Junio 05, 2005

Relato - Análisis

analisis.JPG

Trató de no mirar a ningún sitio. Él ya no veía un reloj, sino un mecanismo de engranajes estructuralmente complicado pero de funcionamiento simple. Su mente había dejado de ser humana.

Empezó un día feliz en el que comenzó a analizar por qué era feliz, qué era la felicidad, cómo transcurría y hasta cuando. Ya no pudo volver a sentirla; la había matado con su disección. Las personas se convirtieron para él en un sistema de tejidos movidos por reacciones eléctricas y hormonales. Ese día las emociones quedaron desterradas para siempre.

Poco tiempo después se hizo consciente de su propio cambio, y entendió que era muy simple: sencillamente su escala había cambiado. Ya no miraba las cosas como unos ojos humanos, sino como un microscopio. Desde entonces pasaba sus horas libres con los ojos cerrados, tratando de no mirar nada para no pensar.

Aquel día iba a ser distinto. Tenía que hacer algo.

Había entendido cosas que no se debían entender y había pensado en cosas en las que no se debe pensar. Y comprendió que todo lo que sentía se veía filtrado a través del cruel escrutinio de sus ojos; y los odió. Harto de su propio engaño, supo que solo había un camino posible.

Se despertó aturdido y aun bajo los efectos de las drogas y los calmantes. Más libre. Durante unos instantes dudó acerca de lo que había hecho. Sus manos se deslizaron temblorosas y dubitativas hacia su rostro, donde encontraron dos pozos de oscuridad sangrante. Sobre el lavabo teñido carmesí, los dos ojos de mirada perdida parecían añorar algo que diseccionar con la vista. Junto a ellos una cucharilla de café y unas tijeras.

No fue suficiente. Seguía desmoronando cada cosa hasta unidades exactas y frías como la dura realidad. Se había convertido en un ser incapaz de sentir el calor del roce humano; tan solo un trasvase de energía térmica a traves de una superficie orgánica y porosa. Rendido ante su causa, giró 180º para enfrentarse a sus propios miedos e interrogantes. Optó por continuar cuestionando cada mínima cosa para llegar a una última verdad inamovible: la ignorancia es felicidad y el conocimiento la causa del sufrimiento. Aun había más preguntas que hacerse y responder; hasta que encontró la que siempre había estado buscando:
¿Cuál es la finalidad del ser humano? ¿Para qué vive? Única y exclusivamente para morir.

Ahora más que nunca, irónicamente, vio todo claro. Solo se nace para morir. Sin más.

Cuando se puso en pie no había un ápice de duda en sus pensamientos. Su paso era firme y sereno. Caminó hacia la ventana y se dejó caer. Como si lo hubiese visto: doce pisos; más de cuarenta metros de caida libre con una aceleración de casi diez metros por segundo cuadrado durante unos tres segundos de interminable vuelo para impactar contra el suelo a cien kilometros por hora y esparcir los sesos por el asfalto.

Escrito por MäK a las Junio 5, 2005 02:15 PM
Comentarios

Bueno, podría decirse que el relato, lo hemos escrito entre los dos, ¿no? ;)

Muy chulo, Migue. :)

Escrito por Santo a las Junio 5, 2005 05:01 PM

Si, efectivamente el principio es tuyo. Aunque no te hace falta que yo te lo confirme, evidentemente :P.

Escrito por MäK a las Junio 6, 2005 01:24 AM

Wow! La ignorancia es felicidad...

Nada más cierto...

Escrito por Fernanda a las Febrero 18, 2008 07:43 AM
Escribir un comentario









¿Recordar informacion personal?