- Claro. Para ti lo fácil es decir que no es posible, y permanecer ahí sentado, en ese sillón desvencijado, con una cerveza en la mano y el mando a distancia en la otra. Pero yo te digo que es posible. Que sólo necesitas las agallas para hacerlo. Pero puede que ya no las tengas. Puede que hayas olvidado que hay que arriesgar para obtener algo que deseas –dije.
- Muy bien – dijiste.
Y ahora estoy sentado junto a ti, en el otro extremo del sofá. Con una cerveza en la mano y tu mando a distancia en la otra.
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