Febrero 02, 2004

And I will leave no one behind

Este fin de semana vi una película que me impactó. "Cuando éramos soldados", protagonizada por Mel Gibson y dirigida por Randall Wallace.

Como muchas otras películas, tras terminar de verla, en un primer momento no me dejó fascinado. Simplemente, no me desagradó. Pero a medida que fueron pasando las horas, cuando iba reflexionando sobre determinadas escenas, mi inquietud fue en aumento.

Tengo la manía de buscar lo mejor de las películas, especialmente en lo referente a la descripción de los personajes. Por eso, aunque la película tenía una gran dosis de machismo y burdo patriotismo americano (como casi todo el cine bélico estadounidense, por cierto), me gustó el personaje de Gibson, y eso compensa. Porque fallos en las películas hay miles. Solo tienes que buscarlos. Pero coger algo que te interese, reconocer algo de valía, y tratar de hacerlo tuyo, para mejorar y crecer como persona, es lo que realmente tiene mérito. Y a fin de cuentas, con los que me rodean hago lo mismo. Busco savia nueva.

El personaje de Gibson es el Teniente Coronel Hal Moore, que dirigió sus tropas helitransportadas en la primera batalla de la Historia, según reza la película, entre tropas estadounidenses y tropas vietnamitas.

Se me puso la piel de gallina cuando vi la escena en la que alienta a sus tropas antes de partir a Vietnam. Paré el DVD, retrocedí y lo puse en inglés, para saborear todos los matices del discurso (tampoco es que un servidor sea un experto en el idioma de Shakespeare, pero quería captar la justa entonación de las palabras, lo que no defraudó):

“We are moving into the Valley of the Shadow of Death where you will watch the back of the man next to you, as he will watch yours, and you won’t care what color he is, or by what name he calls God. We are going into battle against a tough and determined enemy. I can’t promise you that I will bring you all home alive. But this I swear... when we go into battle, I will be the first to step on the field and I will be the last to step off. And I will leave no one behind... dead or alive.”

Un líder nato. No por su elocuencia, en realidad algo escasa en el film. Fue porque ante todo, sentía el liderazgo. Decidido, firme, justo,... pero al mismo tiempo, buscaba lo mejor para sus hombres. Luchaba por ellos. Era el primero en meterse en el infierno. Ante todo, era un ejemplo de arrimar el hombro.

No fue el cómodo que se refugiaba en la retaguardia, ni un jefe que te grita por el estrés del conflicto. Buscaba dar ánimos, entendía a sus subordinados, les conocía, hacía un esfuerzo por saber de ellos,... Era como un padre.

En definitiva, sus hombres no le seguían por temor a su castigo, sino porque creían en él. No seguían a unos galones, sino a un ser humano.

Me gustaría algún día ser como él. Llegar a ser líder, no por la vanagloria de ser importante, sino por lo que significa: porque destacas entre los demás hasta el punto de que eres conveniente para quienes te rodean, porque asumes la figura de patriarca, de protector.

Aunque hoy por hoy, todavía me queda mucho trabajo por delante. Especialmente en lo que respecta a timidez e inseguridad. Pero tal vez algún día...

Escrito por Uesugi Kenshin a las Febrero 2, 2004 06:35 PM
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