Febrero 23, 2004

No mind... No pensar...

Hoy es un buen día.

El viernes salí por la noche con los colegas. Pensé que lo mejor sería desconectar de todo pensamiento que fuera mínimante profundo, y resultó. Era lo que necesitaba: reirme y disfrutar. Dejar de pensar.

El sábado volví a repetir la experiencia, con resultados aún más sorprendentes. Conocí a un grupo de chicos y chicas que se vinieron de la isla vecina a disfrutar de estos carnavales.

Yo estaba, la verdad, de risas y fiestas. Y total, que estuve de cachondeo con todo dios. Incluso con los desconocidos que pasaban (aunque eso no es novedad porque aquí en mi tierra, el buen ambiente que se respira en la calle por la mayoría de la gente, lo hace tan especial...).

Cuando me di cuenta, estaba de cachondeo particularmente con una de las chicas, que era bastante simpática. Y además, también era bonita, aunque de eso no presté nada de atención. No estaba esa noche para intentar nada con nadie.

Cuando me di cuenta, ya llevábamos un buen rato juntos, que si risas, que si bailes, que si decía burradas y ella se partía...

En un abrir y cerrar de ojos, ya estábamos bailando pegaditos, agarrados el uno al otro, aunque la música era cañera y no pegaba el estilo de baile ni con cola. Pero no importa, que estamos en Carnaval, y aquí nada pega...

Y cuando me di cuenta, ya estábamos besándonos, y nuestras manos recorrían nuestros cuerpos sin pudor propio, ni ajeno.

Es curioso lo que hace el ambiente de fiesta, el alcohol suficiente como para desinhibirte y el encontrar a una chica que te gusta.

Aunque la noche que conocí a Patricia, la situación era muy parecida, y no pasó nada. ¿El motivo? Que no pensé.

No pensé si le gustaría un chico como yo. Por eso, incluso con barba de tres días, una peluca horrible, una camisa militar de asillas que me haría parecer gay si no fuera por el sujetador con relleno, y los pantalones de chica que tenía... seguí de risas y fiestas.

No pensé si ligaría o no con ella. Tampoco me importaba, porque a fin de cuentas, lo que quería era reirme con ella, disfrutar del momento,...

Tampoco pensé si un beso le molestaría, o qué se supone que debía hacer cuando se me acercaba, o si caería como un buitre o un pesado...

Más que decir que el alcohol me transformó, prefiero decir que me liberó. Que me permitió ser yo mismo, disfrutar del momento, y dejarme de pensar en las mil consecuencias que puede tener cada uno de mis actos.

Viví. Aunque fuera por una noche.

Al día siguiente, un par de mensajes y nuestras direcciones del Messenger. Así, sin remordimientos. Manteniendo el cachondeo. La gracia es que seguramente pensará que soy el típico "aquí te pillo, aquí te mato", que liga en cada esquina. Si hasta quedé provocador, qué cosas...

La lástima es que no vive aquí. Está de paso.

Conocer a alguien que me gusta y le gusto, aunque fuera por una noche o por una semana, pero que la distancia física nos separa de manera casi irremediable.

Joder, por qué será que no me sorprende...

Escrito por Uesugi Kenshin a las Febrero 23, 2004 05:19 PM
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