Mientras recorría como habitualmente lo hago el camino del exceso, ayer llegué a un cruce de caminos. Y me senté en el centro a reflexionar.
Desde que empecé a recorrer esta senda han pasado ya aproximadamente tres meses. No es mucho tiempo. Pero me han servido para aprender muchas cosas sobre la blogosfera y sus curiosos habitantes, sobre sus reglas de juego y de manejo... Además se halla en estado de gestación un proyecto conjunto con otra escritora que espero que pronto pueda ver la luz.
Vamos, que el camino no ha hecho sino empezar.
Y sin embargo, sentado sobre las piedras y sintiendo cómo la brisa aliviaba en algo los 29º que me enviaba un sol de justicia, me di cuenta de que, como decía cierto eslogan de una conocida marca de neumáticos, la potencia sin control no sirve de nada. Porque eso es lo que por desgracia está ocurriendo aquí con cierta frecuencia.
Así que decidí que en aquella bifurcación debía cambiar el sentido de mi marcha, y dar un giro considerable: tomar mayor control de mi blog.
El camino del exceso pronto (espero) se mudará a otro sitio. No se trata de un sitio ni mejor ni peor, tan sólo un sitio distinto. Mientras acondiciono el nuevo Refugio Interior para sentirme como en casa, mantendré este camino abierto. Cuando llegue el momento, pondré cadenas y advertencias y desviaré el paso.
Es ley de vida. Superar etapas e iniciar otras.
Espero que sea para bien.
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