Hay algo en Málaga que no tendré nunca en Granada (a menos que me mude al Albaycin, y no está previsto): estas vistas desde mi cuarto

Es que el otro día tenía que gastar un carrete y eché fotos en mi cuarto. He aquí el rinconcillo más kitsch y ecléctico de la casa, la pared que tengo enfrente ahora mismo (bautizada por Pepe como "el muro de las lamentaciones"):

Dibujos de mi hermano, del Chino, de Tere, de Pepe y de Sonia, ya que Alexis y Laura nunca me regalan ninguno ¬¬, fotos, folletos, cuadros, más fotos, una pluma de pavo real por la cara y gotelé... ¡una mezcla explosiva!
Alguna vez os he hablado de Yonquisquare, y el último relato también estaba ambientado allí. Así que, como os prometí, pongo una foto:

Y porque hoy estoy generoso y echo de menos el calorcillo del verano, una canción de Albert Pla que, por otra parte, también tiene que ver con la placita...
VEINTEGENARIOS - Albert Plá
Sentaditos, sin razón,
en el portal, cara al sol
nada somos, na tenemos
no queremos ni hacemos
Sólo el sol, y el portal
sin más obligaciones,
ni ambiciones, ni intereses
sin tener na que hacer,
ni que ganar, ni que perder
aquí estamos tan bien...
Tomando el sol, tomando el sol
¿qué más podría hacer yo
en esta mierda de rincón?
¿qué otra cosa que no sea
tomar el sol?
Insolación, insolación...
Sin estudios, sin trabajo,
somos como lagartos:
ni cobardes, ni valientes,
ni revolucionarios
Somos mudos, y algo sordos
y aun teniendo muy claro
quiénes son los culpables de todo
nosotros nos callamos.
Y dad gracias, porque estamos
pasando de to, de to...
Tomando el sol, tomando el sol
...
Jóvenes, pero ancianos
ya nacimos cansados
pasa el tiempo despacio
somos veintegenarios
Y aunque aquí nos quememos
y aunque intenten jodernos
nunca protestaremos
y aquí nos quedaremos,
no moveremos ni un dedo,
pasaremos de to, de to...
Tomando el sol, tomando el sol
¿qué más podría hacer yo
en esta mierda de rincón?
¿qué otra cosa que no sea
tomar el sol?
Insolación, insolación...
¿Será el sol, será el calor
o sólo una fulminante insolación?
Insolación, insolación...
No hay ninguna “posguerra”.
Los necios llamaban “paz” al simple alejarse del frente.
Los necios defendían la paz sosteniendo el brazo armado del dinero.
Más allá de la primera duna, los enfrentamientos proseguían.
Garras de animales quiméricos hundidas en las carnes, el Cielo lleno de acero y humos, culturas enteras extirpadas de la Tierra.
Los necios combatían los enemigos de hoy avituallando a los de mañana.
Los necios hinchaban el pecho, hablaban de “libertad”, “democracia”, “aquí en nuestro país”, mientras comían el fruto de razzias y saqueos.
Defendían la civilización de sombras chinescas de dinosaurios.
Defendían el planeta de simulacros de asteroides.
Defendían la sombra chinesca de una civilización.
Defendían un simulacro de planeta.
Preámbulo de 54, de Wu Ming
Siguiendo con mi manía de actualizar mitos, hoy pasamos al típico cuento de Navidad: Un personaje penoso y desesperado, un milagro navideño que hace feliz al tipo y, al final, alguna prueba material que demuestra que el milagro ha existido realmente. En fin, no soy Dickens, pero tampoco me lo propongo.
CUENTO DE NAVIDAD
El hombre camina por el empedrado con el paso vacilante y nervioso de un gorrilla. Pide un cigarro a una pareja que estaba sentada en un banco y se lo dan con una mirada de desprecio. Se sienta a su lado y los chicos se levantan. Realmente su aspecto es deprimente, con ese anorak azul y fucsia encontrado en un contenedor, el pelo grasiento y la barba de dos semanas. Su olor es ya una mezcla irreconocible de sudor, humo, vino barato, cerveza ínfima y miseria en general. Simplemente un yonqui, uno de tantos que daban nombre a la plaza donde ahora descansaba. El hombre fuma, fuma nervioso y a la vez sin prisa, intentando que el cigarro no se consuma tan rápidamente. El humo del tabaco y el vapor se confunden saliendo de sus labios, hace un frío terrible. Demasiado frío incluso para ser la noche del 24 de diciembre.
Los guantes mugrientos están empezando a chamuscarse cuando por fin tira el cigarro al suelo y lo pisa. El mono vuelve con más fuerza. Dos días sin chutarse. ¿Tenéis para un porrito? No, no tienen. Los cuatro tíos de enfrente, apalancados después de una larga noche, le miran con lástima, o quizá con miedo, o con impaciencia. Otro enganchado que les molesta. La plaza está cada vez peor, entre los yonquis, los merdellones y la secreta.
Dos días sin chutarse. No ha conseguido ni tres euros pidiendo y no tiene fuerzas para amenazar a nadie. Son también dos días sin comer. Y nadie puede ayudarle en esta ciudad. Se tumba en el banco, el cuerpo se enfría y comienza a tiritar. El viento y la humedad le calan los huesos. Son las 5 de la mañana y falta mucho para que llegue el sol. Quedan grados por descender aún.
Dos días sin chutarse. Imposible moverse, imposible mantenerse quieto; todo su cuerpo, helado, tiembla. Los cuatro tíos de antes pasan a su lado y se despiden entre ellos, más adelante, deseándose Feliz Navidad. Estamos en Navidad. Es Nochebuena. No hay regalos esta vez. Dos días sin chutarse. Querido Papa Noel, este año he sido malo con cojones, pero necesito un chute. Por tus muertos. Y si te lo curras, un saco de nieve, cabrón, que para algo vives en Finlandia, o en Islandia, o en la Antártida. Dos días. Por favor, Santa Claus, gordo. Lo piensa de verdad, lo pide, reza. Cierra los ojos. El espíritu de la navidad. El nosequé de los anuncios. Los pascueros, este año protegidos por plástico y alambres para que los ciudadanos no se los lleven a sus casas. Las luces. El frío. Ya no siente los pies ni las manos. Está solo en la plaza. Dos días.
Y entonces pasa. El milagro se cumple. Una sombra llega, le tapa con una manta y le incorpora un poco en el banco. Remanga su brazo y pincha sin dudar, las venas se marcan ya con claridad y un rosario de cicatrices enseña el camino. Al principio no hay nada, salpicaduras de plasma y glóbulos. Pero no, el corazón ya está bombeando. El calor corre por sus arterias, el cuerpo deja de tiritar. Suspiro. Relajación de músculos y esfínteres. Silencioso pedo que sólo él percibe, solo frente a la mole de piedra de la Catedral. Sonrisa. Gracias, Papa Noel. Feliz Navidad.
***
Trabajar la mañana de Navidad no es algo nada apetecible. Pero pagan bien. Los basureros recogen botellas, barren colillas y lanzan imprecaciones al tener que recoger condones usados de los bancos. Más cristales rotos y vasos de plástico. Antes no se salía en Nochebuena, Paco. Era un día en familia. Qué pena. Su compañero asiente. Para pena este pobre hombre. Despiértalo, anda. La escoba arrambla con una colilla y una jeringa. Manotazo en el hombro. Zarandeo. No hay respuesta. La leche, Paco. La ha palmado el tío. Zarandeo y débil palmada en la cara, fría como el mármol. En balde.
Sí, agente, en el jardín de los naranjos. Un mendigo, seguramente muerto ya. De acuerdo, esperamos aquí a la ambulancia. Ah, gracias, feliz navidad a usted también.
Señoras, señores, cosas y animales... he vuelto a casa. Por navidad, como el Almendro.
De nuevo en Málaga. De nuevo resfriado.
Mierda de ciudad - Kortatu
Todo este sábado me lo voy a pasar
privando en mi casa hasta reventar.
Ya estoy harto, no quiero salir más,
siempre lo mismo, ¡mierda de ciudad!
En la calle tontos que saludar,
coches zeta, un cacheo en el portal,
chulos de puta teniendo que aguantar,
siempre lo mismo, ¡mierda de ciudad!
No hace falta que nos lo diga nadie,
ya sabemos que es un pataleo gratis.
No cambiará nunca esta situación,
siempre lo mismo, ¡mierda de canción!
Todo este sábado me lo voy a pasar
privando en mi casa hasta reventar.
Ya estoy harto, no quiero salir más,
siempre lo mismo, ¡mierda de ciudad!
...En fin, no está tan mal como para tomarse a pecho la canción, pero cada día me gusta menos. No sólo es que Granada esté mejor, es que Málaga por sí misma está cada día peor. O puede ser que sólo este cambiando, y yo busco cosas que dejé y que ahora no encuentro.
Feliz Navidad. Por si acaso, digo.