Diciembre 09, 2003

Esquivando balas...

Somalia, 1992

Años de guerra entre clanes rivales causan hambre a escala biblíca: 300.000 civiles mueren de hambre. El ejército estadounidense envía a dicho país a sus unidades más importantes, los Ranger y los Delta Force. La misión: capturar a un grupo de líderes de la guerrilla, para poder acabar con la utilización del hambre como arma.

Pronto una misión que duraría sólo unos minutos se convierte en un infierno. Un helicóptero es derribado, un hombre cae herido,... De repente los estadounidenses implicados se ven envueltos en un combate urbano en el que son minoría, son extraños y no son aceptados.

Independientemente de las connotaciones políticas y éticas, lo cierto es que gran parte de las fuerzas americanas allí presentes no estaba en opciones de escoger entre ir o no ir, entre estar en Somalia o estar en casa. La única opción que podían escoger en ese instante era luchar o morir.

A veces es posible escoger entre luchar o no... y ahí es donde se distinguen a los pacifistas de los belicistas. Pero en ocasiones, no existe esa opción, sino únicamente la de continuar hacia delante o abandonarte al entorno. Admiro a quien es capaz de superar la adversidad, sea de la forma que sea.

Una década más tarde, se aprovecha ese evento para conmemorar la capacidad de improvisación, la resistencia física y emocional y el espíritu de equipo demostrados por aquellos jóvenes. Sin importar nada más, sin considerar causas, motivos o consecuencias del caso, la película es para mí una epopeya de lo grande que puede ser el ser humano, incluso en las situaciones más dantescas posibles. Esa conmemoración es la película BlackHawk Down (Derribado).

Se oye a tu compañero: "¡Hombre herido!". Está a tu lado, pero su voz ha sonado lejana, tal vez por el ensordecedor ambiente repleto de fogonazos de armamento, tal vez porque estás ensimismado en no flaquear en esa décima de segundo que podría ser la última. No quieres estar ahí. Nunca lo has querido. Estás incómodo. El sudor corre por debajo de tu chaleco, y te duelen las rodillas. El brazo casi no puede más, desearías soltar ese estúpido rifle, y lo harías, si no fuera porque paradójicamente es lo único que te permite continuar.

En ese instante, corres de un lado para otro, solventando los problemas, tratando de permanecer firme, dudas, corres hacia un lado, paras, vas hacia otro, te cubres,...

En ese momento, Grimes (interpretado por el magnífico Ewan McGregor) atraviesa un cruce de calles. Un lanzagranadas se dirige hacia él, explotando a escasos metros. El ruido es atronador, y los restos de piedras entran por toda su ropa, como metralla ardiente. Mientras los cascotes aún caen, se reincorpora a duras penas, recogiendo su fusil. Y es entonces, al reanudar la carrera, cuando este soldado, experto en tácticas y combates, que ha pasado uno de los programas físicos de entrenamientos más duros existentes, emite un profundo grito desde el fondo de sus pulmones:

- "¡¡¡Me cago en toooodo!!!"

No pude contener la risa en el cine en esta escena. Aún hoy cuando la veo, se me dibuja en la cara una curiosa sonrisa de complicidad, de profunda identificación con el personaje.

No es ninguna frase profunda. No es un pensamiento elevado, claramente. Es simplemente resignación, es tirar pa'lante con rabia (no odio), es no acongojarse ante la vida, es levantarse y seguir corriendo... Es luchar, no contra nadie, sino contra todo... Es vivir...


Por eso, cuando oigo silbar balas en la oficina, no tengo más que el gesto mental de sujetar el fusil, afirmar el caso con un brusco toque de la otra mano, y correr en busca de una pared a modo de cobertura.

Escrito por Uesugi Kenshin a las Diciembre 9, 2003 08:56 PM
Comentarios

Silbar balas en la oficina?
Xikillo!! Donde trabajas tu??

Escrito por bambú a las Diciembre 11, 2003 09:14 AM


Es metafórico XD

Solo faltaría que fueran balas de verdad (entonces sí que me pego un tiro yo solito)

Escrito por Uesugi Kenshin a las Diciembre 11, 2003 06:24 PM
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