Granada, 26 Nov, 1:10 AM
Esta noche he estado con mis compañeros viendo Cuéntame en el salón [no se admiten críticas televisivas en este post, soy teleseriadicto y no tengo ganas de reformarme]. Y algo aburridos por al cantidad de anuncios que estaban poniendo, hemos empezado a matar mosquitos, los cuales, según creo que os he comentado en alguna ocasión, campean por el piso como pijos por Derecho.
Empezamos matando algunos que se nos ponían a tiro, casi sin darnos cuenta. Uno, dos, tres... nos motivamos y empezamos a utilizar periódicos como misiles contra los del techo, a pique de despertar a medio vecindario y a una de Wisconsin (os lo juro, de Wisconsin, USA O_o) que está durmiendo en la habitación de al lado. Ya casi no prestamos atención a la serie –flojito el capítulo hoy, por cierto-, sólo queremos matar el sexto, el séptimo mosquito. Corremos tras ellos, saltamos, golpeamos, nos subimos a las sillas, azotamos el aire. A veces, acertamos. Uno de ellos se queda atontado por el golpe y aprovechamos para quemarlo vivo con un mechero... Ah, qué maravillosa sensación ver algo en llamas. El chisporroteo, el olor inconfundible, la atracción forzosa de las llamas... Creo que ya conté una vez cómo, cuando era pequeño, cazaba moscas, las atravesaba con alfileres y, empapadas en alcohol, las hacía arder hasta que se desintegraban. Me prohibieron hacerlo porque empestaba la casa y además aprovechaba para, con el alfiler al rojo, dejar marcas en los muebles. Cosas de críos.
Lo cierto es que esta noche he vuelto a sentir, por un momento al menos, la fascinación por el fuego y la alegría inocente y cruel que siente un niño.
Quiero a Troya destruida por los aqueos, a Roma incendiada por Nerón, a París demolido por Haussmann. El mejor arte nace, como el Fénix, de las cenizas.
PD: Esta noche me espera la venganza de los mosquitos. Ahora hay dos que zumban cerca del techo. Sólo me queda confiar en mi alianza con las telarañas.
Como habréis observado, llevo ya algún tiempo sin postear. No, no es que la durísima y agobiante carrera de Ciencias Políticas no me deje un minuto de descanso... De hecho esta semana estoy hasta algo aburrido: es jueves y todavía no he salido ninguna noche O_o
Y la cosa es que escribo y todo. Escribo bastante. Pero luego me da un nosequé postearlo. Utilizo el ordenador para desahogarme, y cuando termino pienso "¿y esto al mundo qué coño le importa?". Así que mis últimos escritos se han convertido en e-mails a personas sueltas y en documentos de word en mi carpeta de "Personales".
Ya, ya sé lo que me vais a decir. Que escriba sobre cosas públicas e interesantes, cosas de las que suelen ir los blogs. Pero no me apetece, la verdad. No tengo ninguna gana de hacer un post sobre Arafat ni sobre Faluya, ni siquiera sobre las nuevas patochadas de la Iglesia Católica. Y narrar aventuras -otra de las grandes utilidades de un blog- tampoco me apetece demasiado.
Nada, que disculpen mis numerosos lectores -creo que ya llegan a la friolera de 10- la escasez de posts, pero es que estoy poco inspirado. Eso sí, si de aquí a Navidad no publico nada medianamente interesante, lo cierro. Hasta pronto.
Domingo 7 nov, 23:24
Si me preguntaran cuál es el lugar que más me gusta en el mundo, pasaría de decir un tópico: las Pirámides de Gizeh, la Estatua e la Libertad, las Cataratas Victoria... Ni siquiera un tópico cool: el cementerio judío de Praga, por ejemplo. Sin dudarlo, diría que el sitio que más amo en el mundo es Yonquisquare.
Yonquisquare, más conocido como el jardín de los naranjos de la Catedral, está en Málaga, en calle Cister. Allí voy solo o con mis amigos, de noche o de día, de juerga o a leer tranquilamente, a charlar durante horas o a oír en silencio el rumor de las fuentes. ¿Porqué se llama Yonquisquare? Pues por su público: siempre hay jipis interraílicos y vagabundos tirados en los bancos, que a veces dan un poco la lata pero le dan un toque decadente y bohemio (oh, so beautiful). Y claro, nosotros también le hacemos honor al nombre, para qué mentir...
No quiero haceros una descripción aburrida con la que poco os podríais imaginar, y no tengo aquí en Granada fotos suyas. Cuando vaya a Málaga añadiré al post una foto preciosa que tengo de Yonquisquare al atardecer. Simplemente voy a decir que hay estanques y fuentecitas, que hay bancos arrancados del suelo para poderlos colocar como a uno le de la gana, que hay gatitos que se asustan al verte, que hay una Catedral al fondo. Sobre todo, la Catedral; un enorme ábside renacentista, que semeja más bien una fortificación –sin llegar a ser un castillo como la de Almería-, con sus vidrieras y sus desagües en forma de cañón. Ah, y los naranjos. Está rodeada de naranjos y palmeras, que dan una sombra muy agradable los domingos por la mañana, cuando voy allí a leer después de escuchar el órgano –increíble instrumento- de la Catedral.
Pero todo esto no sería nada sin las vivencias en esa plaza. ¡Cuántas amistades, cuántas risas, cuántas experiencias, cuántas penas han nacido allí! Yonquisquare ha sido uno de los principales escenarios de mi vida durante 3 años. Cada vez estoy más convencido de que esos años han tenido una unidad, de que han formado una etapa claramente definida de mi vida que ha acabado para dar paso a otra. No la desecho, ni mucho menos, y me llevo un muy buen recuerdo de ella, pero la situación es ahora otra. Quizá se pueda decir que aún ando en transición, mas el cambio es indudable. Así que Yonquisquare es ahora para mí, más que un sitio, un trozo de mi vida; es el tiempo que ahora recuerdo con nostalgia cuando vuelvo a escuchar en mi mente el rumor de las fuentes y el triste sonar de los acordeones.
PD: Se me acaba de ocurrir, y es una locura y una horterada, pero quiero que esparzáis mis cenizas allí cuando muera. Así al menos os ahorraréis tener que ir a verme al cementerio, que es un sitio terriblemente feo; estaré donde siempre, donde sé que siempre iréis con cierta regularidad, porque en mayor o menor medida Yonquisquare también es un trocito de vosotros.
Lunes 8 nov, 0:00. Me voy a dormir con la terrible amenaza de un mosquito sobrevolando mi cuarto.
Sábado 6 nov, 13:20.
Una mosca está bailando al otro lado de la ventana, al son de una canción de Kepa Junkera.
Angustias está preparando el almuerzo. Tengo hambre. No he desayunado.
Seguro que a estas horas os estaréis levantando, cabrones. Yo he estado estudiando Sociología desde las 12.
Ahora no. Ahora escribo polleces en el ordenador porque echo de menos mi Internet, mi Caesar, mi Conquerors... Bueno, también a los que no estáis en Granada.
El libro de las ilusiones de Auster está ya en la estantería de nuevo. Lo he terminado esta mañana, sobre las 9. Luego me he vuelto a dormir. ¿Qué tienen los libros de Auster? Pues no sé exactamente, pero en todos me siento algo reflejado, y es normal, porque al final todos son el mismo libro, la misma historia, pero con distintos nombres. Como los (el, pues) de Reverte. No, en ellos no me veo demasiado reflejado: El protagonista siempre es un tipo que hace muchas maldades pero con un código ético sacratísimo. Yo soy un buen hombre que se pasa la ética por el Arco del Triunfo.
Tengo tos. Todas las mañanas me levanto con mucha tos. Así que inhalo el Terbasmin y el Pulmicort, y alargo la vida de mis pulmones para poderlos seguir jodiéndolos un rato más. Esto es como en las cárceles de la Inquisición: toda la tortura que quieras, pero cuidadito con matarlos.
Planes cinéfilos en mente: ya he encontrado Noviembre en un videoclub, tengo que buscar ahora por cielo y tierra Underground y Lisbon Story. Iré a ver, si puedo –si tengo dinero, se entiende-, El puente de San Luis Rey y Lobo -¿la banda sonora será de Kortatu?
Sábado, 13:37. Suena Vergtimmen de Hedningarna. Más hambre. Fin del post.
Viernes, 5 nov 2004
Ayer, esperando a Fher en la puerta de Traductores –llegó 40 minutos tarde, como siempre-, Eloy y yo hicimos un pequeño balance del primer mes en Granada: Vacaciones. Mejor incluso que unas vacaciones, porque aquí hay mil cosas que hacer y no te da tiempo a aburrirte, y un montón de gente nueva también. Lo malo es madrugar, aunque si no madrugas no hay clase, y las clases no están mal. Además, no se puede decir que no esté estudiando. Estoy estudiando, quizá incluso más de lo que estudiaría en Málaga. Estoy estudiando hasta Estadística, y eso que no me entero de nada. De hecho estudio para no sentirme culpable cuando suspenda. Lo importante es participar, ¿no?
Espero no arrepentirme de estas declaraciones cuando lleguen los exámenes... Pero bueno, me aplicaré la definición de economista: “Persona que explicará mañana porque ha fallado hoy lo que predijo ayer”. Así que, damas y caballeros, no se separen de las pantallas hasta dentro de tres meses, cuando quizá tenga que retocar este balance para explicar una debacle.