Es un crío de unos cinco o seis años. Su madre lo lleva de la mano. Han entrado en el vagón y se sientan frente a mí. Se llama David. O eso pone en su gorra. La madre le pide que se quite el jersey. El niño obedece. Tiene los ojos azules. Tristes como una caja de acuarelas robada.
La madre saca un libro de su bolso. Junta su cabeza a la de David y le habla bajito. Pasa el dedo por encima de las letras y éste aparta la vista de las hojas. Mira al suelo y luego la punta de sus zapatillas. Son de velcro. Con una pequeña tortuga ninja dibujada en el empeine. Absurdas. Graciosas.
Ella se ayuda de los dibujos del libro para captar la atención del niño. Parece un libro de medicina. David no entiende nada. Balancea los pies y sonríe a Donatello. Está en la punta de sus zapatillas. Una tortuga verde comiendo un trozo de pizza.
David no entiende que significa leucemia. Ni quimioterapia. No entiende porque no tiene pelo.
Me rompo. Lloro. Tras mis absurdas gafas de pantalla. Entiendo porque esa gorra roja. Y no entiendo porque la vida te pone la zancadilla. A los cinco años.
Sin duda hay imágenes que a uno le producen tanta impotencia y tristeza que piensa si quien ordena y manda este mundo no está anormalado.
Un saludo ü~~
jasp - Marzo 21, 2004 08:43 PMNo suelo escribir en sus comentarios porque sus textos me dejan sin palabras... Pero le leo continuamente. Una historia triste. Muy triste. De esas de las que el mundo esta lleno. De esas que usted cuenta con una sutileza especial.
Warrior - Marzo 21, 2004 11:14 PMUff... De punta... de lo mejor que he leído en tiempo...
Moet - Marzo 24, 2004 10:50 AMTenía intención de plasmar algunas palabras...pero al poner la mano en el teclado mi mente se ha visto asaltada una y otra por la imagen del niño, con sus zapatillas y su gorra...
M. - Marzo 24, 2004 10:40 PMa veces,
la vida te muestra la otra cara,
la más dura...
tras unas gafas oscuras