Camino decidido. No tengo muy claro donde voy. Me siento un tanto extraño. Como si pasease por el cementerio de una ciudad extranjera. Los apellidos de las lápidas no me dicen mucho. Los epitafios menos.
No entiendo los titulares de los periódicos, y las fotos no ayudan demasiado. Las imágenes están dejando de valer mil palabras. Se devalúan. Apenas daría por ellas veinte o treinta letras.
Abro una caja. Roja. No es de bombones. Encuentro cartas y postales. Remitentes desconocidos. Como en un concurso de televisión, muchos sobres, y nadie parece saber quien los envía.
Fotos con fechas anotadas tras ellas. Imágenes que te dejan tan frío como las de los portaretratos de las tiendas de muebles. Personas que te sonríen y no conoces.
Enciendo la televisión y Nicolas Cage es sólo un calvo con cara de eterno sorprendido. He olvidado su Leaving Las Vegas. Quizás esto sea Las Vegas. O Barceloca. No hay modo de saberlo. Zapeo hasta llegar a un canal desintonizado. Efecto niebla creo que lo llaman. Yo sólo veo hormigas. Unas blancas y otras negras. Resulta hipnótico mirar una tele sin sintonía. Así me he quedado yo. Sin encontrar lo que busco. Con hormiguitas que me susurran cosas que no entiendo. Sedimentan arena sobre mis recuerdos.
Un día se suelta uno de esos cablecitos bajo tu córtex. Todo deja de funcionar. El Alzheimer acaba con lo que has sido. De poco importa mañana si no sabes que hiciste ayer.
las hormigas me traen imágenes de Buñuel; una mano cortada yace en la inmensidad del desierto donde las hormigas, una tras otra, en camino recto regresan sin vacilación a sus agujeros...