Me he pasado cerca de una hora y media lavando a conciencia al bólido (para más señas, mirad la imagen de la barra de la derecha). Lo he dejado prístino. Reluciente. Impecable. Ni un sólo pelo de perro, ni una mota de polvo... En fin, listo para tirar millas. Y entonces me dirigí a la salida de la gasolinera. Por si alguno la conoce, se trata de la que está a la entrada de Mislata, junto al Hospital Militar, en la que siempre hay atascos monumentales en sentido de entrada.
Pues bien. Yo quería ir en dirección de salida hacia la rotonda y aprovechando los atascos - es frecuente que los coches paren y te dejen salir de la gasolinera e incorporarte al sentido contrario, aun habiendo una línea contínua que lo prohíbe; pero es la costubre, todos lo hacemos y se seguirá haciendo (bueno, ahora yo no lo seguiré haciendo)- un chico amablemente me ha dado paso. Y ahí va Raulín tan convencido y despacito, cuando en derrepente aparece de la nada un Fiat Seicento que ha hecho polvo su morro y el mío.
No. No ha habido daños físicos. Me he bajado del coche, me he cagao en sus muelas, me he acordado de su padre, su familia, su perro y cuando ya he parado de echar pestes por la boca, un transeunte me ha hecho ver que, aunque sea práctica habitual lo que yo hacía, era lo incorrecto.
Asin que, me he disculpado y me he declarado culpable (qué remedio quedaba).
Pero lo que más me jode no es que me tenga que reparar el golpe, lo que más me jode es que NO HE SIDO CONSCIENTE DEL PELIGRO DE HACER LO QUE HACÍA A DIARIO. Porque cuando haces un adelantamiento doble, aparcas sobre la acera, o en doble fila, etc.... eres consciente de que lo estás haciendo mal. Pero cuando no haces sino lo que haces de costumbre, una y otra vez, semana tras semana cada vez que vas a la gasolinera... no eres consciente de ello.
Me he puesto en peligro yo y he puesto en peligro a otros. Mea culpa. Estoy muy jodido. Pero no por el golpe en sí. Sino por el peligro que he corrido de una manera muy tonta.
Hay días en que uno no debería levantarse de la cama.