¿Atascado? No sé si esa es la palabra. Siento demasiadas cosas, tantas que por eso me cuesta escribirlas. Estoy embotado, esta vez no sé darle forma a mis palabras y suenan burdas, toscas. Pero no me importa, al menos sé que son sinceras.
La vida es muy irónica. Miro hacia atrás y pienso en cómo he llegado a ser lo que soy ahora. Cómo es posible que cuando uno madure nunca se reconozca al girar la cabeza. Que el comportamiento que tenía hace unas semanas, sin ir más lejos, fuera tan estúpido e inmaduro que ahora lo censure, aunque fuera mío y entonces me sintiera orgulloso de él.
Creía que evolucionaba, que cada día que vivía aprendía algo más que volvía a modelar en cierto aspecto mi personalidad. Pero si fuera así, los cambios serían progresivos y apenas perceptibles en poco tiempo. Hoy he entendido que, al menos yo, cambio a trompicones; tropiezo y cerca de caer me levanto y continúo.
Y esta noche veo tantas cosas en mi mente que aún no sé cómo sonrío.
Pensaba que tenía clara mi vida, lo que quería hacer en los próximos años, en los próximos meses. Pero en poco tiempo la montaña de naipes que había construído en mi mente no ha dejado ni los escombros. E irónicamente me ocurre ahora que siento que ella no me quiere como antes, ahora que creo haber perdido a la persona que más me ha amado en mi vida. Pero no la culpo: fue mi egoísmo el que la empujó a la desilusión; mi inmadurez la que la llevó a pensar... algo que en el amor debería estar prohibido.
He aprendido de ello, sé que he aprendido. Pero también sé que siempre me quedará clavada la espina de saber cuál fue el detonante, si fue esta maldita distancia, un cúmulo de razones o alguna en concreto. Si fue mi ego, mi miedo a no darlo todo o mi estúpida boca la que lo arruinó. Siempre me quedará esa duda... quizás para recordarme que el amor solo es entrega, y que a veces oro es lo que junto a tí reluce.
Esta noche siento que ya nada es lo mismo. Siento que la pierdo y no puedo hacer nada por evitarlo... estos días ni tan siquiera decírselo. Solo puedo recordar una y otra vez los momentos que hemos pasado juntos, y preguntarme por qué no le demostré con hechos y con palabras lo que yo también sentía.
Ojalá ella me amase como antes... ojalá. Pero hoy no abrigo ninguna esperanza, mi oxidado pesimismo me dice que lo he perdido todo. Ahora que sé lo que se siente cuando se ama y no se es correspondido con el mismo amor, comprendo que nunca me perdone por haberle pagado con esa cobarde moneda, por haberle hecho sufrir cuando ella se entregó.
No he apreciado lo que he tenido
No lo he apreciado hasta que lo he perdido