3 de Julio 2009
Virgen de Guadalupe
Aparté la mirada de las córneas de la Virgen de Guadalupe, mientras las moscas se acercaban a las velas.
He olvidado el nombre de los ríos, de las calles, y de los dictadores. He olvidado cualquier recuerdo memorizado contra mi voluntad. Cada vez que duermo con una adicta, todo vuelve a oler a la soga del muerto. Me asusté cuando mi sudor empezó a oler como el suyo. Después me escapé. Nunca he podido mirar a una cámara, ni aguantar la mirada más de dos frases. Eso me ha llevado al individualismo y al miedo. Conviértete en el papel que interpretas ó préndele fuego al teatro. En el espejo, sólo veo a un hombre permanentemente decepcionado. Mis facciones son la desesperación de un autorretrato de Adam Neate.
Aparté la mirada de las lágrimas de cera que caían sobre los pies de la virgen mexicana. Fui incapaz de levantar la cabeza.
26 de Junio 2009
me quedé mirando las paredes de mi iglú
pensando en las cabezas de minotauro
que sonríen degolladas junto
a montañas de azafrán
en los momentos que median
entre el miedo y el placer
hedonismo, irrealidad, y sex pistols
me quedé mirando las paredes de mi iglú
esperando a que se deshiciesen sobre mí
27 de Mayo 2009
Dolk
Cuando se duerme, me quedo en silencio mirando sus tatuajes, como un niño levantando el cuello hacia el techo de la Capilla Sixtina.
Ni siquiera dormida parece inofensiva. Mi abuelo decía que no me fiase de una mujer a la que no hubiera visto llorar.
Si tuviera los brazos suficientemente largos, escribiría en el techo, no quiero volver a dormir contigo.
En el suelo está mi nómina, sus bragas, y un folleto de una escuela de buceo.
Nuestro reflejo, en cualquier parte, me recuerda a ese stencil de Dolk. Una pareja abrazada, con granadas de mano en lugar de cabeza. Y cada uno, a punto de tirar de la anilla del otro.
Mi abuelo era el hombre más inteligente que he conocido.
21 de Mayo 2009
No quiero ver morir a mi padre. No quiero ver morir a mi madre. No quiero ver morir a la mujer que duerme conmigo.
Soy un hombre cobarde, incapaz de enfrentarse a la forma del dolor.
Besaré mis zapatos antes de enterrarlos.
9 de Abril 2009
golpe en la sien
Aquí dentro (golpe en la sien) tú y yo hacemos grandes cosas juntos. Todas esas cosas que sólo existen en las paredes químicas de nuestras cabezas. Cosas bonitas y extrañas, en cualquier caso. Como tu perfil manga recortado en mitad de la noche.
La primavera sólo es un nombre al principio del próximo túnel. Alguien debería drenar este exceso de testosterona. Somos animales asustados respirando bajo la corteza de un cedro.
Los pájaros seguirán volando gracias a un principio físico que desconozco. Soy el hombre que da la mano a los niños que no son sus hijos.
25 de Marzo 2009
tendones
Otra vez esa maldita sensación de que podría sentarme junto a un muro, y comérmelo poco a poco, en pequeñas magdalenas de hormigón. Esa maldita sensación de ser el último hombre bailando sobre la última placa tectónica. De notar los haces de músculos tensarse como los cables de un ascensor, mientras el cielo se desprende como velcro viejo. Otra vez esa maldita sensación de que podría sobrevivir a casi cualquier cosa. Incluida tu mirada.
23 de Marzo 2009
en la estación
nadie mira cómo amanece
leen sus periódicos
miran al cemento
silencian sus teléfonos
los humanos han muerto
nadie mira cómo amanece
5 de Marzo 2009
El pánico ante la frialdad con la que te deshaces de las cartas de las mujeres a las que quisiste. Es el mismo pánico ante la frialdad con la que jodes con mujeres a las que nunca querrás.
1 de Marzo 2009
purpurina azul
Un ruido sordo y seco. Como el de un gato cayendo al suelo desde lo alto de un faro. Hay corrientes de efedrina flotando, como un soplo de purpurina azul, en los agujeros negros de mis miedos. Cada vez que cierro los ojos veo un planetario en la bóveda de mi cabeza. Cada vez que los abro veo un gato muerto a los pies de un faro. Está empezando a amanecer sobre el esqueleto de la ciudad. Los aviones despegan de entre las vísceras iluminadas. He oído un ruido sordo y seco. El faro se ha apagado.
27 de Febrero 2009
no creía en aquel amor de crash test dummies
pero, al menos, era una forma de amor.
después de cada colisión,
alguien nos recolocaba la cabeza
y devolvía a nuestra posición inicial
18 de Febrero 2009
la droga llega con las primeras decepciones
las corbatas con las primeras expectativas
la muerte con las primeras ansias de vida
9 de Febrero 2009
me siento tan sucio al despertarme
que algunas veces
pienso en lavar mis vísceras
a mano
con agua oxigenada
colgarme con pinzas del tendedero
y ver como oscila mi sobra
mientras poco a poco
se dibujan las siluetas
de los cuervos
sobre el suelo
de ladrillo rojo
4 de Febrero 2009
fyi
El mundo laboral degüella el noventa por ciento de mis valores y principios. La vida por definición es absurda, y trabajar para alguien no ayuda a mitigarlo.
Cuando miro a esa gente, sólo puedo pensar en ahorcarlos, uno a uno, con el cable de sus ratones.
El cargo que aparece bajo sus nombres en las tarjetas de visita, es la falsa esperanza del ahogado que deja de ver la orilla.
Sus zapatos, sus acrónimos, sus jerarquías. Sus almas de sicario desprovistas de la verdadera nobleza del asesino.
Ser el hombre importante de una empresa, no te convierte en un hombre importante.
Lo peor de una sociedad no está en sus cárceles, está en sus empresas, que en el fondo, no dejan de ser cárceles.
7 de Enero 2009
la noche después del apagón
las cosas empiezan y acaban,
con la misma incertidumbre
que se preparan las velas,
la noche después del apagón.
29 de Diciembre 2008
16 de Diciembre 2008
ladrones de ojos
Cuando alguien lea esto, dentro de unos años, utilizando un simulador de la vieja Internet. Y se avergüence de nuestros miedos, y especialmente de la tecnología utilizada para difundirlos. El día que el verdadero reto sea desaparecer, y perder la identidad virtual. Alguien nos recordará, con el mismo cariño, con el que nosotros miramos las fotos amarillentas, de los desconocidos que nos engendraron. Y pensará que somos los nietos de las enfermedades amables. Y los padres de la precariedad tecnológica. La noche que los ladrones de ojos se conviertan en los nuevos camellos de la biometría.
6 de Diciembre 2008
somos hombres
permanentemente predispuestos
a algo que aún desconocemos
somos órganos frescos
en la sala de espera
de un país extranjero
3 de Diciembre 2008
vives solo
comes solo
paseas solo
duermes solo
¿no es un exceso
de ausencia?
seguramente,
pero sólo ahora
entiendo qué es
estar solo
hablas solo
escribes solo
30 de Noviembre 2008
pulpa de tomate
La he visto corriendo cerca del mar, boxeando contra un árbol, luchando, como siempre, contra sí misma.
No parecía ganar, pero al menos, parecía creer en lo que hacía. Mi sombra, cinco años después, con las muñecas rotas y las manos rojas como palomas abiertas por la mitad.
Siento todo lo escrito. Ha sido una época extraña. Escribir no me hace feliz, pero no escribir tampoco.
Es sábado y la calle huele a pulpa de tomate.
27 de Noviembre 2008
reacción animal
Algunas veces, pienso en cómo hubieran sido las cosas, si la gente que ha diseñado la persona en qué me he convertido, se hubiera mantenido al margen.
Si la gente que decidió cómo rellenar los días, las carencias, y las fisuras, hubiera optado por no hacerlo.
Algo así como el cuidador del zoológico, que deja las puertas de las jaulas deliberadamente entreabiertas. Y se sienta, entre las palmeras, a esperar la reacción animal.
18 de Noviembre 2008
30 de Octubre 2008
algo ajeno
No puedes encerrarte en una campana de cristal y tratar de ser puro, nuevo, y original. Seguramente acabarías imitando el sonido del silencio.
Decir que está todo escrito, inventado, y follado, me parece asumir una derrota prematura. Como dejar que una madre muera calcinada por un incendio que sólo existe en su cabeza.
En cualquier caso, mi vida y mi escritura, se quedaron suspendidas en algún punto hace tres años. No han evolucionado, son agua estancada. El miedo es un cepo en un jardín de un metro cuadrado.
Siento vergüenza al pronunciar. Mi vida. Mi escritura. Me parecen algo terriblemente ajeno. Como una tercera mano. Sobre la mesa de un hombre que come solo.
26 de Octubre 2008
23 de Octubre 2008
jack london
Cuando pienso en el amor, pienso en un lugar lejano, en un pueblecito escandinavo. Cuando pienso en la muerte, pienso en Jack London, y pienso en sus esquimales.
Esta mañana, el cielo se ha abierto como una naranja. Azúcar de domingo para cerebros depresivos. Cualquier vida es un desperdicio. Seguramente, el único error es tratar de demostrar lo contrario.
Hay una mujer en el suelo. Replegada sobre si misma como un planeta pequeño. Esa mujer eres tú. De todos mis accidentes, eres el único contra el que volvería a estrellarme. De cabeza.
Cuando pienso en ti, pienso en tulipanes rotos, y pienso en abrazar algo descascarillado.
15 de Octubre 2008
27 de Agosto 2008
soy un hombre feo
que vive
en un sitio feo
el desprecio que
siento por mí
sólo es comparable
al desprecio que
siento
por todo
lo demás
no tengo
problemas
reales
más allá
del hastío
o la decepción
no soy alguien
que necesite
una catástrofe
aérea
ajena
para volver
a creer
en la vida
simplemente
creo
que la vida
no despega
esta es otra
de esas noches
en las que noto
ahí arriba
que la idea
del suicidio
se acerca
como una mosca
a una bombilla
recién encendida
30 de Julio 2008
mediterráneas
Mujeres con golondrinas de colores tatuadas en el antebrazo izquierdo, y mujeres escurridizas como el lomo de una carpa. Mujeres abatidas por sus propios disparos, y mujeres que riegan sus barriles de pólvora. Mujeres extrañamente delicadas que parecen no excretar, y mujeres que rezan por un último papel secundario digno. Mujeres apocalípticas esperando un resbalón en cualquier cornisa, y mujeres con coños alegres que se repliegan como la defensa de un equipo italiano. Mujeres con las que no volverás a dormir, y mujeres que no volverán a dormir con nadie. Mujeres que sueñan con un arpón que ampute sus colas de sirena, y mujeres que nunca olerán a mar.
3 de Julio 2008
la forma del dolor
atestigua
que la belleza
sólo se sincera
a través del
sufrimiento
así que
para olvidarnos
de lo que fuimos
deberíamos
esconder
tus pezones
y mi orgullo
en una cajita
una de esas
que registran
los últimos
bandazos
del avión
antes de
implosionar
y saltar
en pedazos
19 de Junio 2008
agazapada
Había calles cortadas en el mapa de su cabeza. Tenía los tobillos tatuados, la espalda tatuada, las entrañas tatuadas. Era una mujer agazapada en esta ciudad que se mutila a si misma.
Había algo terriblemente visceral en cada uno de sus gestos. Y lo escondía tras ese enorme telón de pelo que le cubría los ojos. Si te acercabas lo suficiente, podías ver a Nerón en su mirada, cada vez que encendía un cigarrillo.
Quizás su único problema, es que era una mujer por la que nunca nadie hubiera muerto. Ni matado.
3 de Junio 2008
dormimos abrazados
a pequeños teléfonos móviles,
esperando que se iluminen
como bengalas en mitad de la noche
somos náufragos
embotellando mensajes
de ciento sesenta letras,
disparando poesía al aire
como mejicanos borrachos.
la tecnología ha acabado con el amor
alguien debería acabar con la tecnología
30 de Mayo 2008
escombros
Si fuera capaz de escribir con sinceridad, reconocería que he vuelto al juego y a la droga. Aunque claro, seguramente alguien se asustaría al leer eso. Me despierto con polvo en la cabeza. Bajo banderas de colores. Escuchando fados portugueses cantados en alemán. Algunas veces, cuando recuerdo el niño que fui, aparto la mirada del hombre en el que me he convertido. Tengo veintisiete años, y sufro demasiado. Miento tanto que mi vida ya no existe. El mundo no necesita amor. Necesita algo en lo que creer. Llevo dos años escapando del suicidio de la mujer a la que quise. Tengo la sangre triste y sucia. Como la mirada. A veces, en el espejo, sólo veo un edificio en llamas. Prométeme que barrerás mis escombros.
13 de Mayo 2008
soy incapaz
de respetar
mi sueldo
porque
soy incapaz
de respetar
mi trabajo,
así que bebo,
apuesto,
viajo,
y regalo el resto
y dar un billete
a un mendigo
no es un acto de
caridad,
es sólo
un agradecimiento
por tener cojones
a vivir
con sinceridad
24 de Marzo 2008
si no consigues que tu vida se convierta en una obra de arte
intenta, al menos, que tu muerte sí lo sea
quítate de en medio, con algo de estilo
2 de Enero 2008
cabezas de ciervo
somos una generación de hombres
maltratados por mujeres.
tipos duros,
encerrados en cuerpos fuertes,
escondiendo a niños débiles.
hombres agarrados
a cualquier adicción
que nos permita olvidar la sangre,
pero no la herida.
animales asustados
incapaces
de desprenderse del cepo.
somos una generación de hombres
padeciendo
el efecto rebote
de siglos de machismo.
28 de Noviembre 2007
matar a la ciudad
Necesitaba matar a la ciudad. No se trataba de acabar con las personas. Se trataba de aniquilar a la ciudad. De arrancarle las entrañas. De hundirle un brazo en el útero. De abortarla.
Esta ciudad manchada de bombillas rojas de navidad. Como el sarpullido incipiente en el cuerpo de un niño. Esta ciudad hostil y dura, capaz de morir matando. Esta Barcelona herida, mentirosa, y loca. Como cualquier mujer que en su día fue guapa. Esta ciudad que extermina a los mendigos sin mirarles a la cara. Esta ciudad sin agallas.
No estaba hablando de prenderle fuego, ni de dinamitarla. Estaba hablando de mellarle la boca, y obligarle a que se trague la lengua. De enterrarla viva. Y dejar que se asfixie bajo su propio nombre.
8 de Noviembre 2007
habitación 728
Nieva en Munich. Son las dos de la mañana y he llamado a todas las habitaciones de la séptima planta. Es algo que siempre hago en los hoteles. Busco alguien con quien hablar. He salido al pasillo a por hielo, y he vuelto con Mamita, la cubana de setenta años del turno de noche del servicio de habitaciones. Es la única que habla castellano por aquí. Nos hemos tumbado en la cama, y hemos alardeado de lo que cada uno ha perdido. Empate a tristeza en la séptima planta del Hilton de Munich. Abajo, los árboles tienen esos colores que sólo existen en los fondos de pantalla de Windows. Nunca había pensado en saltar a un enorme salvapantallas como forma de suicidio. Mamita, antes de irse, ha dejado en el lavabo junto al champú dos botellitas de jack daniels. Creo que se lo agradeceré toda la vida. En Munich amanece como en los libros de religión. Con dos rayos de sol atravesando una nube. He desayunado almendras y bourbon, y me he quedado dormido. He vuelto a soñar con la chica de las pestañas demasiado cortas. Como los extremos de una cuerda quemada. En el sueño, la chica abandonaba la ciudad en un taxi negro. No he podido ver la matrícula.
4 de Septiembre 2007
bajo consumo
No fue la guerra entre los dos hemisferios, ni aquella extraña epidemia que empezó afectando a los zurdos. No fue la tinta con la que los asiáticos se tatuaron los genitales a principio de siglo. Ni la frialdad de la mirada de algunas mujeres. Lo que acabó definitivamente con la civilización moderna fue la bombilla de bajo consumo.
Todos aquellos esfuerzos por prolongar la vida del planeta, acabaron con ella. El mundo se fue apagando, poco a poco, como la antorcha de una mujer en la puerta de una iglesia. La falta de luz nos convirtió en una raza triste y melancólica que olvidó mirarse a los ojos. Una raza incapaz de desearse, y reproducirse.
Lo que acabó definitivamente con todo fue la falta de intensidad.
7 de Junio 2007
creo que podría
enamorarme
de cualquier mujer,
que encienda
los cigarros
con cerillas.
al menos, durante
sus dos
próximos cigarros.
después, el mundo
volvería a ser
un sitio horrible,
deprimente
donde
incluso las cosas
concebidas
para ser bellas
fracasan
en su intento
3 de Mayo 2007
jukebox
El día que Madonna se suicidó, un millón de niños no pudo soportarlo, y acabaron también con sus diminutas vidas.
Madonna apareció en el baño de su casa. Había hundido, uno a uno, treinta vinilos de Like a Virgin en su entrepierna.
Un diario británico consiguió publicar aquella foto. En el titular podía leerse. El coño muerto de Madonna parece una enorme jukebox.
En la siguiente página, pequeñas japonesas yacían en el suelo. Junto a pelucas rubias.
1 de Marzo 2007
en barrena
qué se puede esperar de una raza
incapaz de aceptar
su propio
deterioro físico
nos abrimos,
nos cosemos,
nos inyectamos
intentamos aparentar
que la vida
no nos ha
pasado por encima,
como si eso fuera posible
de algún modo.
hace un tiempo,
una mujer aplastada
por su propia belleza,
me dijo que el mundo
parecía haber
olvidado,
que somos cuerpos
cayendo
en barrena
hacia la putrefacción
5 de Enero 2007
emergencia
Ducharse costaba tres euros. Pero no podías hacerlo con una moneda de dos y una de uno. Tenías que meter tres monedas de un euro.
Después de eso, la puerta se abría y veías un pequeño bote de jabón con algo de mierda en la punta del dosificador.
Había una ventanita que daba a un patio interior. Sacaba la cabeza por allí mientras me enjabonaba la polla y el ombligo, y esperaba que alguna cortina se corriese. Supongo que sólo esperaba encontrar algo de vida en el resto del hostal.
Y de pronto, el agua dejaba de caer, y el resorte de la puerta volvía a saltar. Eso significaba que los tres euros no daban para más.
Entonces, volvía a la habitación, aún con jabón en las orejas, y esperaba que alguien siguiese las huellas de agua que dejaba sobre la moqueta roja.
El tercer día, una chica llamó a la puerta y me pidió tres euros. Es una emergencia, dijo. Y me acercó uno de sus sobacos para tratar de demostrarlo.
Cuando bajé a la calle, la chica de los sobacos estaba pidiendo una cerveza en el bar de abajo.
28 de Diciembre 2006
fallo hepático
Con el tiempo, empiezas a hablar con el cerco que deja la jarra de cerveza sobre la barra. Cuando comprendes que el cerco no va a contestar, estrujas la bayeta con la que el camarero ha limpiado la barra, dentro de tu vaso. Pero claro, eso es sólo con el tiempo.
Beber es una buena forma de dejarse morir. Lenta y poco certera, pero suficientemente buena para cualquiera incapaz de algo más definitivo.
La mayoría de las veces, el mundo sólo es soportable con resaca. Con esa realidad amortiguada. Blanda y poco hostil. El resto de veces, el mundo es definitivamente insoportable, y ni siquiera el alcohol puede luchar contra eso.
Algunas noches vuelvo a casa dándole la mano a un pequeño mono. Es un animal con respuestas ingeniosas, aunque sólo yo pueda verlo. Hablamos de todo un poco, y al final de la noche, me gusta creer que es él quien me mete en la cama. Herido.
La gente piensa que Leaving Las Vegas es una situación lejana e improbable. Aunque claro, normalmente, cuando entiendes que algo se ha roto ahí dentro, suele ser demasiado tarde.
13 de Diciembre 2006
impulso
una vez pensé
matar a un hombre.
matarlo de una forma
sincera y cruel.
era un hombre
al que quería.
de hecho,
era un buen amigo.
lo cierto es que
el impulso,
poco a poco,
desapareció.
como el agua
que se escapa
por un sumidero.
cualquiera puede
ver el rastro.
y ahora,
cada vez que ese hombre
me mira.
lo ve.
12 de Diciembre 2006
la condición humana
Un grupo de minusválidos mira el mar. Los inválidos miran las olas y miran las rocas, pero no se miran a si mismos. Seguramente porque mirarse entre ellos, es mirar a la muerte. Cara a cara.
Así que miran el mar. Y el sol se refleja en sus sillas.
Y esta no es una historia triste, ni siquiera una historia cruel. Pero es una historia real.
Un negro se acerca al grupo de inválidos y les ofrece gafas de sol. Gafas con los cristales ahumados y las patillas doradas.
La gente que come a unos metros de los negros y los inválidos, siente pena por ambos, y a su vez, se convierten en los jueces de la escena.
Los minusválidos no miran las gafas. No miran al negro. No miran el mar. Se miran por primera vez entre ellos, y poco a poco, empiezan a insultar al negro.
Y el negro guarda, humillado, las gafas de sol en una bolsa de cuero. Y se marcha de allí.
Caminando.
28 de Noviembre 2006
el hombre recto (ilustrado por elena gallen)
El Hombre Recto miraba cómo sus hijos discutían por un juguete. Y los niños le miraban esperando algún tipo de privilegio frente al otro.
El Hombre Recto fumaba, y de vez en cuando, tragaba saliva.
Los Niños Torcidos estiraban cada vez más fuerte del osito de peluche, pero el oso no se quejaba. Sabía manejar ese tipo de situaciones.
Entonces, como todo el mundo esperaba, el Hombre Recto tomó una decisión salomónica. Apagó el cigarrillo y se levantó. Partió a cada uno de sus hijos por la mitad, y le dio dos mitades diferentes al Osito. Que se fue de allí sonriendo. Perdiendo pelusillas de peluche por la pierna izquierda. Y arrastrando a medio niño con cada mano.

16 de Noviembre 2006
el cincel
Luo sujeta un cincel con los dientes. Mira un trozo de madera bajo la luz, desde distintos ángulos, y sonríe. Lo acaricia sin prisa, mientras el calor del flexo le llena la frente de pelotitas de sudor.
Talla la madera despacio. Con una inquietante precisión. Poco a poco, el suelo se va llenando de virutas rizadas. Como los restos de una melena de madera.
De vez en cuando, Luo bebe agua, y apaga la luz. Se frota los ojos, y vuelve a encender el flexo. Se chupa el meñique y lo pasa por las superficies recién pulidas. Para comprobar si aún quedan pequeñas astillas.
Sonríe. Y sigue tallando.
Cada vez más feliz, y cada vez más viejo. Luo pasó toda la vida con aquella talla.
Un día supo que había terminado. Abrió la mano, y sonrió satisfecho. Dejó las gafas sobre la mesa, y se rascó la barba. Luo no tenía nada en las manos.
Apagó el flexo. Y dijo. La vida es una talla, de la que al final no queda nada. Sólo virutas que recuerdan el proceso.
8 de Noviembre 2006
existen
mujeres
que no existen.
mujeres
con los ojos
rasgados
y la cara
verde.
con graciosos
gorros
acabados
en punta.
y cascabeles
que cuelgan
del borde
de sus botas.
mujeres con cara
de hamster
que muerden pipas.
subidas a las
ruedas
de sus jaulas.
existen
mujeres
que no existen.
completamente
decididas a
arruinarte
la vida.
mujeres
a las que
resulta
imposible
no amar.
27 de Octubre 2006
la cajita
El tutú no era blanco, pero eso sólo lo sabías al abrir la tapa. Entonces veías a una chica tumbada sobre terciopelo rojo, vestida con un tutú gris.
La chica no se levantaba cuando empezaba la música. Pasaban unos segundos, y se ponía en pie con desgana. Podías oír como chirriaban las bisagras de sus rodillas. Y las de sus codos. Incluso, si escuchabas bien, podías oír el mecanismo que controlaba sus párpados.
La chica del tutú gris giraba sobre si misma con los brazos caídos. Levantaba únicamente la cabeza cada vez que pasaba ante el espejo de la cajita, y se miraba con asco. Lloraba, y decía. Cada vez que alguien abre la caja, vuelvo a nacer, y vivo durante los dos minutos siguientes.
Entonces, se volvió a tumbar, y me pidió que cerrase la tapa. Pero antes de hacerlo, dijo, corta el cordón umbilical que me ata a la caja.
Así que, la cajita dejó de ser madre, para convertirse en ataúd.
26 de Octubre 2006
nike
La gente no empieza a correr para adelgazar. La gente empieza a correr cuando su hijo se suicida. Cuando alguien atropella a su perro. Cuando alguien se folla a su mujer.
La gente no quiere perder barriga, quiere huir. Para llegar a algún sitio, que permita olvidar el perro abierto por la mitad, el hijo abierto por la mitad, tu mujer abierta por la mitad.
Cuando llevas cuarenta días en una clínica de desintoxicación, alguien te pide que recuerdes el siguiente slogan. Cada vez que te apetezca beber, sal a la calle a correr. Así que si miras bien. Verás hombres perseguidos por vasos largos de ginebra, resoplando en los semáforos.
Hombres que siguen corriendo, sin apenas resuello, porque saben que si miran atrás, verán a un hijo muerto.
Y seguramente, también verás, un millón de niños que se llaman Forrest Gump, perdiendo pedazos de prótesis, calle abajo.
17 de Octubre 2006
19 de Septiembre 2006
patos de cerámica
Los patos de cerámica, aún son patos de verdad, en el momento que alguien los posa sobre una mesa.
Después empiezan a perder plumas y, poco a poco, se van quedando rígidos, hasta que sus ojos se convierten en aceitunas. Negras y sin hueso.
Los patos de cerámica, al principio, se entusiasman con la televisión. Pasan horas mirándola. Algunos incluso se enamoran de la chica del tiempo. Aunque suelen ser tímidos, y nunca dan el primer paso.
En el fondo, sólo aspiran a que alguien les de un golpe, para verse a si mismos, rotos en varios trozos. Desparramados en el suelo. Para ver la cara de quién les barre. Porque los patos de cerámica, una vez rotos, son como las lombrices. Siguen vivos, en distintos trozos, durante unos segundos.
Los patos de cerámica sólo esperan que alguien les libere.
14 de Septiembre 2006
vueling
Los vuelos baratos han arruinado mi vida. Me despertaba a las dos de la mañana y cogía un avión a las seis. Ella siempre decía. No deberías irte tan pronto. Me quedo muy sola.
Cuando volvía, las sábanas olían a vuelos baratos, ya sabes. Olían a mi mejor amigo. Al ruso del segundo. A su mejor amiga.
Ella arqueaba las cejas y decía. Despegas siempre muy pronto y me quedo muy sola. Y bueno, con eso no tengo suficiente. Y señalaba la caja de los consoladores.
No era un gran argumento. Ni siquiera una gran excusa. Pero me tumbaba junto a ella. Y trataba de adivinar qué pelo púbico correspondería a quién.
Y esperaba al próximo vuelo.
7 de Septiembre 2006
banqueros
Julio es el presidente de un banco. Y Ramón, el vicepresidente. La elección de los cargos no fue demasiado justa, pero ya se sabe como funcionan estas cosas. Una tarde lanzaron una moneda al aire. Y bueno, Ramón agachó la cabeza, y felicitó a Julio. Sin demasiado entusiasmo, ni demasiado rencor.
Así que desde aquel día, cada uno puso un cartelito con su cargo, en el suelo, junto al banco en el que mendigaban.
Ramón trataba de usted al señor presidente del banco, y bueno, a Julio se le saltaban las lágrimas de la risa, y decía. Tutéame coño, ni que fueras un empleado.
Y así pasan las tardes. Mirando el cazo de las monedas. Esperando una buena opa hostil, dice Julio.
Y cada noche, mientras empujan el carrito, y se dirigen al cajero donde siempre duermen, la misma broma.
¿Otra noche en El Ritz?
estrellas fluorescentes
La locura ha vuelto. Y esta vez, parece que para quedarse. Ayer la vi, al encender la luz, a media noche.
Estaba sentada sobre la mesa. Con los pies colgando y la barba llena de migas. Mordía un trozo de pan y me dijo. Cuando duermes, incluso pareces cuerdo. Después se levantó, apagó la luz de la mesita, y susurró. Voy a estar aquí durante un tiempo. Como cuando eras niño. Y mirabas las estrellas fluorescentes pegadas en el techo. Y poco a poco, empezaste a notar que las cosas no eran del todo normales.
Buenas noches.
31 de Agosto 2006
el hombre recto
El Hombre Recto miraba cómo sus hijos discutían por un juguete. Y los niños le miraban esperando algún tipo de privilegio frente al otro.
El Hombre Recto fumaba, y de vez en cuando, tragaba saliva.
Los Niños Torcidos estiraban cada vez más fuerte del osito de peluche, pero el oso no se quejaba. Sabía manejar ese tipo de situaciones.
Entonces, como todo el mundo esperaba, el Hombre Recto tomó una decisión salomónica. Apagó el cigarrillo y se levantó. Partió a cada uno de sus hijos por la mitad, y le dio dos mitades diferentes al Osito. Que se fue de allí sonriendo. Perdiendo pelusillas de peluche por la pierna izquierda. Y arrastrando a medio niño con cada mano.
29 de Agosto 2006
Donut
Resulta imposible seguir creyendo en la raza humana después de un día en la playa. A veces, me quedo mirando el agua, y rezo. Y pido un tsunami redentor que nos extinga.
Resulta imposible no pensar en las palabras mutilación, asco, y rastrillo clavado en el cuello. Somos una raza torpe y celulítica. Somos una raza con las tetas caídas.
La publicidad es capaz de casi cualquier cosa, así que por un momento hemos estado a punto de creer que las chicas Dove son normales. Las chicas Dove son pelotitas de mayonesa sonriendo.
A veces, cuando veo que la gran ola no llega, sigo rezando. Y le pido al viento que arranque una sombrilla. Y sólo puedo pensar en una brocheta de ingleses.
Para esto es para lo que trabajas el resto del año. Para estos quince días. Para oler a algo que imita al aceite de coco. Para que un hooligan de cinco años se seque la colita con tu toalla. Se supone que esto es con lo que sueñas cuando miras el calendario en Enero.
Imagina una playa sin megafonía. Un sitio donde los niños se fuesen perdiendo lentamente y nadie los reclamase. Una playa con un gran agujero en medio por el que precipitarse.
Y extinguirse.
Una playa en forma de donut.
21 de Junio 2006
los dinosaurios
no se comieron
unos a otros.
tampoco fue un meteorito.
una tarde
se acercaron
a un acantilado
y se dejaron
caer
ya no podían más.
ahora
en los acantilados
hay catalejos
y los niños gastan
sus
monedas
pensando que
el mundo
es algo
bello
un buen sitio
los dinosaurios lo entendieron
todo
mucho antes
1 de Junio 2006
agua mineral
Cuando Liu se aburrió de su aspecto asiático, entró en un supermercado, y desenroscó dos tapones de FontVella.
Usó los tapones como lentillas enormes, pensando que eso separaría sus párpados.
Si la mirabas desde lejos, podías pensar que Liu tenía unos enormes ojos azules. Pero vista desde cerca, Liu parecía una rana. O una imbécil.
Después de tres farolas, una bicicleta, y dos autobuses, Liu comprendió, que en el fondo, su aspecto asiático no era tan malo.
Volvió cojeando al supermercado, y comprobó horrorizada, cómo todas las botellas de agua estaban destapadas.
Y bueno, la ciudad se sembró de orientales atropelladas.
27 de Abril 2006
con los ojos muy abiertos
Cuando mi abuelo sonreía después de cada sorbo de agua, eso significaba. No sabes lo que es beber tu propia meada.
Cuando dibujaba una parábola en el aire que sólo él veía, eso significaba. Fuego cruzado.
Cuando se tapaba la cara para que no pudiésemos verle llorar, eso significaba. Los alemanes nos hicieron cosas horribles.
Cuando cerraba la puerta del baño para que no pudiésemos verle mear, eso también significaba. Los alemanes nos hicieron cosas horribles.
Un día, me tendió los brazos, y eso significó. Me estoy muriendo.
Después de eso, se desplomó sobre el suelo. Y murió con los ojos muy abiertos.
Mirando al cielo enemigo.
Dos guerras después.
20 de Abril 2006
los franceses tienen cara de camembert
Después de tres explosiones parece que algo se ha inmolado dentro del microondas. Abro la portezuela y miro cómo se deshinchan las burbujas de patata.
La última vez que comí puré medía menos que una papelera.
Iba con corbata al colegio.
Soñaba con meterle un dedo por el culo a mi profesora de piano.
No era un niño feliz.
Mis amigos jugaban a fútbol mientras Dominique me obligaba a copiar cien veces. Los franceses no tienen cara de camembert.
Me aterraba la Carnicera Bizca. Le olían los sobacos a salsa barbacoa. Cuando levantaba la vista, su ojo izquierdo apuntaba a las costillas de cordero, y el derecho a los pinchos morunos. Tenía hebras de carne entre los dientes.
La última vez que comí puré era un niño con miedo.
Y ahora, lo sigo siendo.
16 de Marzo 2006
follarse un cerebro
Sería bonito poder follarse un cerebro.
Y saber qué es lo que realmente alberga ahí dentro.
Rozar las dendritas con el glande.
Y entender los miedos y las adicciones.
Atravesar las meninges con condón.
Y no contagiarse de los brotes psicóticos.
Poner cachondo al cortex.
Y ver como la serotonina resbala y cae por tu nariz.
Sería bonito poder curarte usando sólo la polla.
11 de Marzo 2006
la novia cadáver
Claro que no puedo hablar de tu sangre fría de poner treinta ansiolíticos en fila. Y tragártelos de dos en dos.
No puedo hablar de tus tobillos colgando en el extremo de una camilla. Ni de la cara del chico de la ambulancia cuando te cogió en brazos.
No voy a explicar que lo único que pedías en la nota de despedida era un traje de novia. Y rímel en las pestañas.
Claro que no puedo escribir una frase que diga. Me has destruido.
Pero prefiero ser un escritor mediocre.
Y haberte salvado la vida.
3 de Febrero 2006
Gajos de mandarina
Después de tres horas sentado en la taza del váter, me levanto y me corto las uñas de los pies. Apago la calefacción y enciendo un cigarrillo. Giro el grifo del agua y no hay agua.
Bajo a la calle y compro una garrafa de cinco litros.
Cuarenta céntimos de euro después tengo los sobacos en remojo.
Soy tan asquerosamente educado que me doy los buenos días al verme en el espejo.
Vivir parece una equivocación menor después de unos calcetines limpios y unos calzones cómodos.
Me seco los sobacos con la capucha del albornoz. Me pongo los pantalones a cuadros del pijama y bajo a la calle.
Camino y meto la mano en el cajetín de las cabinas telefónicas. Camino tan rápido que los mosquitos estallan contra mi frente. Canto, silbo y floto. Durante las dos próximas horas soy Madonna. Soy Tyler Durden. Soy una niña de siete años con alas.
Paso junto a los escombros del último escape de gas. Hay gente que muere porque su vecino olvida cerrar el gas. O porque su mejor plan de suicidio pasa por volar el edificio entero. Con esa clase de gente vas a pasar el resto de tu vida.
Me despido de Uma Thurman. Que sonríe desde su poster de Pulp Fiction en lo que debía ser el salón. De color verde ahumado. Sobre el cerco marrón de lo que debía ser un sofá de tres plazas. Todo eso sobre la única pared que aún queda en pie. Hasta luego, Uma.
Es todo tan raro. Tan absurdo.
Canto, silbo y floto. Soy tan asquerosamente feliz que lanzo gajos de mandarina al aire, y trato de atraparlos con la boca. Y bueno, algunos caen al suelo.
23 de Enero 2006
Taxidermia
Imagina un niño con un altavoz verde tachado en la frente. Imagina un niño con un botón de mute en la cabeza. Imagina poder silenciarlo como haces con tu televisor.
Imagina uno de esos niños que llora como los dibujos animados japoneses. Con la boca muy abierta, y los puños cerrados. Ver como le tiembla el labio. Y no oír nada. Ver sus asquerosos chorros de lágrimas horizontales. Y disfrutar del silencio.
Piensa en todos esos niños que se arrastran por el suelo de los aviones. Que berrean en restaurantes. Esos espermatozoides con mucha movilidad venidos a más. Esos monstruos tamaño souvenir con sus babas, sus mocos, y sus varicelas.
Esos niños que corren los cien metros pasillo sobre el techo de tu casa. Subidos a un pequeño camión de bomberos con cinco tipos diferentes de sirena. Los días impares son bomberos. Los pares policías. Y el fin de semana tarzán de la jungla.
Esos piojos hiperactivos que hunden la mano en la salsa de tomate y se acercan a ti con los brazos extendidos. Piensa en el olor de esas toallitas húmedas tratando de tapar el hedor de sus culos. En sus berridos cuando viajan en tren. En tus ganas de acariciarlos y lanzarlos a la vía. Piensa en la taxidermia y en la cabeza de todos esos pequeños animales colgando de tu salón.
7 de Enero 2006
Helado de fresa
Convierte las fresas en puré. Añade nata y leche condensada. Bate la crema hasta que forme grumos. Agrega azúcar. Incorpora lentamente la mezcla de fresas y la crema. Refrigera hasta que endurezca.
Imagina una bola de helado. Redonda y perfecta.
Con un poco de escarcha por encima.
Cuando veo a Laura. En un rectángulo de cristal. Abotargada y muerta. Pienso en helado de fresa.
Laura veintiséis años tumor cerebral. Velatorio numero trece, puedes dejar aquí tus mensajes de condolencia para Laura Cerebro de Fresa.
Pienso en helado de fresa cuando suena el Perfect Day de Lou Reed.
Y la madre llora.
Cuando una mujer carraspea una salve gitana.
Y el hermano se tapa la cara con las manos.
Cuando acaba el réquiem.
Y trescientas personas tienen la piel de gallina.
Pienso en la cara del neurocirujano diciendo. El tumor es una pequeña pelotita.
Lo extraeremos como si fuese una bola de helado. De fresa.
Imagina una bola de cáncer.
Redonda y letal.
Refrigera hasta que endurezca y sirve bolas en una copa de helado.
Imagina una cubeta de helado derritiéndose en Agosto. Resbalando por los bordes. Cayendo al suelo. Filtrándose entre las baldosas. Escurriéndose entre los pliegues del cerebro. Cáncer avanzando denso y pesado. Haciendo ruido. Aniquilando. Cubriéndolo todo. Regenerándose lentamente.
La misma impotencia que tienes cuando no puedes cerrar un grifo.
Y sigue goteando.
Cáncer de fresa.
5 de Enero 2006
Tres estrellas en el antebrazo izquierdo
Tengo tres estrellas en el antebrazo izquierdo. La polla en forma de gancho. No tengo amigos, sólo conocidos.
No hay nada que me haga especialmente feliz. No decoro mis habitaciones. No me gusta encariñarme de las cosas. Me fuerzo a estar siempre de paso.
No me gusta mi pinta. Me cambio de acera cuando me veo llegar.
Soy tan malo como parece. A veces, incluso cruzo en rojo.
Tengo los ojos pequeños. La nariz pequeña. Las ideas pequeñas. No me fío ni de mi sombra. Una noche, mientras dormía, la vi robándome algo que brillaba. Quizás fuese mi sonrisa de niño.
Soy tartamudo. Por eso tantos puntos, tanta frase corta. En el colegio lo pasaba mal con las frases largas. Yo me atascaba y los niños se reían de mí. Después de eso, estuve trece años sin hablar.
No pongas esa cara. Seguramente tú también tengas tus mi. Mi. Mi. Miedos.
29 de Diciembre 2005
Rojo
Las palabras son siempre mejores que los colores porque cuando alguien escribe rojo tú imaginas el mejor rojo que nunca has visto.
Porque si alguien pinta algo de rojo, no será el rojo sublime y herido que esperas.
Será un rojo taza de café, pero no será un rojo gota de sangre, y si es un rojo gota de sangre, la sangre nunca será lo suficientemente negra y espesa.
Eso sucede, seguramente, porque las buenas gotas de sangre roja son negras.
20 de Noviembre 2005
Autofocus
Mientras acerco y alejo el autofocus de algún punto entre la nariz de mi madre y el hombro de mi padre.
Mientras les veo sonreír en el visor de la cámara.
Mientras pienso que han vivido gran parte de su vida. Que se acerca su fecha de caducidad. Que algún día dejarán de reconocerme y empezarán a tratarme de usted. Que el cable que une la cabeza con los esfínteres dejará de funcionar. Que la cortisona les debilitará tanto la piel que cualquier roce se convertirá en un moratón. Que esconderán trozos de galleta en los bolsillos del pijama. Que leerán separando las sílabas mientras un hilo de baba les cuelga de la boca. Que doblarán las servilletas cien veces sobre si mismas. Que saldrán desnudos a la calle.
Mientras pienso que envejecer es algo muy parecido a una canica aproximándose al borde de una mesa.
Lo único que consigo decir es.
Habéis salido muy guapos.
2 de Noviembre 2005
Flota
Flota.
Desnuda y morena.
Seguramente más flaca que la última vez que la vi. Lánguida y elegante. Gira sobre si misma. Acariciando la pintura azul. Tranquila, sin sobresaltos. Mientras dos gotas de agua resbalan sobre ella.
Flota, y la huelo, la beso, la acaricio.
Y me araño el dedo con lo que seguramente sea la punta de una almendra mal digerida. Y distingo sobre ella la piel de un tomate y manchas de sangre. Y recuerdo una voz dándome hora para una sigmoidoscopia.
Flota.
Desnuda y morena.
8 de Octubre 2005
Legañas
Soy uno de esos. Tengo veinte dedos distribuidos en grupos de cinco. Manchas blancas en las uñas. Desayuno aceitunas negras. Soy lo suficientemente inteligente como para no hacerme demasiado caso. Tengo cara de pez. Sospecho que me sobra un cromosoma.
No tengo marcas de nacimiento. Ni tatuajes. Ni dientes. Soy el muerto perfecto para una película en la que no se reconoce el cadáver.
Soy sensible, educado, y me como las legañas. Tengo dos pezones y una hermana que trató de ahorcarse con papel higiénico de cuatro capas. No hubo suerte. El techo cedió.
Dios no existe, y nosotros seguramente tampoco. Mi novela, mi abuelo, y mi perro están muertos.
Si las ojeras siguen creciendo pronto dejarán de verse los pómulos. Ayer, mientras conducía, otra vez ese sueño. Kennedy estornuda y esquiva la bala.
25 de Septiembre 2005
Anfibios azules
La noche que se apagaron todas las luces de la ciudad había anfibios azules en la espalda de Susana Nuez Moscada.
Su encendió la linterna y vimos un mono chupando monedas doradas. Un mono que se presentó a si mismo diciendo hola, soy John Arcadas.
Con el culo en el borde de la ventana, John decía que la oscuridad es una lengua negra que nos lame a todos la cabeza. Decía eso mientras se pintaba las uñas de los pies de color cereza.
Su le tiró la linterna a la cabeza y el mono se tragó una de sus monedas. Le quitó el esmalte de color cereza y le escribió algo sobre las cejas.
Cómprate un zeppelín y desaparece es lo que puede leerse sobre los ojos de ese mequetrefe.
El mono empieza a llorar, se convierte en plátano, se come a si mismo, y desaparece.
Después de eso, vemos la calle iluminada, y los anfibios azules siguen tatuados en la espalda de Nuez Moscada.
11 de Septiembre 2005
Daltónico
No estoy hablando de estar muerto.
No estoy hablando de estar dormido.
No estoy hablando de que guarden toda tu sangre y te inyecten un líquido a siete grados.
No es nada de eso.
Imagina estar suspendido.
Imagina no notar las extremidades. Ni el peso de los párpados.
Sin frío. Sin anestesia.
No escuchar tu respiración. Ni el ruido de tus tripas.
No estás dormido. Simplemente no estás.
No estás muerto. Pero lo parece.
Cincuenta horas sin que nadie espere nada de ti. Sin preguntas. Sin responsabilidades. Sin angustia. Sin vecinos a los que mutilar. Sin arcadas. Sin picores. Sin dolor.
Sin respuestas físicas.
Con la actividad neuronal de una piedra de río.
Encerrado en un cubículo. Secuestrado. Incomunicado. Sin puertas. Sin ventanas. Sin secuestradores.
Cincuenta horas suspendido. Como un insecto con las alas arrancadas.
Feliz e inconsciente.
Sin tener que decidir si cortas el cable verde. O el rojo.
10 de Agosto 2005
Escarcha
La luz de la nevera en mi cara. Tres huevos en un envase de seis. Tomate en una botella alargada. Bicarbonato en el fondo de un vaso.
Escarcha en el primer nivel.
Papel de aluminio sobre una taza blanca. Tres asteriscos de congelación. Una hélice junto a un diodo verde encendido. Zanahoria rallada envuelta en papel transparente.
Escarcha en el segundo nivel.
Una pegatina con las especificaciones del refrigerante. Un paquete de queso rallado cerrado con una pinza. Tres variedades de queso. Gouda, cheddar, y maasdam. Una lata de cerveza cogida de seis arandelas de plástico.
Escarcha sobre la cabeza del que era mi mejor amigo.
El mismo que decía que la venganza es un plato que se sirve congelado.
Tenía razón.
5 de Agosto 2005
Agua sucia
Piensa en toda la gente que te apetece matar.
Cinco.
Diez.
Cien personas.
Al resto del mundo.
Piensa en el asco. En las nauseas. En toda esa gente que no te da las gracias. Que no te mira a los ojos. Que te escupe al hablar. Que habla demasiado alto. Que leen libros de autoayuda. En los franceses que te pisan y dicen. Pardon. En las luces del coche de atrás. En el aliento del hombre que en el metro le dice a tu nuca. Bajas?. Piensa en la prepotencia. En la gente que se santigua. La gente que sorbe la sopa. Que hace ruido al tragar. En los concursantes del cielo. Del infierno. Del limbo. En Paulo Coehlo. En Zoé Valdés. En la gente que pregunta qué te llevarías a una isla desierta. En los presidentes. En los franceses que te pisan y no dicen. Pardon. En las negligencias médicas. En cualquiera que desprecie a una mujer. En los hombres que hunden su polla en niños. En toda esa gente que te produce el mismo asco que el sabor del agua sucia. Entre metálico y salado.
1 de Agosto 2005
Vísteme de blanco
Se ha caído la tulipa de la lámpara. Se ha caído al suelo y oscila entre la baldosa tres y la cuatro. La baldosa número uno es la que nace en aquella esquina. Es un orden que yo he decidido, así que supongo que no importa demasiado.
Hay un pedazo de cristal por alguna de mis venas.
Los jueves de junio no son muy diferentes de los jueves de enero. Recuerdo el sabor del aceite y el olor del jabón, suspendidos en algún punto entre la boca y la nariz. Algunos días de junio también llueve y, a veces, esos días, incluso son jueves.
La imagen de una esquirla reventando un corazón, se vuelve casi tan triste como un niño mirando los pedazos de plástico de su globo recién reventado. Algunos niños, los más tristes, deberían atarse a globos de helio y desaparecer en el cielo. Flacos y cabreados.
El sabor del vino y el queso, y una tulipa en la tercera baldosa. Sonríeme y. Llévame a un sitio bonito.
Hay un pedazo de cristal reptando por dentro, como una serpiente despistada. Los médicos hablan de un método americano. Lo cierto es que, ninguno parece capaz de cazar una serpiente. Ni siquiera de atrapar un trozo de cristal. Antes de. Que perfore el ventrículo izquierdo.
Vísteme de blanco y. Llévame a un sitio bonito. Antes de.
20 de Julio 2005
Cleptómana
Hoy, si me miras, verás una bicicleta, o un abuelo, o media farola. Verás un perro, una verja, una pared. Quizás el cartel de una actuación.
Las manos de un frutero bajando la persiana, o una barandilla oxidada. La marca de mis dientes en un pedazo de pan, o mi sangre en un espejo. Pero no verás la boca. Ni los nudillos sangrando.
Hoy, la báscula no me detecta al pisarla, y eso, salvo para una anoréxica, no son buenas noticias. Me acerco a las bombillas, y no aparece mi sombra en la pared. Miro los surcos que dejan mis pasos en la arena y un perro ladra asustado porque no encuentra mis pies.
Hoy, no soy el hombre invisible.
Soy alguien vacío. Saqueado. Por dentro. Y no queda nada.
11 de Julio 2005
36
A veces, el olor de tu coño a las tres de la mañana. Y después de eso, la nada.
Quizá tus venas mordiéndote las muñecas. Nueva Zelanda y la Virgen. Dos manchas de vino sobre la sábana. Tomad y bebed todos de él.
El ruido, la pausa, y el silencio mientras la aguja araña el vinilo avanzando hacia el siguiente anillo de música.
Y un hilo de Jacques Brel, suave y perfecto como un culo de mármol, posa el tren de aterrizaje sobre tus ingles. Gracias por volar con nosotros. La temperatura exterior es de treinta y seis grados.
6 de Julio 2005
Aspas
Dos niños andan persiguiéndonos por las calles de Tijuana. Nos lanzan bolas de billar a la cabeza con la estupenda puntería que sólo pueden tener dos críos con churretes en las orejas.
Una mujer de cien años, lista y bonita como un siglo mejicano me advierte que el amor asusta. Dice. Esta mujer por la que ahora matarías, algún día te dará asco.
Los niños siguen lanzando bolas, pero seguramente estemos demasiado lejos o los frijoles no den toda la fuerza que las madres prometen.
Ella me pregunta desde cuando hay toboganes en Tijuana que desembocan en Ciudad del Cabo mientras yo pago dos monedas por dos viajes. Deslizamos el culo por el plástico azul, sin demasiado miedo pero sin demasiada euforia. Supongo que esa es la mejor forma de hacer las cosas un miércoles nublado.
En diez minutos cambiamos de continente y desayunamos cerveza preguntándonos porqué quedará gente empeñada en inventar el teletransporte si existen estos estupendos toboganes azules.
Algunos toboganes tienen agujeros es lo que dice el camarero. Lo cierto es que no prestamos demasiada atención, seguramente porque no parece un tipo en quien confiar demasiado, o porque sólo un tonto anda preocupándose por las malas noticias en un sitio tan bonito como este.
Eruptamos hasta vaciar la jarra. Primero ella. Después yo. Ella siempre gana. Parece imposible que un ruido así salga de algo tan bonito.
Una bola de billar cae sobre la jarra, y un niño nos saluda divertido desde el otro lado del tobogán. Ella dice que existen pocas cosas tan elegantes como la bola negra. Y se la come. Salud.
La luz se cuela entre los barrotes de la barandilla y la persiana. Ella se levanta sudada y pone el ventilador en el número tres. Murmura tres. Murmura calor. Y nos volvemos a quedar dormidos con el suave traqueteo de las aspas.
2 de Junio 2005
Ella
La chica de los pezones rajados sonríe bajo tres bombillas blancas.
Es verano ahí fuera, y otoño aquí dentro.
El maldito frío de sus ojos lo hiela todo.
Arranco un pedazo de hielo de la mesa y me lo como.
Busco entre sus piernas el principio de todas las cosas.
Y bueno, encuentro el final de algunas.
Ella sonríe mientras muerdo sus pezones y dice.
Con cuidado. Hace demasiado que no los muerdes.
Sonrío mientras pasa el otoño.
Y el verano de fuera es, de pronto, noche.
Y me corro.
Seguramente demasiado pronto.
(como siempre)
Y sin poder mirarla.
digo.
lo siento, mamá.
23 de Mayo 2005
butterflies
Chupo un muro de hormigón. Con las mismas ganas que una novia lame a su soldado la noche antes de la guerra. La noche antes del fin del mundo. O al menos de su mundo. Así que sigo lamiendo la pared, hasta que poco a poco se vuelve traslúcida. Como un papel con demasiada grasa. Como un cucurucho de churros una mañana de Domingo.
Después de quedarme con la nariz blanca y la lengua demasiado rasposa, empiezo a ver a través del muro. Y bueno, lo primero que veo es un tipo con la piel pintada de negro. Es negro acrílico, lo que supongo que son buenas noticias para su dermatólogo y seguramente malas para él.
Los pezones, los sobacos y los labios se los ha pintado de rojo. No sé si acrílico o no, esta vez soy incapaz de identificarlo, pero lo cierto es que el tipo se mueve con la misma gracia que un bailarín. Da saltos. Sube los brazos. Los baja. Se tapa los ojos. Da vueltas sobre si mismo. Aletea. Como una mariposa negra y roja. De casi dos metros.
Se acerca hacia mí. Estamos a dos palmos de distancia separados por un muro de hormigón traslúcido. Es, sin duda, una tarde curiosa, pero no creo que sea el momento de andar poniendo cara de sorpresa. El tipo echa el aliento sobre la pared, y aprovecha el vaho para escribir algo. etsixe on dadicilef al. Lo que leído desde el otro lado, viene a ser algo así como. la felicidad no existe. Después de eso, empieza a llorar. No como una niña o la madre de una niña violada. Llora hasta desteñir la pintura. Y el color de su piel. Y el de sus vísceras. Llora hasta desaparecer. Hasta dejar un enorme charco de pena en el suelo.
Me desplomo. Me desmayo. Y seguramente pasan dos horas. Dos días. Dos meses. Seguramente pasa demasiado tiempo hasta que me despierto y escucho. Yo cortaría por aquí. Y veo a un cirujano. Y veo a un bombero. A dos tipos discutiendo cuantos centímetros de lengua necesitan cortar para conseguir despegarme del muro. Así que cierro los ojos. Y después de un ruido muy parecido al de un cuchillo entrando en una mandarina. Después del dolor. Después de ver la mitad de mi lengua pegada en un muro blanco. Noto la primera arcada. Noto la segunda. Y después de la tercera, lo que veo es cómo un millón de pequeñas mariposas negras y rojas, salen volando de entre mis dientes.
3 de Mayo 2005
arañazos
palabras solo palabras palabras sin acentos y frases sin comas palabras que pesan como las caricias de un viejo palabras leves ligeras como las mentiras de un mudo palabras negras el basalto de tus pupilas palabras que atraviesan el higado que se hunden y que sangran palabras mama solo palabras el principio y la nada y el abismo y el miedo y la calandra palabras maravillosas como la arena que se escurre en un ombligo palabras que abultan las venas y la vida sobre la tierra mojada que cubre la cabeza de un niño que simula estar muerto palabras mama solo palabras que a veces arañan
10 de Abril 2005
Dispersa
Es un barco. No es uno de esos barcos pirata. Es un petrolero. Es verde, grande, y flota. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Seis marineros en cubierta. Cubierta es una palabra maravillosa. Como calandra. Como alveolo. Como aneurisma. Como afasia. Que bonitas son las palabras que utilizan los médicos. Que altivos son los médicos, pero que suerte tienen con las palabras. No me gusta la gente con suerte. Creo que prefiero a los perdedores. A la gente que pierde a la ruleta y llora. Que bonitas son las luces de los casinos y que cara de malas pulgas tienen siempre los croupiers. Supongo que pasarse el día barajando cartas debe dejar las manos hechas un asco. Mi hermana tiene unas manos preciosas. Pequeñas, pero preciosas. No tiene unos ojos que enamoren, pero las manos son ciertamente bonitas. Zidane sí que tiene unos ojos bonitos. Cuando envejezca quiero ser la mitad de guapo que Zidane. Bueno, supongo que cuando envejezca preferiría escribir la mitad de bien que Fante. Que bárbaro, que bien escribe ese hombre. Que placer leer sentado en la taza del váter. Que bonito es este cuarto de baño. Es pequeño, con las paredes blancas y con una ventanita que da al mar. Desde aquí veo planear a una gaviota. También veo un barco. Es verde y grande. Parece un petrolero. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Seis marineros en cubierta. A los diez años una profesora argentina les dijo a mis padres que su hijo tenía atención dispersa. Atención dispersa. Que palabra tan bonita es dispersa y que acento tan maravilloso tienen los argentinos. Qué habrá sido de Charito. Seguramente haya vuelto a su colegio de Buenos Aires. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Seis marineros en cubierta.
8 de Abril 2005
Golosina
Formemos una secta. Vistámonos de blanco. Establezcamos una jerarquía. Sinteticemos una droga. Tatuémonos algo detrás de la oreja izquierda. Algo que sólo nosotros reconozcamos.
Vamos a crearte una dependencia. Vamos a ser la luz y tú alguien con las pupilas permanentemente dilatadas. Vas a donarnos hasta los botones de la bata de tu hijo. Somos tu voz en off. Tu voz de la conciencia. Somos el ojo que refleja tus sentimientos. Somos el ojo que razona. Somos tu ojo izquierdo. Tu ojo derecho. Vamos a liberarte. Vas a dejar de sufrir. Ven. No te muevas. No te gires. No nos mires. Dispárate. Confía en nosotros. Somos la golosina para tu cerebro hipoglucémico.
5 de Abril 2005
Estocolmo
Me falta el meñique izquierdo. Por las mañanas hace calor y por las noches frío. La bombilla lleva un mes fundida. Hay cercos de humedad sobre el colchón. Alguien ha metido mi meñique en un sobre. El primer día que se fundió la bombilla hice una marca en la pared. El colchón ahora es gris. Antes era verde. Antes azul. Ahora hay treinta marcas arañadas en la pared. Cada siete días alguien se fotografía junto a mi. Recorro dos kilómetros cada mañana. La distancia entre paredes es de dos metros y medio. Repito ese recorrido ochocientas veces al día. En mi fotografía semanal alguien me obliga a posar sosteniendo un periódico. He perdido doce kilos. El periódico está en francés. Imagino a mi madre llorando al ver mi meñique en un sobre. Mi foto en un telediario. No llores mamá, no era mi dedo preferido. Es una foto realmente buena, no recuerdo quien la hizo. Seguramente tú.
No soy un secuestrado. Sólo soy alguien que se había enamorado. Alguien que arrastra un terrible síndrome de Estocolmo.
21 de Marzo 2005
Salud
Es una mujer alta, de unos quince o veinte metros. Se acerca con los hombros lánguidos, con un flequillo desigual, con una maravillosa voz ronca. Me coge por la cabeza con la curiosidad que un niño coge por primera vez una lagartija del rabo.
Vistas sus pestañas de cerca, uno empieza a entender porqué los huracanes siempre tienen nombre de mujer. Sonrío mientras imagino a un millón de niños rezando para que ella no parpadee.
Le pregunto la edad, y bueno, sonríe, me sopla, y noto su aliento en la cara, en las piernas, en los huevos, y por fín dice. Unos meses.
Después de eso dice. Escúpeme. Mójame. Vuelve a encogerme. Soy tu capacidad para amar. Déjame como antes. Como siempre. Enana.
Así que saco un pequeño vaso de tequila del bolsillo, que sólo Dios sabe porque esa estúpida manía de andar con vasos en los bolsillos, me acerco a la orilla y poco a poco. Vasito a vasito. Con ternura, con una terrible tristeza. La mojo, la encojo, y la cojo. Con dos dedos. La dejo caer en el fondo del vaso. Sirvo un tequila. Y me la bebo. Salud.
5 de Marzo 2005
Cáncer
Somos dos suicidas llorando por la vida de alguien. Dos cuerpos rotos sentados en un muelle. Dos alcohólicos con olor a salitre. Nos sangra el hígado. El miedo. Lloramos sin mirarnos, sin hablarnos. Como dos madres compartiendo una misma desgracia. Mientras Dios nos deja un mensaje en el buzón de voz, y parece preocupado porque dos de sus ángeles se desangran en una cuneta sobre sus plumas azules. Mientras el Papa escribe hijoputa sobre un mantel cuando alguien le sirve un plato de espaguetis la noche de su traqueotomía. Mientras se hace el vacío entre las piernas de una monja y una botella de cocacola. Mientras los supuestos escritores de milagros parecen demasiado ocupados. Mientras busco las palabras, los gestos, los ojos para decirte que el cáncer no va a extenderse dentro del cuerpo de tu hermano. Empieza a llover. Y nos deshacemos. De pena.
4 de Febrero 2005
Vuelve
El chico del tabique partido me mira y dice. No te asusta el amor, te asustan las dependencias. El chico de los brazos como tenazas dice. Necesitas volver a disfrutar del sexo. El chico de la polla flácida dice. Estoy dejando de confiar en ti. Estás haciendo cosas demasiado extrañas. El chico despeinado dice. Escápate. Lo único que necesitas es estar solo. El chico de la botella me coge del brazo y dice. Espera a los treinta para ahorcarte. Prometiste no hacerlo antes. El chico del cuerpo afilado dice. Es una mujer maravillosa. No dejes que se vaya.
El chico del tabique partido, el de los brazos como tenazas, el de la polla flácida, el despeinado, el alcohólico, el afilado, me miran desde el espejo y dicen. No te estás volviendo loco. Sólo eres alguien que lleva demasiado sin dormir.
27 de Enero 2005
2055
Tus nietos vivirán ciento cincuenta años. Serán bisexuales. Comprarán cocaína a dos euros en expendedores automáticos. Sí, podrás leer una advertencia de las autoridades sanitarias en el envoltorio del gramo. El único cáncer del que se hablará será el de melanina, lo que ayudará a que los negros dejen de vender relojes por las calles. Buenas noticias para ellos, parece que por fin habrá llegado su momento. La mescalina sustituirá a la cocacola. Los padres podrán abortar un feto hasta los cinco años de gestación. Lo único mal visto del suicidio será salpicar demasiado. Las vacas comerán personas. Alguien desenchufará la nevera donde Disney anda esperando su momento. Nos quedaremos sin saber el tamaño del consolador de Minnie. Todos sabíamos que ese ratón no podía hacerte feliz, lo sentimos por ti, ratita. Los niños nacerán sin lagrimales, lo que sin duda les ahorrará un montón de disgustos. El amor será la primera causa de mortalidad. Y bueno, tú y yo ya no estaremos aquí para ver nada de eso.
6 de Enero 2005
Lunática
Tú, que te miras en el espejo con la misma tristeza con la que un gemelo ve morir a su hermano. Con la pena en las pupilas de quien, en el fondo, está presenciando su propia muerte.
He visto la sangre de tus encías en esos pinceles. He visto tus lágrimas resbalando sobre un lienzo. He visto a una mujer desnuda temblando en un rincón. Te he visto a ti, con las piernas muy abiertas, desangrándote. Pariendo. Un cuadro.
Ven, déjame esas tijeras. Tengo yeso bajo las uñas. He pasado la noche arañando la pared. Dibujando tu maravillosa arquitectura vaginal. Gótica, elegante. Como una gárgola bulímica. Con las pestañas muy negras y los ojos azules.
Esquivo tu frente sudada. Tu barbilla salada. Tu precioso nombre de mujer suicidada. Tus adicciones. Tus miedos. Tan injustos como una niña de cinco años violada. Tú, en todos los frentes y siempre desarmada.
8 de Diciembre 2004
Veinte
Podría decirte que huele a sardinas. Podría decirte eso y también que me acarician unos fabulosos guantes de piel de murciélago. Podría darte un millón de detalles sobre esos guantes, pero por un momento pierdo de vista esos inquietantes diez dedos de cuero y me fijo en algunas cabezas de pescado que reposan boquiabiertas sobre bloques de hielo. Y la verdad es que hay pocas cosas más estéticas que la sangre sobre el hielo, pero de eso, ya hablaremos luego. Me topo con una mujer de unos cien kilos y un enorme cuchillo en cada mano. Me sonríe, y bueno, me cuesta reaccionar. No suelo sonreír a nadie que vaya armado.
Después de eso, no hay mucho más que contar. Supongo que lo siento por ti, y especialmente por mí, porque la historia se vuelve un tanto aburrida durante un par de horas. Una sensación muy parecida a estar dentro de un ataúd con los ojos abiertos esperando a que algo pase. El silencio es capaz de volverte loco, aunque imagino que dos horas no son suficientes. La gorda de los cuchillos deja de sonreírme y Ana se interpone entre nosotros. Cosa que agradezco, porque esta preciosa rubia es un millón de veces mejor que cualquier pescadera de cien kilos. La chica es joven y bonita como sólo puede serlo alguien con unas pupilas tan frías como los cojones de un esquimal. Pero no protesto, porque sin ningún tipo de duda el cambio ha sido bueno. Esta vez paso apenas media hora a oscuras. El silencio es más llevadero y apenas consigo contar hasta dos mil. Después de eso, polvo blanco para Ana, y unos restos para mí. Supongo que es un reparto justo, porque nadie anda hoy en día compartiendo cocaína con un desconocido. Así que me doy por contento. Por cierto, la sangre cuando gotea de la nariz de una mujer es jodidamente más elegante que sobre el hielo. Ana echa la cabeza hacia atrás, mira hacia el techo y después de eso, hunde la boca en la ridícula polla de un indio. Es un indio ciertamente guapo, pero créeme, no es una gran polla. El tipo parece educado, y le da las gracias, y le acaricia el pelo, y sí, es guapo, aunque le pesen tanto los párpados como saber que no tiene nada que enamore bajo los pantalones. Salimos los dos de la habitación de Ana, y en cierto modo me fastidia haber dejado a esa preciosa rubia sobre la cama, pero este tipo parece que también necesita compañía. Paseamos un par de horas por las calles de Oporto, que es una de las ciudades más feas por las que uno pueda pasear, aunque tal y como están las cosas dudo que alguien se decida a llevarme a Londres. Así que dejamos el puerto y dos calles más allá este indio amigo mío abre una puerta y le escucho decir algo así como. Cariño ya estoy en casa. Te dejo el cambio en la mesita.
Abre la cartera, y noto como la luz llega primero a mi parte blanca y luego a mi parte azul. Te aseguro que no es fácil ser un billete de veinte euros. Y menos aún, dormir arrugado junto a estos guantes de piel de murciélago. Es una pena que esta pobre chica pase la noche friendo sardinas para un indio que no la quiere.
2 de Diciembre 2004
Again
Vacío un bote. Doscientos siete cacahuetes. Te he dibujado. La sonrisa no es perfecta, y bueno, las orejas son un tanto absurdas, pero créeme, no es fácil hacer un retrato con cacahuetes.
Fritos con miel y ligeramente salados es lo que puede leerse en el envase. Son unos cacahuetes deliciosos, así que me como tus orejas y parte de tu pelo. Estás horrible, triste como un judío dentro de uno de esos campos. Ya no eres tú.
He visto pasar una noche y dos días a través de la ventana. La gente sube y baja las persianas con una puntualidad inquietante. Supongo que en el fondo es cierto eso de que somos animales. De costumbres.
Barba de tres días. Bebo vino y no como. Estoy perdiendo peso. Dejo caer algunos cacahuetes dentro del vaso. Flotan con la misma melancolía que los marineros del Kursk. Pobres chicos, pobres madres. Que imagen tan triste la de una mujer abrazada a un portarretratos en un telediario.
Cuarenta cacahuetes. Dos filas de seis para las paredes. Doce para el tejado. El resto da para una ventana y una puerta. Odio esa frase que desaconseja empezar la casa por el tejado, así que los últimos cacahuetes que coloco son los que forman la base. A la mierda los cimientos.
Sexto día. La barba empieza a llegar a las mejillas. Sigo sentado a la mesa. No me estoy volviendo loco. Sólo estoy haciendo tiempo. Acaricio una flecha de mocos pegados sobre el mantel. La punta es más oscura que el otro extremo. No ha sido fácil conseguir un buen gradiente. Alguien por la radio asegura que los jóvenes se drogan cada vez más. No he sacado ningún moco con restos blanquecinos, esta vez no. Lo cierto es que la flecha apunta a un bote de Eagle Peanuts. Llevo mirándolo una semana. He envasado dentro toda tu tristeza al vacío. Sólo estoy esperando ver como caduca. Y vuelves a sonreír. De nuevo.
29 de Noviembre 2004
Payaso
Felicidades terrible. Antes sólo acumulabas odio bajo las uñas. Un año después te has convertido en un ser despreciable. Empezar a escribir no ha servido para mucho más. Espero que no estés orgulloso de este circo. Eres ficción. Un tipo pretencioso escupiendo sobre la sintaxis. No te tomes demasiado en serio.
Supongo que si no te costó demasiado fingir una muerte, simular una diabetes será puro trámite. Así que cuando se acerque esa preciosa rubia con una tarta, niégate con educación. No puedo tomar azúcar, muchas gracias señorita. Tan sencillo como eso, sonríe, que no se te note. Y sí, que se coma ella la vela. Con lascivia, si quiere. Así será todo mucho más divertido.
21 de Noviembre 2004
Absurdo
Como esperar que una puta te abrace y te diga que ha sido el polvo de su vida. Como si alguien fuese a hablar de ti una vez muerto. Como darle importancia a cualquier cosa heredada. Como si todos los kilómetros de polla que has desayunado te hiciesen más bonita. Como creer que con lágrimas vas a conseguir que el cura se calle y el féretro se abra. Como asegurar que el suicidio es algo cobarde. Como tratar de envejecer con dignidad. Como creer en el amor. Como si algo realmente importase.
13 de Noviembre 2004
Ellos
A Nabokov se le ha subido un gemelo así que Cravan me pide que salga a calentar. Miro a Vladimir desde la banda, y bueno, no se queja demasiado. Supongo que no hay nada como llevar treinta años muerto para que las lesiones musculares no afecten demasiado.
Alguien me tiende un peto rojo y Mishima me recuerda que en un partido de degolla al otro se sale a morir. Después de eso, me da una palmada en el culo y se aleja corriendo. Por lo general, los samuráis resultan jodidamente previsibles.
Miller lleva también un peto rojo, y por lo que parece es el capitán del equipo. Él solito se ha hecho con cuatro cabezas. Pérez Reverte, Dan Brown, Lucía Etxebarría y Paulo Coelho. Un botín maravilloso, sin duda. Loriga propone una cena con los cien millones de Lucía, y la idea, evidentemente, tiene gran aceptación.
Rimbaud discute con Burroughs la elección del restaurante, y el maldito Gala aprovecha el despiste para cortarle el cuello al francés. Una baja importante. Chéjov se acerca a Rimbaud y llora sobre él. Carver grita algo así como ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?
El partido acaba, y Palahniuk, que ante todo es un cachondo, continúa chutando algunas de las cabezas que quedan sobre el césped.
Una vez en el restaurante alguien pregunta si cien millones no son muchos millones para una sola cena. Lucía se apresura a decir que la mitad son impuestos. Y alguien le recuerda que las cabezas de las malas escritoras degolladas no hablan. Conseguimos que se calle, pero no conseguimos entender por qué Henry se ha traído sus cuatro cabezas a la cena. Boris Vian aparece con un surtidor de Guinness y llena las cuatro bocas muertas de cerveza. Dice que la cerveza, mejor con poca espuma, que suficiente tienen ya los días. No es un gran chiste, pero a Boris, por respeto, hay que reírle las gracias.
Bebo de los labios morados de Pérez Reverte mientras Burgess arranca las pestañas de Coelho y las coloca junto a media naranja que reposa sobre el mantel. Brindamos, y el postre, y la cuenta, y sí, cuarenta millones de propina, no se preocupe señorita, ha sido un placer, muy buenas.
23 de Octubre 2004
!
El pecho y las piernas. El pecho y las piernas. Mis ojos están dentro de una lavadora. Centrifugan. Me veo el pecho y luego las piernas. Paro el tambor con una mano. Con la otra cojo los ojos. Me los pongo de forma que los capilares quedan hacia afuera y las pupilas hacia adentro. Bebo sosa cáustica y bailo. Perforación del esófago es mi nueva forma de ver el mundo exterior. La sosa hace que la faringe brille. La luz rebota en las paredes del tubo, atraviesa el esófago, y llega a mis pupilas. Tengo la visión de un tipo de metro sesenta. Un enano en el cuerpo de un cabezudo. Un periscopio en mitad del cuello.
Mamá acerca la cabeza al ventilador y las aspas cortan su oreja izquierda. Mamá grita: soy Van Gogh. Mamá es joven, bonita, y pinta girasoles de sangre en la pared.
22 de Octubre 2004
muse
Pelotas naranjas de ping-pong. Un tipo con sombrero sentado a una barra esperando como sólo sabe esperar alguien con un sombrero de piel de serpiente. Dice que las buenas preguntas nunca tienen buenas respuestas, y aunque estoy totalmente de acuerdo con él no se lo hago saber, así que seguimos bebiendo en silencio.
Una maravillosa chica baila descalza sobre el capó mojado de un coche. Grita time is running out y araña su muslo en el lugar en el que imagina las cuatro cuerdas de un bajo. Resbala y veo a una morena de metro ochenta y uno sobre el asfalto. Llora y no canta. La acompaño al hospital porque según dicen es mi amiga y allí escucho a una chica vestida de blanco decir que es una fractura. No me parece mal que le acaricie la pierna a mi amiga porque tampoco tengo muy claro que sea mi amiga y porque bueno, sólo es una radiografía. Escuchamos el diagnóstico con la indiferencia de quien ve las desgracias ajenas en un telediario y salimos de allí cantando algo que trata de ser sing for absolution. Ella cojea y yo la beso, lo que enseguida me parece un buen trato.
Alguien me pide dinero y alguien dice que se alegra de verme. Supongo que no en este orden. Sonrío y enseño una cartera vacía. Salgo de un baño y una portuguesa con los ojos tan tristes como el entierro de tu mejor amigo me pregunta por qué no la beso. Las buenas preguntas no suelen tener buenas respuestas. Encojo los hombros y no la beso. Una chica sonríe a una cámara y su novio mea tras ella. No es una gran foto pero sin duda parece una gran pareja.
Y eso es todo lo que recuerdo. El resto son dos chinos apretando los dientes como carniceros cabrerados. Dos chinos diminutos con palas diminutas golpeando enormes pelotas naranjas de ping-pong dentro de mi cabeza. Resaca.
Inmoral
En una descripción bien hecha, aunque sea obscena, hay algo moral: la voluntad de decir la verdad. Cuando se usa el lenguaje para simplemente obtener un efecto, para no ir más allá de lo que nos está permitido, se incurre paradójicamente en un acto inmoral.
(Enrique Vila-Matas, Bartleby y compañía)
12 de Octubre 2004
Retina
He visto como te acercas a un armario y estudias las vetas de la madera. Dices que la veta estrecha es un torero muerto mientras acaricias al gondolero que lo tiene en sus brazos.
No ha sido fácil verte llorar con el suicidio de tu padre. De todas formas, hay que reconocer que tu padre es un tipo imaginativo. Nunca se me hubiera ocurrido hacer eso con un abrelatas.
Tú no lo sabes, pero la noche que bailaste desnuda en una iglesia también lo vi. No estuvo mal lo que hiciste, pero deberías saber que la gente suele meter la mano ahí dentro.
Te he visto arrancarte un ojo y metérmelo en un bolsillo. Dijiste que querías que tuviese algo tuyo. No te preocupes, lo guardo dentro de una caja.
Te he escuchado rezarle al futuro, y créeme, fue precioso lo que escuché. Lástima que el futuro no parezca un dios de fiar.
Sí, también vi el polvo que echaste con mi hermano. No os guardo rencor, sois las dos únicas personas a las que quiero. Quizás la próxima vez podamos disfrutar los tres. Deberíais avisarme.
Supongo que no es justo, pero llevo mucho tiempo viendo lo que sueñas.
9 de Octubre 2004
RF
Cartílagos en pequeños sacos de plástico. Bolsitas numeradas en neveras de hospitales. Cámaras frigoríficas con orejas a cuarenta grados bajo cero.
Adiós análisis chartristas. Brokers con las venas rajadas. Adiós fondos de pensiones. Cuerpos sin vida en bañeras vacías. Adiós inversiones. Suicidios. La bolsa hundida. Hombres saltando desde cincuenta metros. Gente arruinada.
Nada que ver con la viruela. La sífilis. El sida. El cáncer. No es fácil contar diez pasos sin contar tres muertos. Cuerpos duros con el codo en alto.
Algunos siguen vivos. Talan antenas blancas y rojas. Tienen sierras eléctricas. Quemaduras en las ingles. Orejas amputadas.
Auriculares manchados de sangre. Estudios epidemiológicos falseados. Radio Frecuencia penetrando en los tejidos hasta un centímetro. Cáncer cerebral. Esperma sin flagelo. Orejas mutiladas. Leucemia. Un muerto cada dos segundos. Los teléfonos móviles funcionan por Radio Frecuencia. RF.
Salas de parto vacías. Recién nacidos con cianosis. Falta de oxígeno en la sangre.
Adiós primer mundo. El ochenta por ciento de la población tiene un teléfono móvil. Mil millones de muertos. Esperanza media de vida para dos mil millones de personas: seis años. Hola al resto.
Una preciosa niña de Madagascar se acerca a mí y dice: estáis todos muertos. Sonríe y da vueltas sobre sí misma. Lleva un abrigo beige. Me desangro pero sonrío. Trato de acariciarla y no llego a su mejilla. Paso la mano sobre su abrigo y veo algunas pecas. Montones de lóbulos. Pabellones auditivos. Algún pendiente. Miles de orejas humanas cosidas. Es una piel maravillosa.
25 de Septiembre 2004
Meñique
Leonor Watling tiene unas alas preciosas. Dios le arranca algunas plumas y las deja caer al suelo. Es un tipo histriónico. Como Jack Nicholson enfundado en una bata rosa.
Ray Charles se niega a comer entrecot. Dice ser incapaz de ver como sangra una vaca y engullirla. Kasparov aparece con treinta y dos piezas y las deja sobre el mantel. Dieciséis bemoles negros y dieciséis teclas blancas. Leonor llora mientras mira su piano mellado. Kasparov organiza las piezas por colores sobre el mantel. Ray pide más canónigo para su ensalada mientras Dios se pinta las uñas de los pies con esmalte negro.
Txh2. Cd4 Txh1. Jake a Dios. Kasparov sonríe y Dios da un puñetazo sobre la mesa. Dios se levanta y dice Mate. Le dispara. Tenemos un ruso muriéndose sobre una lasaña. Ray se cabrea y repite que no soporta ver la sangre. Leonor sonríe y recompone su piano. Dios pide el postre y aparece Audrey Hepburn empujando el carrito de la tarta. Leonor apura su plato. Hunde un pinchito en un caracol. Se le resbala. Sale volando. Y grita mecagüendios. Ray se calla. Audrey se calla. Kasparov lleva, por supuesto, cinco minutos callado. Los trozos de Hitler, en tres platitos de postre se callan. Y Dios la mira y dice: Ray, ya que eres un jodido ciego mentiroso. Un vegetariano sugestivo que no ve la sangre de la carne. Cómete los meñiques de Leonor.
23 de Septiembre 2004
Hoy
Praga no existe. Ni tus pestañas. Ni tu ojo. Ni tu barbilla. Ni la cicatriz que los une.
Ni los pezones de una gitana. Ni las orquídeas muertas. Ni las uñas de los niños. Ni los ojos de los mendigos. Y mucho menos, los boxeadores que lloran tapándose la cara con esas enormes manos de carpintero.
Hoy. La belleza ha muerto.
11 de Septiembre 2004
Tímido
Ella se tumba sobre la cama y dice que no hay nada como correrse a las seis de la mañana. Él, a tres metros de ella, apoyado en la pared. Ella hunde su mano derecha en su entrepierna, flexiona su pierna izquierda, se masturba. Él ve una flaca de pelo negro sobre una cama. Ella arquea la espalda, marca los huesos de la pelvis. Él ve un ombligo, una mano, dos párpados. Ella jadea. Él no se mueve. Ella le llama. Él no se acerca. Ella se corre. Él ve un cerco en las sábanas, junto a sus piernas. Ella dice que no hay nada como correrse a las seis y cuarto de la mañana. Él no sonríe. Ella le insulta. Él, hierático, inmóvil. Ella dice: no se por qué te robé. Él de bronce. Desaparecido del Louvre en el 84. Apolo del Piombino, 520 aC. Tímido.
31 de Agosto 2004
3,7
Cubertería de 240 piezas FÖRNUFTT. Acero inoxidable 17-0. Apto para lavavajillas. En el hinduismo, la vida es una cadena de continuas reencarnaciones.
Una trapecista bielorrusa. Graciosa y pequeña. Ojos azules. Función dos veces por semana. Según el folclore británico los espíritus de los marineros muertos habitan en los cuerpos de las gaviotas blancas.
Larva Coco. Repugnante gusano escurridizo. Cebo de pesca ideal para ríos con abundante caudal. Las antiguas baladas inglesas y escocesas cuentan como las almas de los hombres y mujeres pasan a los animales, aves o plantas.
En un comedor escolar de Oslo substituyeron la cubertería FÖRNUFFT por cubiertos de plástico. Dos niños se amputaron siete dedos en una disputa por un cordon bleu. Acabé en una fundición de metales. Me reencarné. Caí desde quince metros en un circo de Minsk. Doble salto mortal planchado. En Europa del Este no hay presupuesto para redes de seguridad. Aparecí en una caja de cartón, húmeda y escurridiza, junto con otras cuarenta y nueve larvas. La vida de un cebo de pesca es efímera.
Pasé del interior de una trucha fría a llamarme Raúl. Trabajé veinte años como taxista en Marsella. El 13 de Agosto de 1980 fallecí en un accidente de tráfico. Lo peor de Marsella es la niebla. Lo peor de los ochenta, que no existía el airbag. Mi hermana Helena publicó una nota sobre mi muerte. Poco después se suicidó. Las ciudades con mal clima tienen mayor índice de suicidios. Mi hermana no superó que el gremio de taxistas no enviase flores a mi entierro.
Los betsileo de Madagascar sostienen que los nobles renacen en forma de boas constrictores, los plebeyos de buena posición como cocodrilos, y los miembros inferiores de la tribu como anguilas.
19 de Mayo de 1981. Tengo la frente ensangrentada. El líquido amniótico sabe a endivias podridas. Aprieto los puños de forma que los dedos se recogen sobre si mismos y los nudillos aparecen tímidamente. Las articulaciones apenas se distinguen y los brazos no son más que una masa asquerosa de piel morada. Ojos de gallina degollada y párpados abotargados. El cuello es sólo una parte más del pecho. Acerco las rodillas a la boca y atravieso pliegues de sangre y mucosa.
Una Virgen María de piel sonrosada colgada en la pared. Un tipo sujetando mi cabeza con guantes de látex. Una mujer cortando una cuerda que pende de mi ombligo. Latidos que suenan a tambor destensado. El tipo de los guantes de látex es el encargado de pesarme. Tiene unos preciosos ojos verdes iguales que los que tenía mi hermana. Rueda de migraciones es la forma que tienen los chinos de referirse a la reencarnación. El médico, Helena, el tipo de los guantes de látex, la que fuera mi hermana dice: Tres kilos setecientos gramos.
23 de Agosto 2004
Raúl
Soy Helena, la hermana de Raúl (enfant terrible). Mi hermano falleció el pasado 13 de Agosto en un accidente de tráfico. Gracias a todos los que visitabais esta página.
27 de Julio 2004
Gol
Morfina. Midazolam. Metoclopramida. Haloperidol. Hioscina. Dexametasona. Ketorolaco. Quitarse de en medio es tan fácil como dar con una tabla de incompatibilidades. Elijo un 1+5+6 y entro en la bañera. Arquímedes no mentía. Todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso del fluido desalojado. Peso setentaycinco kilos y el agua se desborda. Cierro los ojos y espero. Con lo que acabo de tomar, un elefante hiperactivo no tardaría más de veinte minutos en morir y donar sus colmillos a una tienda de souvenirs. Pasan dos horas y el agua se ha enfriado. Me incorporo. Me seco. La imagen de un suicida en albornoz resulta absurda. Tacho de la lista 1+5+6. Quizá sea la dexametasona. Esta combinación tampoco funciona.
Una farola y un toldo consiguen que veinte metros no sean suficientes. Traumatismo craneoencefálico y extirpación del bazo no es nada que no te pueda proporcionar un camión que se salte un stop. Eso supone mi tercer nulo en caída libre en poco más de un año. Mi pie izquierdo ha resbalado con la humedad de la barandilla. No ha sido un salto limpio. Efecto Doppler es la sirena de la ambulancia haciéndose más aguda. Variación de la frecuencia en función de la distancia. Jacklima es el aliento de la camillera mientras acaricia mis pómulos. Cricri es fractura de huesos de la cara. Como pequeñas láminas de chocolate flotando en nata.
Un paso a nivel en un sitio turístico no parece mal sitio. Cincuenta holandeses expectantes. Sandalias y factor de protección solar sesenta. Euromed a cientocincuenta por hora. Freno de emergencia. Copas del vagón restaurante precipitándose al suelo. Espero sentado en el raíl hasta que puedo ver los ojos del tipo de la locomotora. Mirada de perro muerto. Perro frío. Me aparto de los raíles. No sería justo quedarme aquí. Mi cabeza se convertiría en un proyectil de unos diez kilos. Los niños disfrazados con camisetas de portero de fútbol no parecen capaces de parar un tiro así.
22 de Julio 2004
h2so4
Sólo personal autorizado resulta, la mayoría de la veces, una frase inofensiva. Empujar la puerta me acaba de convertir en personal autorizado.
Un cuartito blanco. Cloro y humedad. Nada sorprendente teniendo en cuenta que estoy en el almacén de mantenimiento de una piscina. Una garrafa blanca. De unos ocho litros. Un círculo naranja con una cruz negra en la pegatina. Producto irritante. En caso de accidente consultar al Servicio Médico de Información Toxicológica. 915620420.
Si un niño de cuatro años bebe de esta garrafa de cloro, seguramente lo primero que hará será coger su móvil y marcar el noventayunocincoseisdos mientras nota como parte de su esófago implosiona.
Vierto la garrafa. Dejo que el cloro se escape por la cañería del suelo. Relleno de nuevo el recipiente con un embudo. Hachedoseseocuatro. La formulación química resulta jodidamente cacofónica, pero estética. Como un tartamudo en llamas.
Ácido sulfúrico en lugar de cloro. Me tumbo en la toalla. Faltan dos horas para que el conserje compruebe el peache del agua. Leo a Mishima para matar la espera. Aunque supongo que después de lo que acabo de hacer no necesito lecciones de cinismo.
Once trentaysiete. Mono azul. Un tipo de unos cincuenta años se arrodilla ante la piscina. Hunde la mano derecha en el agua. La saca. Mira sus uñas. Resuelve que, efectivamente, la piscina necesita cloro. No parece un método excesivamente serio para la que se supone su labor de mayor responsabilidad. La que le precede es cortar los setos rectos. En quince años, no lo ha conseguido.
Entra en la caseta y sale con la garrafa en los brazos. Vierte el líquido sin estrategia alguna y devuelve la garrafa al almacén. Seca un par de gotas de sudor con un pañuelo y desaparece del recinto. Once cuarentayseis. A dormir. Su jornada laboral ha acabado.
Falta una media hora para que aparezcan. Uno de los ex capos de un importante banco. Una mujer de unos cincuenta que insiste en ofrecer un billete marrón por un polvo. Un tipo cuya conversación se reduce a Susana, su yate. Cincuenta metros de eslora. Si la felicidad son cincuenta metros estoy convencido que no le importará tener un barquito de cuarentaydos. Me apetece meterle parte de Susana en sus ocho metros de intestino. Luego está la rubia de veinticinco. Pasea su título de derecho. Aprobado con las rodillas más raspadas que los codos. Cuarentonas con suficiente colágeno como para convertir el Amazonas en un souvenir plastificado. Una modelo de la talla treintaydos que no acaba de tener muy claro si quien le da sentido a su vida es Dolce. O Gabbana. Una pareja del opus con una inquietante excursión de ocho cesáreas. Ocho irritantes renacuajos modelo Flanders.
No os vendrá mal un chapuzón. Carne a tiras. Como los kebabs que sirven esos paquistaníes que tanto odiáis. Lagrimales desprendidos. Asfixia. Fogonazos en los pulmones. Flotadores humeantes. Liposucción de bajo coste. Adiós a la grasa. Chapotead y sonreíd.
11 de Julio 2004
Nana
Los torres de Nueva York se hunden por aluminosis. Los pilotos no suelen ser tan miopes como los de aquel día. Un tipo de Israel construye una gran muro para hacer felices a los chicos de los graffitis. Derecho internacional no es sólo una asignatura de segundo. Cáncer es el nombre de una sopa de sobre. Las mujeres no lloran, las gotas de su cara son siempre de lluvia. Argentina sonríe. Los niños nunca mueren, se reencarnan en pelotas de tenis.
Trata de dormir.
6 de Julio 2004
Sean
Número privado. Descuelgo y escucho. A las cinco donde siempre. No entiendo la maldita costumbre que tiene Sean Penn de llamar de forma anónima. Supongo que es el tipo de cosas que hace una estrella de cine. Donde siempre es una taberna irlandesa del centro de Barcelona.
Cuando llego, un tipo con la camiseta de la selección inglesa cree haber reconocido en Sean a su dentista. Trata de abrazarle y yo temo que Sean se meta demasiado en el papel y le salte un par de muelas.
Me acerco a la barra y pido un par de pintas. El camarero, un noruego con los párpados caídos, tiene una conversación tan absurda como un entierro sin muerto, así que desaparezco con una Guinness en cada mano. Sean me sigue y nos sentamos sobre la
mesa de billar. Él habla de del Toro y yo atajo, sin demasiado éxito, hacía Naomi Watts. Cuéntame más cosas de Bukowski, le digo. Niñato, siempre me preguntas lo mismo. No me interesáis demasiado los actores, sois casi tan falsos como los gatos. Esa frase no es tuya. Si lo es, yo la escribí antes que Amenábar la utilizase en esa ingeniosa película. Esa que luego destripó Tom Cruise. Los bajitos, por lo general, resultan estúpidos. Supongo que tienes razón. Joder, todos los dictadores han sido enanos. Maldito Hitler, voy a mear.
Sean se levanta y bueno, tampoco parece demasiado alto. Pasa un cuarto de hora y Sean no ha vuelto. Decido buscar la puerta del baño. La entreabro y veo como Sean saca un bote de enjuague bucal de su americana y se lo tiende al tipo que vomita sobre la taza del váter. Le recomienda que no beba tanto. El alcohol amarillea los dientes. Y cepíllese tres veces al día tratando de no dañar las encías.
Joder. Un maldito ortodoncista de Manchester. Tres años pensando que este tipo era Sean Penn.
2 de Julio 2004
Marciana
La endolinfa colándose en el canal vestibular, el conducto coclear, el canal timpánico. Tres pequeños conductos del oído que captan la aceleración angular. El sáculo y el utrículo se ocupan de la aceleración lineal y vertical.
Una vietnamita tragándose una tubería. Un niño de cinco años aplastando un portaviones. Un porsche del sesentaydos ardiendo conmigo dentro.
Antes de recordar la explicación de porqué el sentido del equilibrio está relacionado con el oído. Antes de las alucinaciones. Antes de irme al suelo. Antes del golpe contra la farola. Giro el cuello durante más de diez segundos para ver a una rubia en la otra acera. Preciosa. Descomunal. Marciana.
Sol
Chicos en la contraportada de las revistas. En paradas de autobuses. En esas telas de tamaño imposible que cubren algunos edificios en obras.
Codos ingrávidos y costillas de menos. Duda permanente en las pupilas. Como si hubieran desayunado un litro de horchata sin tener muy claro el sabor de la chufa. Pulseritas y tacones. Caras blandas. Ojos mortecinos. Flequillos lánguidos. Tipos que no rellenarían más de dos palabras de un crucigrama. Nota musical, tres letras.
30 de Junio 2004
Herencia
Todo lo que se escribió sobre aquello no es del todo cierto. Pero la subjetividad es un espectador con demasiadas dioptrías. Se habló mucho en los colegios, en las calles, en las iglesias. Incluso se le dedicó un capítulo en un best-seller.
Mis padres eran unos hippies y mi hermano un consentido recalcitrante. Imagino que no soportaba su éxito con las mujeres. Sus buenas maneras impostadas. Su sonrisa niño bien. Seguramente no me apetecía matarlo, pero le acabé disparando a quemarropa. No es agradable salpicarte con la sangre de tu hermano. Pero Abel no era un buen tipo. Te lo aseguro.
A nadie le apetece llamarse Caín. A mí menos. Pero en el registro se niegan a cambiarlo. Herencia histórica. Eso dicen.
26 de Junio 2004
En off
Cuando muerdo tus pestañas y jadeas a quemarropa. Despresurización en la cabina y espasmos sin espuma por la boca. Cinética en los tendones y clavículas de un sólo filo. Azul cocaína en los ojos de la contorsionista china. Cuando mi boca entre tus piernas y tú me subtitulas, sexo en off.
25 de Junio 2004
Seis
No es el trapo negro atado al mástil. Ni los doblones. Ni el olor a tierra mojada de la cubierta. Prometo que tampoco es el ron, el parche del ojo o las argollas.
Lo verdaderamente increíble es el olor a pólvora. El retroceso del cañón. Hundir la daga hasta notar como se desgarra el pulmón. Dejar que la sangre salpique mi barba. Despedazar cuerpos. Dejarlos caer por la borda.
No debería haber abierto el cajón que se quedó con mis seis años. Maldito barco pirata. De playmobil.
24 de Junio 2004
Curva
Me siento junto a la taza del váter. Vomito. Hilos de bilis cuelgan de los labios. Trozos de carne resbalando como motoristas en un circuito mojado.
Me mareo. Me tumbo. Tres mensajes nuevos en el móvil. Nicole. Verónica. Álex. Cientosesenta consonantes. Vocales fusiladas. Todos dicen más o menos lo mismo. Me felicitan. Parecen contentos. Apago a Nancy Sinatra de una patada. Hundo la cuchara en el helado. Chocolate y nueces pijas. Antes de eso, fajita de foie y ternera. Trufas. Parmesano. Calamares. Bloody mary.
No debería beber. Estoy embarazada. Y no sé quien es la madre.
20 de Junio 2004
Bugs Bunny
Imagino que todos tenemos la misma cara de conejo. Seguramente por eso alguien nos suelta en el mismo laberinto. Ganar es simplemente darse cuenta que vas a perder. La zanahoria siempre está demasiado lejos.
Tienes setenta, ochenta años de coscorrones contra todas las paredes. No importa tu sentido de la orientación. Ni lo dura que tengas la cabeza. Nisiquiera tu dinero. Aquí dentro no hay nadie a quien sobornar.
No apagues las luces. De poco sirve buscar ese letrero verde con un tipo blanco corriendo hacia la puerta. No hay nada más estúpido que un laberinto con salidas de emergencia.
Tu zanahoria se pudre. Y tú no eres más que un personaje de la Warner. Eso es todo. Eso es todo amigos.
19 de Junio 2004
Saturno
Apoyo la espalda en la pared. Dos hombros que resbalan contra el hormigón. Como el culo de un leproso en los toboganes de un parque acuático. Me dejo caer. Me quito el cinturón. Lo ato en mi antebrazo. Una vena azul. Una aguja. Y sólo gotas de odio. Nada de sangre. Ni pus. Sólo odio.
Las buenas intenciones, los consejos. Asquerosas frases azules. Elegantes e inútiles. Como la llama de una caldera. Cuando la mezcla no es lo suficientemente buena.
La vida es un libro de astronomía en las manos de un niño de cinco años. Estéticamente perfecto. Insultantemente incomprensible.
6 de Junio 2004
Chuloplaya
Ni diez. Ni cien. Ni mil. Menos lobas caperucito. Dime de lo que presumes y te diré donde no la metes. Los cromos se coleccionan. Las mujeres no. Nunca encontrarás un sobre con una repetida.
No sé cuantas muescas necesitas en la culata. De tu pistola de agua. Seguramente tengas la boca más grande que las manos. Esas con las que abres la puerta de la farmacia. Seguido de la Virgen María. Para que en un predictor. Mee cada día.
5 de Junio 2004
Mierda
Somos amarillos. Personajes de Lego. Piezas perfectamente reemplazables. La misma sonrisa. Dos puntos negros para los ojos. Manos en forma de u. Peatones anestesiados. Muertos de plástico.
Somos moscas que estallan en un cristal. Sangre que resbala. Un chasquido en una carretera.Y un limpiaparabrisas que da el amén.
Somos peleles de plastilina. Cualquiera puede arrugarnos la cabeza con el pulgar. Amasarnos. Redondearnos. Devolvernos a la gran pelota inicial. De mierda.
29 de Mayo 2004
Guernica
Dios es mujer. Y la tiene pequeña. Es un impertinente con gafas. De los que se sienta en primera fila. A Dios no le han bautizado. Le tiene miedo al agua. Quizás por eso le huelen los sobacos. Dios no sabe leer ni escribir. La Biblia, cosa de un negro. El mismo tipo con el que estuvo relajándose el séptimo día. Dios es un imbécil de los que subraya las buenas frases de los libros. Y eso es algo tan estúpido como pintarle pestañas rojas a los ojos más tristes del Guernica.
26 de Mayo 2004
Liquid room
Acaricio la pared con la punta de los dedos. Como una madre buscando el nombre de su hijo en una lista de soldados muertos. Me revuelvo. Aparto las sábanas. Abro los ojos. Me río de las rendijas de la persiana proyectadas en el techo. La luz de algún coche las pone en movimiento. Se escapan. Comprendo que son ellas las que se ríen de mí. Desisto.
Cuatro dígitos verdes. Borrosos. 03:49. No es fácil saber si es tarde cuando no tienes muy claro donde estás. Negocio minutos de tres segundos. Y pierdo. Aquí todo el mundo parece tener muy claro como ganarme. Incluso un jodido despertador.
Las paredes se vuelven líquidas. Y se separan como dos gotas de mercurio. Se me abultan los ojos. Hago óes con la boca. Olvido los tres últimos segundos escritos. Desde fuera, una mano arranca la persiana. De pronto llueve algo. Empiezo a notar sobre las escamas los golpecitos de la asquerosa comida de peces.
Miércoles
Los días todos de la mano. Como parvulitos en la puerta de un museo. Los Lunes. Los Martes. Dos niños iguales con los mismos mocos verdes y distinto nombre en la bata.
Y yo, un hamster. Hastiado de dar vueltas en un tambor de lavadora. Me mareo. Con la cara de imbécil de un astronauta suplicando biodramina. Agua y detergente que se cuelan por la nariz. Y no hay polvo blanco que acabe con estos cercos de pena. Centrifugo un millón de veces hasta encoger. Escapo por uno de esos agujeros del tambor. Sumidero. Cañería. Verdín. No sé si en ese orden. Pero al final, alcantarilla y calle. Y todo sigue oliendo tan a mierda. Como cualquier otro Miércoles.
23 de Mayo 2004
Sondeo
Aprovecho que la chica de ojos azules se levanta y va al baño. Estoy a cuatro mesas de la suya. Voy hasta allí. Empiezo a escribir una frase en cada página de su código civil. Relleno unas treinta hojas. Sí, las chicas de ojos azules siempre tienen mucho que mear. Vuelvo a mi sitio. A los tres minutos llega ella. Se sienta. No tarda demasiado en darse cuenta de mi gamberrada. Empieza a leer. Sonríe. Pasa las hojas sin levantar la vista. Me gusta que no trate de averiguar quien ha podido ser. Se centra en la historia. Noto que se acerca al final. Ya no sonríe. Noto como reprime una lágrima. Efecto deseado. Me levanto contento. Y me voy.
Otras noches. Escribo frases. Las mando a móviles desconocidos. María ha tenido un accidente, está en coma. Me sigues queriendo? tres noches sin que nada huela a ti, son demasiadas. O tengo mis trescientos euros mañana, o te corto el cuello. Tecleo un número. Y espero las reacciones.
Foto
Inquietante. El parpadeo de un fluorescente estropeado en un parking inundado. Elegante. El azul de una llama de gas. Absurdo. Una ardilla buscando nueces en las páginas amarillas. Tétrico. Un ramo de tulipanes negros en la mediana de una autopista. Frío. Un destornillador destrozando un diente. Estúpido. Pensar en fotogramas.
22 de Mayo 2004
Australia
Quiero que esos niños que comen moscas y arroz de un bol, amanezcan todos los días en Disneyland. Todo el mundo tiene derecho a tirarle del rabo a Pluto. Me apetecen días en technicolor para todos los ciegos. Que los feos bailen con la más guapa. Sin dinero. Sin descapotables. Con granos en la cara. Y una mano en el culo. Quiero ministros con mierda bajo las uñas. Con la mano tendida. En la parada de metro que tú prefieras. Veinte dedos para los niños que pisan minas. Mujeres que menstrúen bloodymary. Que la gente se quiera por el agujero que le apetezca. Que las banderas sólo sirvan para intuir la dirección del viento. Que a todos nos dejen tirar un par de veces los dados. Que las cosas empiecen a girar en el sentido opuesto. Como cuando cagas. En Australia.
Telepizza
Me asusta la gente que cree en sí misma. Con fe. Con ganas. La gente de paja ante el espejo. Esos que no dudan. Que parecen caminar con bronce en los zapatos. Y ya nadie esculpe estatuas tan absurdas.
Señores con tarjetas de visita en el bolsillo. Abogado. Broker. Negrita. Subrayado. Tarjetitas de cartón. Estúpidas como las postales en el buzón de un muerto.
Me río del charco de sangre de ese gordo sobre el asfalto. De su corbata. De su colesterol. Del Viña Ardanza en la comida. De su firma en el contrato.
Y aplaudo al pizzero express. Ese que se lo ha llevado por delante. Admiro a los kamikazes. A los que acaban con esos que no son nadie pese a lo que digan sus nóminas
Y Laura. Hija del gordo muerto. En casa. Acaricia sus piernas. Recién depiladas. Y sopla el esmalte de sus uñas. Impaciente. Porque su pizza no llega. No por un padre muerto. Por una cuatro estaciones. Sin champiñones.
Y Luis, pizzero express. Se agacha. Y no llora. Y recoge del suelo ese fajo de tarjetas. Y decide que ya no reparte pizzas en una derbi. Ahora Luis es abogado. De los importantes. Con una corbata blanca. Sobre su impermeable rojo telepizza.
21 de Mayo 2004
Hot
No puedo escribir con calor. Ni enamorado. Necesito frío en los pies. Miedo. Un hígado que crepite. Que arañe. Vertigo en el culo y en la nuca. No puedo masticar lo que escupo. Y notar. Que las frases saben a donut mareado en el microondas.
No sé escribir. Pero sé mirar. Y tengo mala leche. En los nervios que le chivan a los dedos lo que ven las pupilas. Y el calor sólo sirve para espejismos sin reflejo. Para que las letras se espachurren. Como los helados de los niños. Que se suicidan. Para que tú los pises.
Cerillas
Las sorpresas son menos sorpresa cuando toda la sala sabe como acaba la película. Me gusta que tu tos no suene a anuncio de jarabe. Suena triste. Como un gitano tocando la trompeta. En un descampado. Cerca de su caravana. En esa hora en la que nadie sabe si es de día o de noche.
No me gusta cuando estas lejos. Te veo enana. Pareces un souvenir. Te metería en una burbuja de cristal. Y al darte la vuelta. Nevaría. No sé que ciudad podrías ser. Un sitio donde morir, seguramente.
Así que acércate. Quita esa cara de sorpresa. No tosas. Y sopla las velas. Celebramos que estamos tristes. Muy tristes. Como una caja de cerillas. En un túnel de lavado.
15 de Mayo 2004
Naipes
Me apetece una princesa muerta y un príncipe que llora. Día de fiesta para los chicos de azul y sus subfusiles. Nada que defender. Nada que proteger. Niños con hambre comiendo joyas, flores. El dinero nunca está en los hígados que lo necesitan. Hadas que saltan desde sus castillos. Dragones con mocos. Carrozas diesel. Rubias de telediario creyendo en las segundas oportunidades. Tetas de portada. Y reyes muertos. Ahorcados con la cola de un vestido. Blanco. Coronas en el suelo. Las de una baraja rota.
14 de Mayo 2004
Talco
Creo que empecé a los ocho años. Esnifaba pegamento de un calcetín. Tenía un chándal rojo. Unos zapatos negros. Un primo. Y poco más.
La calle es un colegio cruel. Se limita a enseñarte lo que nunca tendrás. Entrábamos en bares. Con churretes en la frente. Pedíamos. Robábamos lo que podíamos.
El pegamento ayudaba a no pensar. Como aquella vez. Cuando un tipo me violó. Me partió un diente en una de las embestidas. Después me dio diez euros. No fue un mal cambio. Con ese billete mi primo y yo nos tomamos tres hamburguesas y un bidón de cocacola. Yo por mi parte, estuve una semana durmiendo de lado.
La diferencia entre mi culo rajado y tu culo sentado es mínima. Yo no escogí nacer de un coño en Rumania. Tú tampoco escogiste crecer no violado. La probabilidad separó nuestras placentas tres mil kilómetros. Y esa, creo, es la distancia entre la sangre y los polvos de talco.
9 de Mayo 2004
Ellas
Me enamoro de la misma mujer. En distintas ciudades. Con diferentes acentos. Tacones. Labios.
Si fuera Millás o Kundera seguramente sabría explicartelo. Tendría palabras. Facilidad para hablar de las dualidades. Pero no, sólo tengo un puñado de malas frases. Y chicas que escupen el humo de sus cigarrillos con elegancia. Con pena.
Son chicas, mujeres, niñas. Siempre imagino sus cuatro años. Y en el fondo, todas llevaban las mismas coletas. Y su plastilina siempre suena un poco triste.
Distintos tangas y distintos sabores. Las mismas lágrimas. Las madrugadas nunca son noches cerradas. Os escribo algunas frases. Entre polvos. Y vosotras no lo sabéis. Escribo desnudo. Y odio que me desnudéis al leerme.
En el fondo, todas sois ella. Y yo, el que cambia en cada par de ojos.
8 de Mayo 2004
Breakfast
No tengo vértigo. Salto al vacío de tu ombligo. Sin cuerdas, sin permiso, sin pinzas en la nariz. Me gusta que no huela a anuncio.
Antes del vértigo, de las sábanas, de tu coche. Me encanta haberme limpiado el culo, con las hojas de tu libro. Ese que leías ayer. Educación gestual. Cómo sentarse. Cómo mirar. Cómo coger el vaso. Cómo acariciarse el pelo. Menuda gilipollez. Sólo he necesitado un brazo en tu cintura. Y caradura en tu cuello.
He desmontado un libro. He juntado vértebras con caderas. Me encanta follar. Contigo y sin mí. El sexo es maravilloso. Y un asunto insultantemente sobrevalorado. Si la gente follase más, no se hablaría tanto de ello. La gente desayuna todo los días, y nadie parece darle demasiada importancia. Nadie alardea, entre cervezas, lo cojonudo de su desayuno. Menos los ingleses, que desayunan demasiado, y siempre son un tanto absurdos.
7 de Mayo 2004
Dentro
Soy el niño que empuña la navaja y se acerca al columpio. Tengo barro en las suelas y una mariposa con un filo de siete dedos. Sólo quiero una moneda. Dos metros más allá soy también el niño con miedo en el culo. Dejo de columpiarme. Tenso los hombros. Caigo al suelo. Me desangro con dos euros ocultos en un puño cerrado.
Soy la hoja de metal y la arteria que cede. Clavo tablones cada vez más altos en una barrera que sólo yo veo. No importa, la acabo saltando siempre. Parte de mis rodillas se queda en cada salto.
Cierro todas las puertas. Me trago sus llaves. Me prohíbo ir a más. Me niego a mí mismo. Me desuello. Me abro en canal. Meto la mano. Cojo todas esas llaves. Abro lo que me da la gana. Yo y yo. Yo en mayúsculas y yo sin miedo. A nada.
2 de Mayo 2004
Nadie
Me llama la editora. Me pide una pequeña biografía. Cinco o seis líneas. No te explayes. Dice al otro lado del auricular.
Cuelgo. Me siento. Tecleo. Tengo un nombre. Dos apellidos. Un año. Una ciudad. Me siguen sobrando cinco o seis líneas. No soy nadie. Y me encanta.
Plan renove
Prometo dejar de rechinar. De sonar pretendidamente sentencioso. Pretencioso. Prometo quitarme esta estúpida visera de telegrafista. Prometo que habrá más palabras que puntos. Que compraré una caja de comas. Que dejaré las patadas. A los diccionarios. A las bocas.
Prometo escribir con menos odio. Beber menos. Enamorarme. Dejar los tacos, al escribir. No quiero que esto siga pareciendo un rap leído por tartamudos.
Empezaré a contar alguna verdad. Y te daré detalles. Sobre mis polvos. Sobre intimidades. De las que venden. Pondré mi foto. Para perder, definitivamente, lectoras. Lectores. Pondré un diseño apañado. Para tener un montón de imbéciles más. De los que se enamoran de la carrocería. Y no del motor.
Y una mierda.
1 de Mayo 2004
Terrible
Soy dos capas de impostura. Nunca voy a reconocer que lloro. Sólo te contaré que leo a Bukowski, Miller, Loriga. Pero Los sonetos a Orfeo, de Rilke, no es un título que asuste a nadie. No es un libro que voy a dejar que sepas que leo.
Seguramente yo también tenga un puñado de sueños. No los vas a escuchar nunca. Seguiré haciendo ver que todo da igual. Que nada importa demasiado. Que morir hasta las cejas no es tan mala idea. Seguiré mirando desafiante. Sonando rotundo.
Te convenceré. La felicidad está al final de cada vaso de tubo. Te mentiré. Te diré que nunca me he enamorado. Y en el fondo, sólo es miedo. Odio. Un o pisas, o te pisan.
Ganarse el respeto por andar de la mano con la más bonita. Es absurdo. Como aquellos calcetines blancos de Michael Jackson. Los besos de noche son como las mentiras de los niños pequeños. Graciosas, pero mejor no creer en ellas. No te dejes engañar. Por los zapatos. Por las pintas. En el fondo, todo es mentira. Es sólo un disfraz. Y yo, un imbécil.
F355
Ponte esto. Vamos a robar. Un descapotable. Un coche que nos merezcamos. Uno que nunca podríamos pagar.
Pestañéale a todo el que pase. Yo me ocupo de la electrónica. Hay un montón de viejos repasándote el escote. Y un montón de cablecitos verdes cerca del sistema de arranque. Verdes. Como tus tacones. Mejor puenteo el azul. Cualquiera se fía de esos zapatos.
No me mires así. Ya sé que dos horas para robar un coche no es un récord. Mi intención no era ocupar las páginas de ese estúpido libro de hazañas inverosímiles.
No tenemos demasiado dinero. Ni para la gasolina del coche. Ni para la nuestra. Pero como cantaba aquel grupo de melenudos. Lifes a journey, not a destination.
Bailamos. Sobre el capó. Todas las canciones. Todas las que te hacen sonreír. Quítate los tacones. No le rayes el coche al dueño. Somos malos buenos. Acuérdate.
Y cuando empiece a llover. Y sólo se escuchen sirenas. Y no tu voz. Quítate el cinturón. Acelero. Y morimos. Jóvenes. Felices. Bonitos. Como este descapotable italiano.
29 de Abril 2004
Exit
Hormigas escarbando en mi antebrazo. Apartan capas de piel. Como cuando tú soplas en la arena. Pitufos verdes. Grapando mis vértebras. De dos en dos. La última grapa, la he visto salir por el pecho. Una mano tras mi espalda. Y el paracaídas no se abre. No suelen hacerlo. No desde un sexto piso.
La sangre siempre es mucho más negra de lo que los libros dicen. Al menos en el asfalto. Y más cuando es la tuya. Tiemblo. No me gusta bucear en este charco. Negro. Mío.
No sé cuanto pesan estas sábanas. Ni cuanto sudor necesito. Para pensar en beber. En follar. Para no taparme la cara con esa luz que viene del suelo. Me encojo. El pánico son seis letras graciosas y seguramente esto también.
Cuarenta grados de fiebre son siempre muchos. Para un tipo frío como yo. Que suele andar por los veintitantos. Necesito dejar de soñar. Necesito volver.
25 de Abril 2004
Nh3
No os vi por aquí. Ni en Diciembre. Ni en Enero. Yo estaba entre esas rocas. Con frío. Con un libro.
Ombligos que se comen elásticos. Tangas con celulitis. Transistores. Sombrillas. Niñas bonitas. Fuman light. Leen best sellers.
Podría mataros a todos. Con las diez armas blancas. De mis pies. Pero no sería demasiado justo. Huele demasiado a crema. Y nadie parece muy feliz.
Podría comerme toda la arena a bocados. Y mearme en el agua. Amarillo y azul. Verde. Aunque dudo que tenga suficiente amoníaco en las venas. Como para cambiar el color del cielo.
9 mm.
Egipcia, la genialidad pasa de puntillas, y tú te has quedado con todos sus pisotones. Jodida tramposa.
Sonríe. Y me mudo a tus pirámides. Follaremos en sarcófagos. Como perros. Egipcios.
Soy un imbécil. De los que aún piensa. Que se puede enamorar con palabras. Y sin coches caros. Llevo diez buenas frases en el bolsillo. Las arrugo. Las tiro al suelo. Para dártelas, cuando amanece, a quemarropa.
Y tú, de ese amarillo Brasil, que tanto me gusta. Si la vida fuera justa, nos dejarían seguir bailando. Cuando encienden las luces. Y quitan la música.
Tú seguirías silbando. Como las balas. Esas que no disparas. Que son las que matan.
23 de Abril 2004
Capullos
Me apetece. Ver a un hombre. LLevando un ramo de flores con dignidad.
Me apetece. Ver a una mujer. Rechazando rosas. Sugiriendo orquídeas.
22 de Abril 2004
Profident
Las dentaduras perfectas resultan irritantes. Fichas blancas de dominó. Alineadas escrupulosamente.
A veces apetece volver. A los seis años. A mellar las fotos del periódico. Con un lápiz negro.
Manchas amarillentas. Café. Tabaco. Dientes que se amontonan. Como cadáveres en fosas comunes. Colmillos ácratas. Todo mucho más natural. Con la sinceridad de quien no quiere pagar.
Sonrisas de televisión. Cada incisivo, una factura. Doscientos euros la sesión. Le blanqueamos el bolsillo. Y después, la boca.
Garfios y limas. Verdugos de simetrías absurdas. Hierros góticos bajo las encías. Mucho dolor. Demasiados espejos.
Sobran cepillos. Y billetes. Faltan puñetazos.
Triciclo
Los locos siempre caemos bien. Parecemos simpáticos inofensivos. Hasta que sacamos una pistola. Un montón de rehenes. Y un director de banco. Con un culo que huele a miedo.
El otro día, en Alicante. Ese chico sólo quería curarse el resfriado con un gramo blanco. Tenía la voz de malo que tienen los buenos. La voz de alguien que nunca dispara.
En América te visten de naranja. Simulan un juicio. Y te broncean. Gratis. Si, como a un pollo. Al menos guardan las apariencias. Aquí alguien se aburrió de esperar. Doce horas son muchas. Así que acelera y mátalo.
Chicos de azul. Os voy a esperar. En cada cruce. Con un trailer. Con las luces apagadas. Y cuando paséis. Pedaleando. En vuestro tricilo. Con esa estúpida sirena azul. Os pienso cortar el paso. Cerrar comillas.
21 de Abril 2004
Post Meridian
Llevo algunos años sin reloj. No me importan las medias horas. Los retrasos. Las caras de reproche. Que sea Abril. O Noviembre.
Los nombres de las ciudades son sólo letras blancas sobre fondo azul. Letreros en una autopista.
Poco importa las veces que te mudes. Los cedés que pierdas en cada traslado. Los libros que empaquetes en cajas de cartón. Recorrer kilómetros. Y que nada cambie. Farolas. Tiendas. Restaurantes. La gente. La que no habla. La que te pisa.
Todo es provisional. Tu remite. Los prefijos. Los acentos en el metro. Y de puro inconsistente, se vuelve rutina.
A veces. El olor del mar. Y la mirada de los borrachos. Es lo único que cambia.
20 de Abril 2004
Cohen
Me gusta cuando suenas rota. Los buenos días se vuelven amenazas sicilianas. Te falta un sombrero. Y te sobra el resto.
No hay nada más elegante que una mujer bonita, ronca. Te vendo como remedio, tragar espinas del pez más cabrón. Rasgar cuerdas vocales. Ahorcar agudos. No te cures. Quédate Cohen.
18 de Abril 2004
Sesión numerada
Oigo como las neuronas se fusilan unas a otras. Nadie parece querer vivir ahí dentro. Hacen bien. Las escucho caer hasta los pies. Debía tener más de las que creía. Me pesan los pies.
Soy consciente de que me estoy dejando ir. Un suicidio consentido. Ambas partes de acuerdo. Y todos tan contentos.
Flores sobre la mesita de noche. Las flores son siempre sentimientos de culpabilidad con pétalos más o menos horteras. Unos cuernos, rosas. Saber que te mueres, tulipanes. Muerto, coronas con una banda lila.
Cocodrilos que visitan con lágrimas de familiar. Susurros. Besos sólo en la frente. Los que se merece alguien que empieza a estar frío. Lejos de los treintayséis grados.
Un corazón que ya no late. Por mucho que se empeñe ese osciloscopio. Esto ya no se mueve. Así que esas 62 pulsaciones mienten más que hablan.
No estoy viendo pasar mi vida ante mí. La leyenda urbana prometía un último pase. Alguien se está quedando con mis cinco euros veinte.
17 de Abril 2004
Hit me
A veces, cuando te veo coser frases con tan poco hilo, te odio. Podría disimular. No soy mal actor. Pero la envidia siempre tiene un punto de cinismo que la humaniza. La indiferencia es la peor forma de abstinencia emocional.
Piensas blanco. Y digo negro. El gris es un color entre dos certezas. Y las medias tintas, a la larga, se acaban borrando.
La melancolía sabe a lágrimas de álbum de fotos. Y la demagogia es la bajeza más ortopédica. Como la forma de caminar del peatón verde en los semáforos.
Me chuleas. Y me gusta. Pero se te olvida. Que con dos dados, si hace falta, saco un trece. Y las ruletas rusas, de siete balas, inofensivas.
Así que no trates de ganar. Al menos, no esta partida.
14 de Abril 2004
Smile
La próxima vez que tengas frío dímelo. Bajamos. Y matamos. A todos esos tipos de blanco. No les importará. No tienen sexo. Seguro que se aburren. Les arrancamos las alas. Les quitamos las plumas. Sin anestesia joder, que ya están muertos. Nos hacemos un edredón. Y a dormir. Como angelitos.
13 de Abril 2004
Vinagre
La gente ya no llora. Ya no piensa. Somos manecillas del reloj más imbécil. Los libros son más baratos que las casas. Las hipotecas no enseñan nada. Pero muchos salen de los bancos. Y pocos entran en las librerías.
Los sueños ya no duran una vez despiertos. No más de diez minutos. El tiempo entre que terminas la tostada y entras en el metro. Después todo son automatismos. Un trabajo. Un puñado de euros. Y vinagre en el alma.
Ayer vi un beso. Uno de verdad. De los que ya no se ven. Tenían todo el tiempo del mundo para besarse. Quizás ella se esté muriendo. O él se marche a Méjico mañana. Pero se querían. Como esa mujer de noventa años que habla con sus gatos. Y ellos la escuchan. Las dos partes saben que es lo único que tienen.
A veces, el amor más estúpido, es el de verdad. El resto, no importa demasiado.
12 de Abril 2004
Fíate
Podría convencerte de que soy piloto. De un avión de papel. Podría venderte lo inverosímil. Alquilarte lo surrealista. Mentir no es tener mala leche. Es darle salida a la creatividad.
Puedo convencerte por las buenas. Sonreírte por las malas. Esquivar tus preguntas haciendo eses. Entre tus interrogantes.
Podría podrías. Pero contigo no puedo. No, si me miras a los ojos. Eres la única capaz de desarmarme. Y nunca es bueno quedarse sin balas. Creo.
Marioneta
Quiero volver a tener cuatro años. Me voy a comprar un calidoscopio. Imágenes hipnóticas. Fragmentadas. Simetrías absurdas. Sólo necesitar eso para olvidar. Pasarme horas con el ojo pegado al tubo. Y no con un tubo dentro de la nariz.
A los cuatro, las lágrimas no saben a amigos muertos. A sexo sin amor. Sólo saben a chichones y mercromina.
La plastilina maleable de antes. Ahora mi carácter. Y los hilos de mi marioneta. O los zurzo. O me ahorco con ellos.
Regálame un calidoscopio. No nos pongamos trágicos.
11 de Abril 2004
Hugo
Niñato de ridículo apellido italiano. Que papá tenga todos los hoteles, bares y restaurantes de la costa, no vale nada. No te da derecho a nada. Cero euros de nada.
El respeto se gana con buenas frases. Y las tuyas, suenan a tartamudo con neuronas divorciadas. Sigo convencido de que te sobran tantos cromosomas como billetes violetas.
Que esa camarera esté pasando más frío que un esquimal tomándose un calipo invita a que mis nudillos intimen con tus caries. Eres incapaz de darte cuenta que es la más lista de la clase. Que algún día publicarán su libro. Que arqueando una ceja se come el mundo y todo tu dinero.
Seguramente sea culpa de esa melena pretendidamente descuidada. No te está dejando ver nada. Imbécil.
10 de Abril 2004
Sueño y guepardos
Me iba a echar la siesta. Sí, a las nueve. Cada uno tiene sus horarios. Y no, no mintáis. Nadie ve los documentales de la 2. Yo tuve mi época. Lo hacía para quedarme frito. Hasta que descubrí el snooker de Eurosport. Es narcótico. Más incluso que ver correr a los guepardos.
Dos señores. Con sus respectivos chalecos rococós. Con la cara inquietantemente blanca. Hepatíticos. Con zapatos en los que me veía reflejado. Joder como brillaban.
Con tacos largos. Y narices enanas. Ridículas. Como su puntería. Han empezado a fallar bolas. Una tras otra. Bolas que yo metería. Que tú meterías. Que un manco metería. Con el taco en la boca. Con las manos atadas. Bueno no. Que no tiene.
Players champ. 1/2 Final. Eso deben ser las semis. Soy un tío con idiomas. Letrerito azul para Doherty. Rojo para Hunter. Seguían fallando bolas. Un señor con guantes de mayordomo ha cogido la blanca. La ha secado. Hay que joderse. Pretenden hacerme creer que la culpa es de la bola. Cómo coño se moja una bola de billar si no estás en un bar.
Abucheos entre el público. Y no se que público resulta más inquietante. Si este. El de ajedrez. O el de salto de trampolín. Total, las diez. Otra vez sin siesta.
Dos copias
Mierda. Me ha vuelto a pasar. La última vez fue en la estación. Era fácil. Acercarse a la ventanilla y pedir el billete. A Barcelona. Con carné joven.
Hoy la frase tampoco era difícil. Dos copias de esta llave. He entrado en la ferretería. Y me he sentado en un taburetillo hortera. Quizás porque la pose invitaba a ello. O porque los días se vuelven fragmentos sobrios de cuarto de hora. He pedido un Ballantines cola.
Estupefacción del dependiente. Y para arreglarlo. Bueno, pues da igual, un cortado.
9 de Abril 2004
No
No me digas que no conduzca descalzo. No me preguntes si alguien nos persigue. Me gusta correr. A este coche le sobran tres asientos. Especialmente el tuyo. Por ciudad se puede ir a cientocuarenta. Sólo hace falta que no se den cuenta. Las calles son el circuito para los listos. Así que disimula.
No me reproches que desayune aspirinas y bloodie marys. No me escupas la mala cara que traigo hoy. Tampoco tu eres demasiado guapa. Al menos ayer fui el más simpático de la noche.
No me digas que follo como los ángeles y que soy más listo que el demonio. Te creía con más literatura. Tus metáforas son estúpidas. Como cobrarle un tatuaje a un leproso.
No me digas que aquí no. No me apartes las manos. No te abroches la falda.
8 de Abril 2004
Lucky man
De tí me queda Muntaner. Y Rue Lafitte. Los paseos cogido de tu mano. Tus hisotiras de la guerra. Siempre viejas. Siempre nuevas.
En Paris siempre ha hecho demasiado frío. Más incluso del que se merecen los franceses. Más del que tú y yo nos merecíamos.
Pasaba horas delante de aquel escaparate. Junto a tí. Mirábamos hipnotizados aquel desfile de juguetes. Hasta que tu decidías que lo mejor era entrar en aquellos grandes almacenes. Paseábamos entre las señoritas Lancôme. Yo no entendía porque. La inocencia propia de los cinco. Aún no había heredado la habilidad por quedarme con la más bonita de la noche. Como hacías tú. Yo soy más torpe. Sonrío menos. Te has ido sin conocer los últimos sudores. Alguna modelo. Alguna stripper. Alguna tan vacía como la casa en la que ya no vives. Bonitas, pero vacías. Como las botellas que me desayuno cuando te lloro.
De ti me queda un hombro que ya sirve de poco. Pero yo hubiera dado tres brazos por seguir levantándote de aquel sofá. Por partirle la cara al párkinson. Estúpido cabrón que no te dejaba comerte las natillas en paz.
Moriste mucho antes de esa noche. La única que no lloré de aquellos dos meses. Moriste cuando alguien te sentó en dos ruedas. Cuando alguien dijo que a los ochentaytantos ya basta. Cuando alguien pensó que dos guerras y demasiadas operaciones siempre son demasiadas.
De ti me queda una urna. Unas cenizas cerca del mar. En una ciudad que no era tuya. Y que cada vez es menos mía.
Clark Gable se sigue pareciendo a ti. Papá a ti. Y yo nunca me parecí a nadie.
7 de Abril 2004
Zoo
Trapecios con veintiséis. Bíceps con dieciséis. Pocas repeticiones. Tres series. Es un músculo pequeño. No necesita más.
Espejos que adelgazan. Pechos depilados. Mancuernas y alaridos. Envidias y egos sin cabeza.
Hay señoras sudando calorías sobre la cinta. Con el mismo entusiasmo que un mudo narrando la final del mundial.
Chicas de veintialgunos con manicura a precio de anguila. Tangas y culos once. Se pasean. Y no sudan. Sólo se pasean. Y captan todas las estúpidas miradas.
Niños de diecisiete que pretenden levantar lo mismo que ese. Que lleva diecisiete años levantando.
Vigorexia. Pastillas. Batidos de proteínas. Cartílago de tiburón. Geles. Reductores de abdomen. Mentiras a precio de mentira.
Recepcionistas de ojos azules. Consiguen que pague un año por adelantado. Sonría. Y joder, llevo dos años lesionado.
6 de Abril 2004
Fotofinish
Te acercas a la cinta. Das el último golpe de riñones. Agachas el cuello tratando de ganar por los pelos. Expresión acertada. No pierdes el tiempo en mirar a la derecha. La noche se decide en décimas.
Después de los gritos y el sudor. Las palmadas en la espalda. Para ti no hay ramo ni fotos. Sólo plata. Y nada más triste que la plata. Lo importante es participar. Pero esa frase no se le ocurrió a un ganador. Y ese sabor amargo. El de la derrota. Casi tan amargo como el que deja la coca. Aunque más sincero.
Suena su himno. Y baja su bandera. Le escupirías. Pero le miras con admiración y respeto. El mismo que se merece quien se lleva a la más bonita de la noche.
Y ella, descalza, se sube a su zeta tres. Él arranca. Y se van. Has perdido.
Super glue
Arena gruesa. Algún camión la descargó aquí hace un par de meses. La marea había dejado anoréxica la orilla.
Una niña en cuclillas. Con unas chancletas verde caja madrid. Rellena un pequeño cubo con cuatro almenas en su base. Chilla ilusionada. ¡Es un castillo mami!. Mamá decide no apartar la mirada de su libro.
La cría gira el cubo cien veces. Dando antes tres golpes en el lateral con una pala. Dos segundos que se hacen eternos. Los que tarda en ver aparecer un castillo. Efímero. Se desmorona. Como aquellos edificios en Nueva York. Con la misma facilidad. Pero con menos cámaras alrededor.
La niña llora. Sorbe lágrimas. Mocos de impotencia. Muerde esas uñas rojas acharoladas. Necesita celo. O pegamento. O los brazos de su madre. O el hueco de su hombro. Para llorar su fracaso. Pero jódete niña. Mamá sigue leyendo 'Tu hijo y tú. Como educarlo'. Jódete.
5 de Abril 2004
Síncopa
Nos esquivamos. A salto de caballo. En un damero de tres por tres. Y eso no deja demasiado margen. Tú con la elegancia del alfil. Y la mala leche de la reina. Y yo, peón que se arrastra haciendo eses.
El ajedrez, el deporte más violento. Tensión y silencio. Prohibido tocarse. Y nosotros, por mucho vodka que soplemos, no somos campeones rusos.
No pienso en las tablas. Nada más absurdo que empatar. Pienso enrocarte. En tu ascensor. En mi casa. En la calle, si hace falta.
Y esa sonrisa tuya. Me está matando.
4 de Abril 2004
Tambores
Capirotes. Y túnicas. Negras, moradas. La luz de las farolas sobre las aceras mojadas. En Abril siempre llueve.
Pies descalzos. Uñas sucias. Y cirios, que no velas. En Abril se llaman cirios. Que suena más serio. Y la cera resbala con la lascivia propia de lo estúpido. Y chica ponte tu collar nuevo, que nos ponemos en este rinconcito y seguro que salimos por la tele.
Alguien escribió una metáfora con barba y anorexia para explicar una reacción química. Un big bang. Pero con agujeritos en las manos. Y alguien lo alquiló por doce monedas. Las mismas doce monedas de mil euros que vale ese collar. Y nuestro dios es el más alto. El más bueno. El más guapo.
Espaldas que sangran. Rodillas lijadas. Pero los fanáticos son los otros. Nosotros no. Y no se podía esperar demasiado de alguien que se jubiló el sexto día. Y como suenan los tambores.
28 de Marzo 2004
Muito obrigado
En el coche más feo, pero los más felices. En algún sitio, entre Barcelona y Lisboa. Con tus pies colgando por la ventanilla. Con tu cara de yonqui, esa que tan de moda se ha puesto. Cantabas. Con la boca muy abierta. En el inglés que no sabes. Con esa sonrisa de obrigado. Esnifabas. Y sangrabas el papelito. El de la autopista. El que le dabas al chico del peaje. Luciendo ese escote tan pobre. Pero que tanto vende.
Follando en las gasolineras. Entre los carteles de recién fregado. Y el miedo de los abuelos. A que tus ojeras les robase la cartera. Y faltaban cactus para que aquello fuera tu road movie. Y ahora, sobran espinas.
Portuguesa, guárdame un hueco en el cielo. No tardaré. Te lo prometo.
27 de Marzo 2004
Nueve
Alguien decidió que diez dedos en dos manos eran demasiados. Y cerró la puerta. Con mi mano entre las bisagras.
Tengo un dedo con tornillos tatuados. Y una uña esmaltada. Yo, que ya no me pinto las uñas como cuando era pequeñita.
Y las manualidades de entrepierna se han vuelto más cuidadosas. Más cariñosas. Soy mejor amante desde que tengo un dedo Puleva. Papilla. Puleva.
26 de Marzo 2004
Pyotr
Es sordo. Del oído izquierdo. Cruza las vías apoyando las botas sobre los raíles. Mira únicamente hacia la izquierda. Confía plenamente en su oreja derecha.
Luz de media tarde. Podrían ser las cuatro. O las siete. No le importa demasiado. Más bien nada.
Mirada huraña, esquiva. Tres meses sin ver a demasiada gente. Y sólo mira al suelo. Comprueba que no se mueve. El vaivén de las olas ha desaparecido. Es marinero. Ruso.
Salitre bajo las uñas. Y sus manos, contundentes y arrugadas. Prematuramente envejecidas.
Cuenta baldosas. Sonríe satisfecho. No necesita aferrarse a una barandilla para andar. Es de las pocas ventajas que ofrece el asfalto, piensa.
Se pierde por calles intrascendentes. Todas lo son en una ciudad de paso. Las manos en los bolsillos, y la mirada en un letrero. Caligrafía de neón. Fever club.
Escotes tras una barra y alguien le informa que dispone de media hora desde el momento en que sube a la habitación. Tiene facilidad para el castellano. La suficiente como para odiar la palabra disponer.
Tras la puerta, una moqueta que huele a humo. Y una brasileña que no huele a nada. Enviste hasta correrse. Le sobran veintiséis minutos para fumar. Junto a ella. La mira, tratando de reconocer en ella los rasgos de su mujer.
Le pregunta por sus hijos. Y ella le habla de sus niñas. Las que violaron en Río. Entre fabelas. Y él piensa en sus críos. Dos paliduchos con cara de frío, en Vladivostok.
Se besan. Y hasta las siete y treintaicuatro han sido marido y mujer. Padres de dos hijos en común. Y han confundido recuerdos. Dos hijos vivos y felices. En Brasil. O en Rusia.
Ella se levanta, y le cobra, aún desnuda. Él se va. Faltan otros tres meses antes de ver a su mujer en las facciones de otra. En cualquier otro puerto. En cualquier habitación cerca de un muelle. Lejos de Rusia, lejos de todo. Cambiando billetes por mentiras. De agua dulce.
21 de Marzo 2004
Donatello
Es un crío de unos cinco o seis años. Su madre lo lleva de la mano. Han entrado en el vagón y se sientan frente a mí. Se llama David. O eso pone en su gorra. La madre le pide que se quite el jersey. El niño obedece. Tiene los ojos azules. Tristes como una caja de acuarelas robada.
La madre saca un libro de su bolso. Junta su cabeza a la de David y le habla bajito. Pasa el dedo por encima de las letras y éste aparta la vista de las hojas. Mira al suelo y luego la punta de sus zapatillas. Son de velcro. Con una pequeña tortuga ninja dibujada en el empeine. Absurdas. Graciosas.
Ella se ayuda de los dibujos del libro para captar la atención del niño. Parece un libro de medicina. David no entiende nada. Balancea los pies y sonríe a Donatello. Está en la punta de sus zapatillas. Una tortuga verde comiendo un trozo de pizza.
David no entiende que significa leucemia. Ni quimioterapia. No entiende porque no tiene pelo.
Me rompo. Lloro. Tras mis absurdas gafas de pantalla. Entiendo porque esa gorra roja. Y no entiendo porque la vida te pone la zancadilla. A los cinco años.
20 de Marzo 2004
money to burn
El dinero es tan estúpido como el señor con chistera dibujado en los tableros de monopoly. Hoteles rojos y casas verdes. Malas noticias para los daltónicos.
No importa que midas tres o cuatro metros. Alguien con dinero te mirará dos palmos por encima de donde llegue tu hombro.
Ahorrar es casi tan divertido como morir con un puñado de billetes en el bolsillo. Con una colección de ceros en una tarjeta de banda magnética. Las matemáticas y la economía, pequeños fascistas. Sólo cuentan los ceros que están a la derecha. Planes de pensiones que compran anestesia a largo plazo. Consumirse en un autobús camino de Benidorm.
Uno, dos, tres, cuatro. Gasta esos cuatro billetes. No importa de que color sean. Cuatro billetes no compran demasiada felicidad. Quémalos esta noche. Mañana podrías estar muerto.
19 de Marzo 2004
Publicidad
Follar no es el sexo de salón que proponen los anuncios de colonia. Once ocho ochentayocho. Sí, yo también fusilaría a los pelochos. Y no, no me preguntes que haría si me viniese hoy la regla. Seguramente llamaría a Mulder. Y también a Scully. El macahorro de macdonalds me quita las mismas horas de sueño que las patatas que engulle Banderas. Y sí, los besos saben igual con watershine de maybelline o con tus labios cortados. A vodka y tabaco.
14 de Marzo 2004
Rebeca
Poca gente es capaz de hacerlo. Ver sin mirar. Desconozco cómo lo hace. Pero lo consigue. Te ve con el cuello, con las cejas, con la nuca.
Deja caer dos hielos con indolencia y aparta la vista del tubo. A medio metro de la barra y tan lejos de ella. Ajena a los estúpidos que mascullan alcoholes imposibles. De noche todo es mentira. Y ella, lo sabe. Lleva demasiado tiempo siendo la más lista de la clase. No necesita mudanzas ni ridículos catálogos de Ikea. Su cabeza, perfectamente amueblada. Allá los sofás, aquí la tortuga.
Le sugiero a Kundera. A ella, que anochece cuando su despertador insiste en verla amanecer. Necesita días de cuarenta horas. Cinco trabajos y una carrera no caben en veinticuatro.
Escribe un libro. No quiere que yo lo lea. Hace bien. Se desnuda antes a alguien leyéndole que quitándole la ropa.
11 de Marzo 2004
Entrevista a una rata
Pasa. Son sólo unas preguntas. No tardaré mucho. No más de lo que tú has tardado en decidir en qué papelera dejabas el explosivo.
¿Cuál ha sido la última cara que has visto antes de salir del vagón? ¿Te has fijado en la niña de coletas? Ella y su madre han muerto. El resto de pasajeros no está mucho mejor. Te lo aseguro.
¿Tienes pensado que cenarás esta noche? Seguro que sigues teniendo apetito. ¿Sabes lo que significa mercenario? No tienes cara de ser muy listo. ¿No estudiaste demasiado, verdad?
Miedo en las aceras. Raíles teñidos de odio. Vagones destripados. ¿Orgulloso de las estampas dantescas? ¿Eres capaz de verlo por televisión? No me creo que no te hundas. Espero que no duermas demasiado esta noche.
7 de Marzo 2004
Le soleil du cirque
Los domingos son tristes. Como un mapa de Hungría en blanco y negro. Las lágrimas son funambulistas kamikazes. Caen al suelo. Los circos más divertidos son los que no tienen redes. Ponerle redes a la vida parece poco inteligente. Como enguajarse la boca con mercromina. El alcohol es la mujer más mentirosa. Y tú, eres la mujer más bonita. Verte llorar no es justo. Pero tampoco son justos los muñones y las minas antipersonales. Utilizar depresivos como euforizantes no es demasiado útil. Como una tartamuda cantando los números del bingo.
Te he querido. Hay microondas que no sirven para gratinar. Yo no sirvo para querer. Mátame. Tienes mi permiso. Medio beso.
6 de Marzo 2004
Placer visual
El amarillo. La máscara de pestañas. Un cubito de hielo. Las pupilas dilatadas. Un bebé lactando. Los tulipanes negros. Una espalda arqueada. Las botas de piel de serpiente. El asfalto mojado. Los billetes arrugados. Una mujer poniéndose las medias. Encender una cerilla. Los ojos negros. Una botella vacía.
5 de Marzo 2004
Pan
La noche de ayer. Divertida. Como dejar que un ciego acerque un tenedor a un enchufe. Y estúpida. Como un bizco con lentillas de colores.
Y a falta de pan, buenas son tortas. Y no hay que tomarse los refranes tan al pie de la letra. No hace especial ilusión que ciertas señoritas le crucen a uno la cara. Y menos por sugerir un polvo. Falta sentido del humor. Sobran ganas. Falta pan. Sobran tortas. Por si acaso, nunca pongo la otra mejilla. Cualquier idea sacada de ese libro con capítulos y versículos no puede ser demasiado buena.
4 de Marzo 2004
Juego
Lo de las máquinas del tiempo ya está muy visto. En lugar de viajar en el tiempo, podríamos jugar a viajar de persona en persona.
Poner la rajita del culo y ser puta. Pánico al virus. Coleccionar enanos de señores borrachos que nunca vuelven. Y morir, desangrada. En cualquier descampado.
O servir copas de noche. Dejar que alguien se deje llevar por la euforia y nos convierta en una cicatriz de diez centímetros. Porque un vaso de tubo da de beber. Y raja caras también.
O repartir publicidad a la salida del metro. Gente ofendida. Quién serás tú para tenderle el brazo a ese señor. Tú ganas dos céntimos por hoja repartida. Ellos se limitan a escupir. Los más educados le mandan recuerdos a tu señora madre.
O ser uno de esos señores que huelen mal porque quieren. Duermen junto a un cajero automático porque quieren. Y mueren, evidentemente porque quieren, a modo de falla. Llegan cuatro niñatos. Lo rocían con gasolina y ese señor deja de pasar frío.
Como juego estaría bien. Pero sólo un día en la vida de ciertas personas. Que sino, escuece.
29 de Febrero 2004
Fotocopia en color
Los señores de azul tienen pistola y te piden que pares a la derecha. No tienen cara de ser demasiado simpáticos.
Se acerca uno de ellos. Tiene un pirulo amarillo que ríete tú del de darveider. No entiendo muy bien quién se cree este señor para colarse en mi noche. Su gorra me resulta tan absurda como un faquir tragando pelotas de goma.
Me pregunta si he soplado antes. Le cuento que hace bastante que no cumplo años y no parece entenderlo. Las velas en las tartas de cumpleaños y los policías son definitivamente estúpidos. Está claro.
Mira su aparatito de tres dígitos como quien ojea los titulares a primera hora del Lunes. Desaparece en dirección a su coche patrulla. A mis cuatro años yo también tenía un coche patrulla. Azul y blanco. Aunque no andaba molestando a nadie a las cinco de la mañana.
Vuelve con un papelito. No tiene pinta de ser una receta. Las recetas ya son de por si horteras como para encima escribirse en papel de calco. Amarillo y Rosa.
Seiscientosun euro coma un céntimo. Me resulta gracioso ese céntimo. No sabía que se dejase propina en las multas. O quizás sea el sueldo de este amable señor. Quien sabe.
Antes de que suba la ventanilla me cuenta que si pago pronto, la receta sale por la mitad. Mira tú que bien, no sabía que estuviésemos de rebajas.
Añade con tono grave que un juez se encargará de quitarme el permiso de circulación. Que barroco suena eso de permiso de circulación. Tampoco le doy demasiada importancia. Las fotocopias en color no son tan caras hoy en día.
28 de Febrero 2004
Agua y chinos
Los paraguas son inútiles. Confesarse también es intuil pero no todo el mundo lo hace. Sin embargo, cuando llueve todo el mundo coge el paraguas. Lo de menos es mojarte. Sonríe si eres capaz de llegar a casa con dos ojos. Las ancianas cobran comisión de oculistas y cirujanos. Sacan ojos con la precisión de una anciana. No fallan. Nunca.
Los paraguas sólo sirven un día al año. La noche de reyes. Los reyes son los padres. En las cabalgatas, ni siquiera. Son un cartero, y un profesor, y alguien con betún en la cara. Salgo a la calle provisto de paraguas. Lo abro. Le doy la vuelta. Llueven caramelos y todos se quedan en mi paraguas. Los niños lloran y yo tengo caramelos. No parece demasiado ético aunque tampoco creo que deba confesarme por ello. Dicen que quitarle caramelos a un niño es fácil. De momento he necesitado un paraguas y un poco de mala leche. No debe ser tan fácil.
Tengo muchísimos paraguas. Mi madre se encargó de que nunca me faltase de nada. Especialmente paraguas. Podría ser la competencia directa del mercado ambulante de paraguas en cualquiera de las grandes ciudades de España. Prefiero no hacerlo porque las mafias chinas me asustan. Las otras también, pero menos. Los chinos siempre saben artes marciales. Una de cada cuatro personas en el mundo es china. Hay unos mil quinientos millones de personas que te pueden dejar seco de una patada. Seguramente no merezca la pena morir por un paraguas. Y menos un Sábado.
27 de Febrero 2004
Ajeno
Camino decidido. No tengo muy claro donde voy. Me siento un tanto extraño. Como si pasease por el cementerio de una ciudad extranjera. Los apellidos de las lápidas no me dicen mucho. Los epitafios menos.
No entiendo los titulares de los periódicos, y las fotos no ayudan demasiado. Las imágenes están dejando de valer mil palabras. Se devalúan. Apenas daría por ellas veinte o treinta letras.
Abro una caja. Roja. No es de bombones. Encuentro cartas y postales. Remitentes desconocidos. Como en un concurso de televisión, muchos sobres, y nadie parece saber quien los envía.
Fotos con fechas anotadas tras ellas. Imágenes que te dejan tan frío como las de los portaretratos de las tiendas de muebles. Personas que te sonríen y no conoces.
Enciendo la televisión y Nicolas Cage es sólo un calvo con cara de eterno sorprendido. He olvidado su Leaving Las Vegas. Quizás esto sea Las Vegas. O Barceloca. No hay modo de saberlo. Zapeo hasta llegar a un canal desintonizado. Efecto niebla creo que lo llaman. Yo sólo veo hormigas. Unas blancas y otras negras. Resulta hipnótico mirar una tele sin sintonía. Así me he quedado yo. Sin encontrar lo que busco. Con hormiguitas que me susurran cosas que no entiendo. Sedimentan arena sobre mis recuerdos.
Un día se suelta uno de esos cablecitos bajo tu córtex. Todo deja de funcionar. El Alzheimer acaba con lo que has sido. De poco importa mañana si no sabes que hiciste ayer.
26 de Febrero 2004
No eres nadie
Eres las nueve cifras de tu teléfono móvil. Un deneí. Tu número de la Seguridad Social. Una nómina a final de mes. El cuarentaisiete en la cola de la carnicería. Date por jodido, el turno está en el veintiocho. Eres el número de ceros de tu cuenta corriente. Y también un número de identificación fiscal. Tres palabras absurdas que nadie tiene muy claro que significan.
Hay gente que no colecciona esos números. Nunca los ha visto. Y hace demasiado que no comen carne. Esas cifras determinan si existes. O no.
22 de Febrero 2004
píopío
Me gustan los pájaros. No los de jaula y píopío. Los que tengo en la cabeza. Los otros sólo se dan coscorrones contra la jaula y esnifan alpiste. O se lo comen. No sé.
Creo sus mentiras. Les cuento las mías. Me dejo guiar por su instinto. Me despistan. Consiguen que sea yo quien se dé coscorrones en las esquinas. Cantan y me silban. Yo muevo los labios y ellos ponen las palabras. Menudos guionistas cabrones están hechos. Importan ideas de otros gremios. Casi siempre del de bomberos.
La gente pierde neuronas. Mis pájaros simplemente se mueren. No quieren entierro ni grandes coronas de flores. Que sencillos ellos.
21 de Febrero 2004
Tedio
Me aburro. Como se aburre una bala sin un muerto. Como los guantes de un manco. Como la Nochebuena en Agosto. Como la carta de ajuste. La carta de ajuste bosteza. Mírenla fijamente. Me aburro como un orgasmo en un gatillazo. Como las dietas en Austwichz. Como el sexo se aburre del amor.
20 de Febrero 2004
caca, pipi
No dede ser agradable que practiquen contigo la coprofagia. La lluvia dorada tampoco parece mucho mejor. No pienso reencarnarme en taza del váter.
18 de Febrero 2004
Yamaha Warrior
Mide un metro y medio. La genética no se ha portado bien con ella. Podría ser un pitufo. Dudo que esos enanos azules lleguen a cumplir los veintisiete. Ni siquiera papá pitufo. Escribe Helena con hache. Es mi hermana.
Los dibujantes japoneses utilizaron su imagen años atrás. No es de dominio público, pero ella inspiró el personaje de Arare. Parece inofensiva, pero se come el mundo. Para perfilar su imagen de hormiga atómica ha decidido comprarse un quad. Casi nada. Arare tenía un triciclo. Ella le ha pintado una rueda más.
Se ha comprado un traje de astronauta. Y un casco. Y una mochila de McGyver. En el concesionario le dijeron que era la primera mujer de la provincia en comprar uno. Salió orgullosa. La miré con miedo. Me perdonó la vida.
Entre semana interpreta a una jefa de compras. Llega el Sábado y se convierte en Babe el cerdito valiente. Chapotea entre el barro a más de cien por hora. Disfruta y sonríe. Me asusta comprobar que le tiene menos apego a la vida que yo. No es poco.
Pese a todo, es muy femenina. No comparte con Loquillo el sueño de comprarse un camión (aún). Y apenas erupta (en público). Un encanto.

17 de Febrero 2004
Redbull
Dudo que las autoridades sanitarias estén de acuerdo conmigo. Desayuno crispis con red bull. Espero no llegar a leer nunca una de esas tétricas pegatinas en mis adoradas latas de taurina. De bastante mala leche me levanto ya.
Seguramente sería más rápido hacer una lista de las cosas a las que no soy adicto. Acabaría antes. Les confieso que mi último descubrimiento es el red bull. No me llevo ningún tipo de comisión por escribir esto. Lo prometo.
Repaso las latas de sucedáneos en el supermercado. Todas y cada una. Hago tablas comparativas mentales. Cafeína. Taurina. Guaraná. Escojo la mejor relación calidad precio. Que rata soy. Las marujas comprueban asustadas que en mi carro sólo hay latas plateadas. Con una mirada escrutan mis ojeras. Seguro que es un tosicómano de esos (con ese y pronunciado con muy mala idea).
Acudo a mis citas post-sobremesa con una sonrisa en la boca. Mis amigos me saludan y con un ligero toque en su fosa nasal, se interesan por mi estado de salud. A mi no me parece de acuse de recibo andar de coca a la hora que salen los niños del colegio. A menos que te la pasen ellos. Nunca se sabe.
Por eso les cuento que he encontrado lo último de lo último en felicidad energética. Powerking. Misma composición. Mismo sabor. Mitad de precio. Me crecen las mismas alas. Y es que no hay que dejarse engañar por la publicidad. Te puede hacer desear cosas que realmente no necesitas.
O quizás las necesites. Pero no a ese precio joder. Lo dicho. Powerking.
Ni fu, ni fa
No me gustan las señoritas de tacones afilados que nada tienen que contar. No me gusta perder amigos. No me gusta la prepotencia de los ingenieros que me rodean. Yo no debería haber estudiado esta carrera. No me gusta supeditar mi felicidad a las seis cruces de la primitiva. Por si fuera poco, ahora me piden siete aciertos a nivel europeo. No me gusta amanecer solo y borracho. Debería dejar de beber. Colecciono deberías. No los cumplo. Nunca. No me gusta la gente sin sentido del humor. No me gusta mi cinismo. Soy un ser despreciable. Yo no me escogería como amigo. No me gusta ver llorar a una mujer. A un hombre sí.
16 de Febrero 2004
Huella
Se sedimenta, la noche en tus suelas. Cristales hundidos. Una colilla. Sangre. Bílis.
Acerca la nariz. Más. Hedor. Pasa la lengua. Si tu hígado fuera reversible sabría así. No es agradable. Tampoco lo es una foto de comunión sobre un nicho. Un traje de marinero y morir a los diez. Puedes apartar la vista. No por eso va a desaparecer.
El único testigo de lo que no quisiste ver anoche habita bajo tus pies. De poco sirven los cabezazos contra los baldosines. Eso no borra tu memoria. Colorea tu frente. Imbécil.
Tu nariz, cada vez más Sinatra. Tu voz, no.
Quemar tus botas no serviría de nada. Conseguirías otras. Te sobran dos pies y ganas de morir. Habrá que amputar. O comprarte botas nuevas.
13 de Febrero 2004
Vale por un viaje
Lo nuestro, una relación de coches de choque. El amor y yo llevamos una vida esquivándonos. Le miro con indiferencia. Me adelanta por la derecha. Me grita al pasar. En la feria y en la guerra todo vale. Menudo cabrón. Me tiene ganas.
Evito chocar frontalmente con él. Estas latas no tienen airbag. Yo no puedo costearme una rinoplastia. Su único objetivo, conseguir que la nariz sea lo que menos me duela. Las operaciones a corazón abierto nunca acaban bien.
Abandonaré esta feria. Quizás me esté oxidando con ella. Dejaré de comprar fichas. Ya encontraré la mujer a quien robárselas.
Mañana celebraré San Ballantines. La botella, mi fiel compañera.
12 de Febrero 2004
Esporas
Parejas que apenas se miran. Cenan y no se hablan. Él juguetea con su tenedor. Ella mira distraída su reloj cada tres minutos.
No están peleados. No vienen de un entierro. Simplemente no tienen nada que decirse. Cada uno busca un tema de conversación que evidentemente no propone. Quizás sea esa su forma de sentir el amor, en silencio, como las almorranas. Que escatológico. Parece poco romántico.
Me asalta la duda de sus actitudes sobre el colchón. A lo mejor tampoco se tocan. Seguramente carecen de sexo. Si fueran alados, se podría pensar que son ángeles. Me temo que son demasiado feos para serlo. Quizás se reproduzcan por esporas. Les voy a regar.
Perdedor
Entrar en el Planeta es como ir al bingo. Te miran con mala cara. Te preguntan si es la primera vez que estás allí. Te piden el deneí. Teclean el deneí. Deletrean tu apellido. Desconfían de tu foto.
La mujer de recepción sabe que mi relato no va a ganar. Yo también lo sé. La diferencia es que ella no lo ha leído. Le basta con ver mi cara. Supongo.
Sé que mi relato es infame. Aunque tampoco creo que pueda ser considerado como una amenaza terrorista, ni siquiera cultural. Por si acaso, me hacen pasar bajo un arco de seguridad, un detector de metales. No pita. Algo es algo.
Seis ascensores. Cualquiera de ellos es más grande que mi habitación. En las películas siempre follan en estos ascensores. Hay que ser muy precoz o entrar muy encendido, sino dudo que dé tiempo. Suben más rápido de lo que caían los cuerpos desde las torres gemelas. Además hacen menos ruido.
Planta sexta, aquí nadie va en silla de ruedas, eso debe ser en la cuarta. O quizás eso sólo pase en las películas del Bola. Vete tú a saber.
Otra recepcionista. Más redonda. Más simpática. Me mira con lástima. Todo el mundo parece saber que no voy a ganar ese premio. Que egoístas sois. Dejadme cantar aunque sea línea.
11 de Febrero 2004
Sin invitación
Si uno cuenta con los dedos los meses que preceden a Mayo, se da cuenta que soy un hijo no deseado. Nací de un error. De un calentón. De un polvo en la playa. Del alcohol y el todo vale. De un Agosto de imprevistos. Me he colado en la fiesta más divertida.
9 de Febrero 2004
Finjamos
Podemos mentir y afirmar que jamás hemos levantado la báscula del supermercado. Nuestra bolsa de tomates pesa un kilo menos, pegamos la pegatina con picardía y algunos céntimos de ahorro suben nuestra adrenalina.
Podemos ejercer de niños bien y asegurar que nunca hemos mingido en una piscina. Todos respetamos esa leyenda urbana del líquido que reacciona con la urea y colorea el agua. Mentimos. Meamos. Lo desmentimos. Seguimos meando. Silencio. Flotamos. Sonreímos satisfechos.
Aquella madrugada de Agosto, la felicidad pasó por escanciar lo etílico de la noche en la piscina. El ruido del chorrito cayendo desde el borde de la piscina sobre la quietud del agua. El silencio de las seis de la mañana y la mirada de aquella vecina madrugadora.
Que importa desde dentro o desde fuera si el cloro acaba con todo. Devuélvame el saludo amable vecina, seguramente sea usted mucho más discreta que yo, pero deposita su sangría don simón, en el mismo continente que yo.
5 de Febrero 2004
Acelera
Un desaprensivo trazó una línea continua en la carretera de tu vida. Tú decides si te la saltas.
Pánico
Expresión hierática tras un mostrador azul. Me da miedo, es gélida. Siempre me dice que le dé el deuvedé a ella, alega que el buzón de devolución no funciona. Y me asalta la duda de cómo se puede estropear un buzón, pero como me considero un tío educado obedezco, aunque no sin miedo.
Me acerco a ella, y esa ridicula gorra amarilla que forma parte de su uniforme de mujer-videoclub me descoloca, me desconcierta enormemente, en cualquier otra situación me daría lástima, vergüenza ajena, o cualquier otro de esos sentimientos que no enseñan en un colegio de pago.
Los seis pasos que me separan de ella los camino con la cabeza agachada, vestido de naranja chillón, con grilletes en pies y manos, con un número de identificación en el pecho, maldito corredor de la muerte. Visión de tunel, y al final ella, y no, para nada ella es mi última voluntad.
Le entrego la dichosa cajita exquisitamente cerrada, y el deuvedé rebobinado, se lo prometo. Ella roza levemente la punta de mis dedos, y en ese preciso instante, cual niño del sexto sentido, sabe exactamente acompañado de quien vi la película, es más, sabe que títulos soy incapaz de acabar, y algunos días incluso intuye mi menú.
He decidido que voy a acabar con este sinvivir, creo que a los veintidos aún no me merezco un marcapasos. Me he acercado a un pequeño videoclub que está a media hora de mi casa, de acuerdo, cerca no está, pero selecciono la cinta en una pantalla táctil mientras una amable voz metálica me informa del precio. Además cuando la devuelvo, tengo la certeza que ese video-cajero no hace uso de su bola de cristal. Vamos, eso espero.
3 de Febrero 2004
cero cuatro
Me da igual que seas bisiesto. No me impresiona que me concedas un día de ventaja, un veintinueve del dos. Yo ya te he regalado este primer mes, a estas alturas sería absurdo elaborar una lista de buenos propósitos, prometer que dejaré de beber mientras apuro un bloody mary.
Me tienes ganas y sé que cuentas con información privilegiada, lees los periódicos de mañana y ya has hecho un pequeño hueco para mi esquela. Enfant terrible lo quiero en negrita, pero no antes de cumplir los treinta.
31 de Enero 2004
dos pares tres euros
Debería deshacerme de estos calcetines modelo radiografia, no dejan lugar a la imaginación. Me gustaría amanecer y tener la incertidumbre de haber perdido dos dedos bajo la colcha, pero no, con estos calcetines es imposible jugar a la duda.
30 de Enero 2004
Perjudicado
Estoy orgulloso de mi mañana, no lo voy a negar. He sido capaz de despegar las vértebras del colchón después de haber dormido un par de horas. He llegado a la ducha tras atravesar un pasillo barnizado con los excesos de la noche anterior.
Con más agua y menos legañas, he osado dirigirme al banco con la inconsciencia propia de la resaca. Veinte minutos en una cola de pensionistas, ladridos propios de los sententaypico con dentadura postiza, y una pobre mujer que a juzgar por su aspecto, debería llevar unos doce o trece meses embarazada, una barbaridad.
¿Es usted el siguiente? Miro tras de mi, porque uno nunca se acaba de hacer a la idea de que lo traten con la misma educación que a su padre pese a ejercer de hijo poco solvente.
Me siento en una silla decorada con el logotipo del banco, y me parapeto tras mis gafas de sol ojerosas. Esté usted tranquila, doña Alicia, no me voy a poner una careta de presidente americano, no pienso atracarla, no, hoy no.
Me tiende mi nueva visa con carnet joven y me recomienda divertida que lo aproveche bien, que sólo me quedan cuatro años de juventud.
Me incorporo y la estudio, calculo que a ella le deben quedar unos menos veinte años de juventud, pero decido no parecer maleducado y no se lo hago saber. Me levanto, y para mi sorpresa soy capaz de pronunciar alguna muchisílaba (término que hace referencia a las palabras de más de dos sílabas pronunciadas con más esfuerzo que acierto los días de resaca). Perfecto (tres sílabas), muchísimas (cuatro, menudo alarde) gracias.
29 de Enero 2004
Ellas
Son asépticas y sigilosas, son las encargadas de hacer el trabajo sucio. En la mafia de las palabras, son las que invitan a saltar con zapatitos de plomo al mar de las obligaciones.
Formas impersonales, segundas personas del plural, e imperativos. Se camuflan en frases educadas y cargadas de buenas intenciones, no eres capaz de preveer su presencia y desnucan tu sensibilidad con pasmosa facilidad.
28 de Enero 2004
Papiroflexia
A mis ocho años, el sentido de la vida radicaba en entender como las dependientas de Zara eran capaces de doblar en sólo tres movimientos una camiseta. Podía pasar horas tratando de descubrir cómo lo hacían mientras mi hermana se probaba todas y cada una de las prendas de la tienda, todas las tallas, todos los colores.
Ahora que no son ocho, sino algunos más, mi estupefacción por ellas alcanza las mismas cuotas. Aunque la última vez que me enamore de una de ellas, de su máscara de pestañas, de su sonrisa profesional, de su firme aquí, acabé comprando toda la sección masculina, bueno, y la mitad de la femenina también. Quizás fue eso, lo que le indujo a pensar que un poquito travelo si que era. Y yo, sólo quería su firme aquí. Gracias.
27 de Enero 2004
Abierto toda la noche
Ayer mientras leía 'Abierto toda la noche' de David Trueba me encontré con lo siguiente: "..no olvides que las relaciones sentimentales son, en realidad, una afirmación del egocentrismo..".
Es algo que he defendido siempre, y que muchos se han empeñado en rebatir, seguramente con razón y argumentos muy válidos. De todas formas, me complace comprobar como mi supuesto cinismo es compartido por alguien más.
25 de Enero 2004
traidor
Sé que estás ahí, detrás del espejo. Eres tú quien pinta las imágenes reflejadas con la precisión de un trilero y las malas artes de un cirujano. Eres un voyeur que lee en braile, pareja de cartas del tiempo. Agudizas mis entradas, amarilleas mis dientes, me añades tiramisús que yo no he probado.
Cínico y pluriempleado. Publicista de cremas antiarrugas, escritor de dietas en dominicales, empresario de las liposucciones. Desde hoy estás en paro. Desafío a tus siete años de amenazas veladas.
23 de Enero 2004
Martina
No estaba previsto, pero ayer cené con Martina Klein. Llegué al restaurante poco después de las diez. Me recibieron con miradas reprobatorias, no había reservado mesa, pero de algo debe servir eso de ser cliente habitual. Un hueco me podréis hacer, acierto a decir con más cara de hambre que de pena, a los dos minutos vuelven a por mi. Has tenido suerte, pero no nos lo vuelvas a hacer. A sus órdenes mi capitán!. Se girá y me gruñe. Debería tener cuidado con esa camarera, da con el perfil exacto de psicópata de peli de sobremesa.
Todo lleno, una mesita de dos en la esquina, mucho humo, demasiado ruido y como siempre, pocas nueces.
Un par de mesas de guiris, unos rusos y otros alemanes, les delata esa nariz en carne viva. Más allá una cena de empresa, informáticos seguramente, calvos y rechonchos, chistes sobre windows, menudo lince estoy hecho. En otra mesa, un enano le clava el tenedor a su hermana en el culo, ella llora y él disfruta, menudo cabrón.
Y entre toda esa vorágine está ella, suéter blanco y vaqueros, apenas maquillada, el pelo recogido, sencilla, natural, belleza en estado puro. Está colgada en la pared, en un cuadrito, el marco de apenas dos euros le desmerece, sobre la fotografía agradece al personal del restaurante lo bien que se portaron con ella, firma como Martina, letra regordeta y ligeramente inclinada hacia la izquierda.
Es un encanto, nos pasamos la cena hablando, picotea de vez en cuando de mi plato y hay que joderse lo que le gusta el vino a la argentina. No toma postre. Le invito y me lo agradece, le sonrío y me voy.
Tendría que dejar de cenar sólo, es ciertamente deprimente. Aunque mucho me temo que no tardaré en volver a ese restaurante, esta vez prometo reservar, pediré la mesa de Martina.
