Sábado 18, a las 14 horas, aproximadamente.
En ese momento, una chica recibió, quizás sin saberlo, un mensaje. Un aviso, si quereis llamarlo así. Una llamada a la reflexión.
Estaba yo, parado en un semáforo, esperando la puesta en verde, cuando oí unos gritos y golpes detrás mío.
El coche de detrás estaba conducido por una mujer. Un coche normal, ni grande ni pequeño, ni nuevo ni especialmente viejo. Al lado del vehículo había un motorista, en un ciclomotor, con su novia detrás, de paquete.
Los gritos que oía eran los del motorista, que estaba haciendo gala de, quizás no mucha educación, pero sí de vocabulario y jerga callejera. Los golpes eran los que propinaba el motorista a la ventanilla del coche de la mujer.
De hecho, yo no veía a la mujer del coche, debido a que, debido a una fina lluvia, y al frío, tenía los cristales entelados. Ni siquiera conseguí oirla. Si sé que quien iba dentro del coche era una mujer es por el género de los adjetivos que gritaba el motorista.
Por lo que pude entender por el monólogo, entre retahilas de insultos que harían ruborizarse a Camilo Jose Cela, parecía ser que, según el motorista, la mujer se había pasado algún semáforo en ambar, o que le había cerrado, o las dos cosas. Tampoco es lo más importante. El motorista (y su novia) estaban cómodamente sentados en la motocicleta, y yo no había oído ningún ruido de frenazo ni nada que me hiciera sospechar que se tratara, en el fondo, de nada grave.
Pero aún así, el motorista seguía pegando el coche de la mujer. Ahora se descargaba en el retrovisor, porque vió que era mucho más fácil de romper que la ventanilla. Y le costó pocos puñetazos romperlo. Entonces, se dió cuenta que le costaba más mover los brazos. La novia le sujetaba, tímidamente, los brazos, para que la cosa no pasara a mayores.
En un intento de no perder el favor de su novia, espetó a la conductora del coche de al lado "Que me cierres mientras voy yo, vale. Pero cuando llevo a mi novia, ni se te ocurra", quizás insinuando que no es que él se dedicara a romper retrovisores porque sí, sino que lo hacía en una especie de instinto de protección de su pareja. Que en realidad no era una persona violenta, sino que quería a su novia con locura.
Y así acabó todo. El semáforo volvió a verde, yo seguí adelante, seguido de la conductora, y el motociclista y su novia se desviaron por cualquier cruce.
Y con esto quiero repetir lo que he dicho al principio del post. Una chica recibió un mensaje. Un aviso, si quereis llamarlo así, o una llamada a la reflexión. Y es mucho más de lo que tuvieron muchas otras mujeres, que se dieron cuenta demasiado tarde de como eran sus maridos.
Día ocupadillo, y no he podido planear un post de antemano.
Pero como no quiero dejar sin lectura a los que se pasan por aquí, he encontrado un artículo interesante que todo el mundo debería conocer:
¿Quién rompió las galletas?
El problema es la humedad.
¿Por qué será que siempre que abrimos un paquete nuevo de galletas hay alguna rota? La culpa, "obviamente" tiene que ser del que transportó las cajas o del señor de la tienda o de los fabricantes inescrupulosos que llenan los paquetes con galletas rotas.
Sin embargo, parece que la causa es otra. Un equipo de científicos en el Reino Unido afirman que ya descubrieron la verdad verdadera de esa tradicional frustración de la vida cotidiana.
Generalmente, se atribuye la culpa a la brusquedad de quienes manejan el producto, pero los investigadores de la Universidad de Loughborough han librado de toda responsabilidad a los sospechosos de costumbre.
Con la ayuda de rayos láser, los físicos pudieron detectar que en las galletas se suelen formar pequeñas fallas, pocas horas después de hornearlas
El problema, según ellos, tiene que ver con la humedad.
Galletas científicas
Para llevar a cabo sus observaciones, los expertos hornearon sus propias galletas en el laboratorio y luego estudiaron su superficie.
De este modo encontraron que a medida que las galletas se enfrían, su borde absorbe humedad y se expande, mientras que el centro se contrae.
"Estas fuerzas internas de la galleta hacen que virtualmente se autodestruya", explicó a la BBC Ricky Wildman, uno de los investigadores.
La solución: hornear las galletas a menor temperatura y por más tiempo.
Una buena noticia para todos los almaceneros del mundo, a quienes ya no podremos acusar de maltrato de galletas.
Hoy toca una anécdota sobre programación, para que veais que, aunque mi trabajo parezca aburrido... en realidad, lo es. Eso sí, voy a hacer una explicación entendible para todo el mundo. Es decir, los posibles informáticos que puedan leer esto, perdonen los errores de concepto y libertades que me tomo para que sea inteligible.
Hace tiempo hicimos una rutina de "replace", es decir, una instrucción que permitía coger cualquier texto y cambiar un trozo (una palabra, una frase, una letra, etc) por otro, sustituyéndolo en todo el texto. La rutina se hizo (en un momento, es una de esas cosas que se hacen en lo que se tarda en acabarse un cigarro), y allí quedó.
Dicha rutina, debido a nuestro trabajo de modificar documentos de un formato a otro se fue usando sin problema. Y el otro día pretendí utilizarla "a lo bestia", editando un texto de 10 megas de largo (que sería el equivalente, más o menos, a una enciclopedia de las grandes), cambiando una palabra (además, muy común) por otra. Y la sorpresa fue que lo que en el Word tarda unos pocos segundos, tardaba una hora en hacerlo. La función siempre había sido lenta, pero al editar textos bastante más pequeños y, además, palabras o términos mucho menos usuales, no nos habíamos dado cuenta que era extremadamente lento.
Evidentemente, algo de la rutina iba mal. La rutina lo que hacía es ir leyendo texto hasta que encontraba la palabra a cambiar. Mientras lo leía, lo iba copiando en otro sitio (una variable). Al llegar a la palabra a cambiar, escribía la palabra objetivo y volvía a realizar lo mismo con el trozo de texto que quedaba por examinar.
Hasta aquí, todo correcto. Excepto la lentitud. Examiné lo que podía pasar, donde el programa estaba perdiendo demasiado tiempo. Aceleré la forma de lectura, de escritura, pero nada. Hasta que al final, después de algunas horas, encontré el problema, al ver que para tratar documentos el doble de grandes no tardaba el doble de tiempo, sino mucho más.
En la informática, el ordenador es gilipollas, y tienes que indicárselo todo. Por ejemplo, el tamaño de lo que tiene que leer, no sea que se pase de largo y se ponga a interpretar parte de la memoria que no corresponde al tema en cuestión. Y aquí estaba el problema. Cada vez que cambiaba una palabra por otra, y se disponía a volver a buscar la siguiente, el ordenador calculaba cuanto texto le quedaba por leer. Y la forma de calcularlo no es más que ir adelantando hasta el final y contar las letras.
Así pues, si una palabra estaba 100.000 veces en el documento, como pasaba en ese caso, el ordenador se leía el documento 100.000 veces, bueno, en realidad una media de 50.000 veces, porque cada vez quedaba menos documento por leer. Es decir, pretendía leer 500 gigas de información (aproximadamente el equivalente a 700 CD's). Una vez encontrado el error, la solución era fácil. Calcular el tamaño del documento y, cada vez que se cambiaba una palabra, en vez de decirle al ordenador que calculara cuanto texto faltaba, indicárselo restando del tamaño total del documento la posición donde estaba la palabra y el tamaño de la misma.
Lo que tardaba anteriormente más de una hora, ahora lo realizaba en un segundo y medio (más rápido que el Word), al prescindir de la rutina de búsqueda (que es lo que relentizaba) estándar, que proporciona el lenguaje de programación con el que trabajo y no necesitas pasarle el tamaño del documento (porque lo calcula él, y aquí estaba el problema), por otra realizada a mano donde se le debe indicar el tamaño a leer.
Y eso es lo más emocionante que hice ayer. Ahora ya entiendo porque, aunque hagan series de policías, de médicos, de bomberos, de forenses y hasta de abogados, no hacen nunca ninguna serie de informáticos...
Sí, lo reconozco.
Es cutre y hortera.
Es la prueba que el Paint debería ser siempre la última opción.
Es la demostración que los informáticos deberían dedicarse exclusivamente a programar, y no a pretender ser artistas...
Pero es mio, que cojones...
informática.
(Del fr. informatique).
1. f. Conjunto de conocimientos científicos y técnicas que hacen posible el tratamiento automático de la información por medio de ordenadores.
ofimática.
(Acrón. de oficina e informática).
1. f. Automatización, mediante sistemas electrónicos, de las comunicaciones y procesos administrativos en las oficinas.
Uno, estudiante constante, ni que sea por años de carrera, de informática, a veces le da la impresión que lo toman por oficinista. La confusión entre ofimático, informático y un supuesto estado intermedio conocido por "power user", que explicaré posteriormente, es constante.
Se ven por doquier cursos de "informática" donde lo que se enseña, en realidad, son nociones de ofimática (moverse por Windows, navegar por Internet, fundamentos de Word, Excel y demás parafernalia Microsoft, etc).
Eso a mi me importa más bien poco (incluso yo he sido profesor de estos supuestos cursos de "informática), pero el problema viene cuando tienes que reconocer a la gente que estudias Ingeniería Informática. Mucha gente cree que en la carrera de Informática se dan asignaturas tan amenas como "Microsoft Office", o "Control del Escritorio Windows", algo así como un cursillo para utilizar programas que, de tan largo y profundo, dura cuatro o cinco años.
Después claro, viene el típico "Escucha, tu que estudias informática... ¿me puedes enseñar a hacer tal o cual cosa con PowerPoint?"
A la respuesta negativa (que vamos a hacerle... sé que existe el PowerPoint, más que nada porque es el programa que siempre quito cuando instalo el Office, pero nada más), aquel que te ha pedido consejo tiene dos opciones:
A) Pensar que realmente yo soy un experto en PowerPoint (total, si soy informático, tengo que saberlo al dedillo), pero no quiero ayudarle.
B) Pensar que, si no sé PowerPoint, es que soy una birria de informático.
En realidad, lo que mi interlocutor está buscando es, o un entendido en ofimática o, a veces, un "power user", y no un informático, es decir, un usuario avanzado de ordenadores. Alguien que conozca cualquier programa necesario para una oficina, incluyendo de paso una gran gama de editores gráficos 2D y 3D, que overcloquee el procesador de su ordenador para conseguir 100 mhz más, tenga tres sistemas operativos en su disco duro (el XP, el 2000 y una partición de Linux), etc.
Evidentemente, para estudiar Informática, es decir, programación, teoría y práctica del trato de información, etc... es imprescindible ser un "power user", en mayor o menor medida o, como mínimo, moverte con soltura al estilo ofimático. Si no, tareas como aplicar los plug-ins del Borland Builder de convierte en una auténtica odisea.
En mi época del MS-DOS, yo pertenecía a esa especie rara de los "power users", me creaba mis propios programas bat, con menu, para escoger diferentes configuraciones de memoria, dependiendo del programa o juego que tuviera intención de utilizar, conocía la mayoría de programas existentes, etc.
Pero hace años renegué de la mentalidad "power user". Ahora mismo conozco los programas que tengo que utilizar con más o menos asiduidad (y eso no incluye, ni de lejos, el PowerPoint), y lo máximo que se sobre las targetas aceleradoras es que aceleran. Tareas como instalar un sistema de redes u optimizar la targeta aceleradora para aumentar los fps, ya no caen en mi competencia.