por llegar, y yo siento miedo.
Porque puede que esta sea la Navidad más triste y llena de Soledad (de la de verdad) de toda mi vida.
Ojala el barco de mi vida no se hunda: yo, al menos, no lo pienso abandonar.
