Llenó dos tazas. Francisca se llevó el té a los labios. Le temblaba la mano. Veía la espalda de Pedro cubierta por sus dos mochilas cuando desaparecía en el andén de la estación del Este, veía otra vez el rostro que había vuelto hacia ella un instante antes. Había querido mantener en ella esa imagen pura, pero era sólo una imagen que sacaba sus fuerzas de los latidos de su corazón, no podía bastar frente a aquella mujer de carne y hueso. En esos ojos vivos se reflejaban la faz cansada de Francisca, su perfil sin dulzura. Una voz susurraba: El ya no la quiere, no puede quererla.
-Creo que usted tiene una idea muy romántica de Labrousse - dijo Francisca abruptamente-. Sabe, él no sufre las cosas sino en la medida en que quiere sufrirlas. No le importan sino en la medida en que quiere que le importen.
Javiera hizo una mueca.
-Usted cree.
Simone de Beauvoir: La invitada.
Escrito por calamar a las Junio 17, 2004 11:52 PMA mí también me impactó mucho esa frase, es tan real pero tan difícil...
Escrito por k a las Julio 23, 2004 04:25 AM