A mis ocho años, el sentido de la vida radicaba en entender como las dependientas de Zara eran capaces de doblar en sólo tres movimientos una camiseta. Podía pasar horas tratando de descubrir cómo lo hacían mientras mi hermana se probaba todas y cada una de las prendas de la tienda, todas las tallas, todos los colores.
Ahora que no son ocho, sino algunos más, mi estupefacción por ellas alcanza las mismas cuotas. Aunque la última vez que me enamore de una de ellas, de su máscara de pestañas, de su sonrisa profesional, de su firme aquí, acabé comprando toda la sección masculina, bueno, y la mitad de la femenina también. Quizás fue eso, lo que le indujo a pensar que un poquito travelo si que era. Y yo, sólo quería su firme aquí. Gracias.
Se fue muriendo todo, pero ellos no murieron, la madera del hombre duró más que sus sueños, lo que muere en el hombre, vivió más que lo eterno, se murió la esperanza y siguieron viviendo, ya que solo los perros mueren al morirse su dueño.
Arwën - Enero 29, 2004 12:14 AMal menos cita que es de José Hierro
Wer das Tiefste gedacht - Abril 21, 2005 03:00 AM